No me imagino a Hamilton surfeando las dunas del Dakar

Alonso, dentro de su Toyota
Alonso, dentro de su Toyota

No me imagino a Lewis Hamilton surfeando las dunas del Dakar. Ni tampoco remangándose el mono, manchado de grasa, para colocar una rueda de repuesto o reparar un parabrisas roto, sin ayuda de los mecánicos. Tampoco me lo imagino durmiendo en una austera cabaña del vivac (campamento) en medio del desierto. ¡Sin peluqueros! (¡Qué malo soy!). A miles de kilómetros de los desfiles de moda que comparte en su Instagram.

Independientemente del resultado final (13º) de Alonso en la clasificación general (Le doy un notable alto para su primera aventura dakariana), el asturiano ha demostrado que es un piloto de una pasta muy diferente a la de Hamilton y otras grandes figuras de la F1. Un espíritu libre, que concibe el deporte de élite de una manera muy personal y particular. Un deportista siempre competitivo, amante de las emociones fuertes. Y que ha demostrado, una vez más: fortaleza mental, perseverancia y capacidad de sacrificio. «¡Es el p… amo!», exclamaba el dicharachero Jesús Calleja en redes sociales, después de alucinar en el desierto saudí con la velocidad del bicampeón de F1.

El Dakar ha sido duro para Fernando -como todos esperábamos- pero también divertido. Alonso ha sobrevivido a una temprana avería en la que perdió dos horas y media (segunda etapa), en la que él y su copi Marc Coma salieron del paso como buenamente pudieron… ¡Bridas, cinta aislante y a correr! Otras estrellas del automovilismo hubieran abandonado, en ese mismo momento, la competición. Estoy convencido.

El gran susto, que dejó el corazón en un puño a los aficionados asturianos, fue el vuelco en la duna cortada que le hizo dar dos vueltas de campana (décima etapa). Por suerte, Marc y él salieron ilesos y pudieron alcanzar la meta… ¡Sin parabrisas! Lo de menos, en ese momento, era perder algo más de una hora en la general.

Una reflexión. Quizás, aquella importante avería -que le alejaba del Top 10 y con la que los medios deportivos sentenciaban sus opciones de ganar el Dakar- hizo que Alonso se sacudiera de encima la presión y comenzara a arriesgar más. Apretó los dientes, piso a fondo el acelerador en las pistas con mejores condiciones… ¡Y empezó a recortar tiempo! Minuto a minuto. Tramo a tramo. ¡Soñaba con ganar una etapa y estuvo a punto de conseguirlo! Un ejemplo claro de su osadía fue la entrada, a demasiada velocidad, en esa maldita duna cortada. Un aprendizaje más para guardar en la mochila.

Aunque Alonso no ha finalizado el Dakar 2020 en el Top 10 de la general (el objetivo que le marcaba su jefe Glyn Hall de Toyota Gazoo Racing en una entrevista en LA VOZ DE ASTURIAS), se ha llevado un podio en la octava etapa (2ª posición) y en la última ha quedado a tan solo nueve segundos de subirse, de nuevo, al cajón. ¡Casi nada para un piloto que viene del mundo del asfalto y que había entrenado apenas diez meses en esta nueva disciplina!

¡Cincuentones al poder!

Lo que ha dejado claro el Dakar 2020 es que, en el rally raid más duro del mundo, la experiencia es un grado. Tan solo hay que echar un vistazo a la media de edad de los grandes protagonistas de esta edición. ¡Cincuentones (lo digo con cariño) al poder!  El Matador Carlos Sainz ha sido el gran triunfador, a sus 57 palos. Suma ya su tercer Touareg de Bronce y en redes sociales hay quienes piden para él un más que merecido Premio Princesa de Asturias de los Deportes. Sus grandes rivales han sido dos viejos lobos del desierto: Al-Attiyah (49 años) y Peterhansel (54 años). Ambos han vendido muy cara su derrota.

Después del desafío dakariano, seguro que Fernando piensa solo en descansar en una cama más cómoda que la de la cabaña del vivac. Pero sus aventuras en 2020 no han terminado. Ni muchísimo menos. Más pronto que tarde anunciará su participación en las 500 Millas de Indianápolis. Su equipo todavía es una incógnita. Apunten bien la fecha para esta primavera: 24 de mayo. ¡La Triple Corona tiene que lucir este 2020 en el Museo Fernando Alonso en La Morgal!

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