Woods rechaza tres millones de dólares por jugar en Arabia

Tiger disculpa a Mickelson, que se enzarzó en las redes con quienes criticaron su presencia en un país que viola los derechos humanos


REDACCIÓN / LA VOZ

A estas alturas del partido, a Tiger Woods la cuenta corriente ya le da casi igual. Por eso, cuando la organización del Saudí International volvió a llamar a su puerta para que a finales de enero viaje hasta allí a cambio de tres millones de dólares, repitió su respuesta. No, gracias.

Woods evitó la polémica: «Simplemente no quiero ir allí. Es un viaje largo». Pero deslizó una frase ambigua que implícitamente remite a las violaciones de los derechos humanos por parte del régimen del rey Salman Bin Abdulaziz Al-Saud, algo que podría estar detrás de su negativa. «Entiendo la política que hay detrás de esto, pero el golf también puede ayudar a crecer y a sanar algunas cosas». Esta semana Amnistía Internacional acusó al gobierno saudí de intentar lavar con el deporte la imagen del país.

Tiger será la ausencia en un torneo que, como no podía ser de otra forma celebrándose en Arabia Saudí, reúne una participación de lujo. Allí competirán desde el 30 de enero jugadores que se suelen dejar ver en el circuito europeo, como Sergio García, Henrik Stenson y Shane Lowry, con otros que apenas se prodigan a este lado del Atlántico, como Dustin Johnson, Patrick Reed, Brooks Koepka, Tony Finau y Phil Mickelson. A este último, durante años su gran antagonista, defendió Woods durante la rueda de prensa que ofreció en Bahamas, donde hoy comienza el Hero World Challenge, un torneo que él mismo organiza.

Mickelson se enzarzó el lunes en discusiones con periodistas y tuiteros anónimos en las redes sociales. «Se puede esperar algo mejor de ti que aceptar el dinero de un régimen corrupto», le soltó uno, a lo que el jugador de San Diego, de 49 años, respondió con un peculiar razonamiento: «Después de rechazar oportunidades para ir a Oriente Medio durante muchos años, estoy contento de ir a jugar y conocer un lugar del mundo en el que no he estado». «Podrías, por supuesto, visitar el lugar por tu propia voluntad si lo que te apetece es visitarlo, sin ser tan bien pagado», le replicó el periodista de The Guardian Wean McCurray, a lo que respondió: «Podría, pero teniendo la oportunidad de ir a competir durante la visita, tu recomendación me parece estúpida».

Pero para Mickelson jugar en el Royal Greens Country Club implica la renuncia a uno de sus torneos favoritos desde que defendía los colores de la Universidad de Arizona State, el Phoenix Open, una cita que no se perdía desde 1990.

Tiger, que en abril rompió 11 años sin grand slams al ganar el Masters de Augusta, ya había renunciado a jugar en Arabia Saudí la primera edición del torneo, a principios de este año. Entonces, también renunció a un fijo de unos tres millones de dólares. A diferencia del PGA Tour, donde este tipo de incentivos por contrato están prohibidos, en el circuito europeo son habituales para atraer a las estrellas que no se prodigan en su calendario.

Ahora, la ausencia de Woods en Arabia Saudí se suma a las de Rory McIlroy y Paul Casey, que también rechazan sus fijos. Ya el año pasado se deslizó que el asesinato del columnista del Washington Post Jamal Khahoggi, ocurrido en la embajada de Arabia Saudi en Estambul, podía estar detrás del rechazo de Tiger, que sí ha competido en cambio en lugares con regímenes no democráticos como China y Emiratos Árabes. «Yo voy a jugar al golf, no a apoyarles. No soy un político, yo juego al golf», había declarado Dustin Johnson al acudir el año pasado a la primera edición del Saudí International, que terminó ganando, desligándose de cualquier respaldo al régimen.

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