No me imagino a Hamilton surfeando las dunas del Dakar

DEPORTES

Alonso, dentro de su Toyota
Alonso, dentro de su Toyota PRENSA TOYOTA

17 ene 2020 . Actualizado a las 13:39 h.

No me imagino a Lewis Hamilton surfeando las dunas del Dakar. Ni tampoco remangándose el mono, manchado de grasa, para colocar una rueda de repuesto o reparar un parabrisas roto, sin ayuda de los mecánicos. Tampoco me lo imagino durmiendo en una austera cabaña del vivac (campamento) en medio del desierto. ¡Sin peluqueros! (¡Qué malo soy!). A miles de kilómetros de los desfiles de moda que comparte en su Instagram.

Independientemente del resultado final (13º) de Alonso en la clasificación general (Le doy un notable alto para su primera aventura dakariana), el asturiano ha demostrado que es un piloto de una pasta muy diferente a la de Hamilton y otras grandes figuras de la F1. Un espíritu libre, que concibe el deporte de élite de una manera muy personal y particular. Un deportista siempre competitivo, amante de las emociones fuertes. Y que ha demostrado, una vez más: fortaleza mental, perseverancia y capacidad de sacrificio. «¡Es el p… amo!», exclamaba el dicharachero Jesús Calleja en redes sociales, después de alucinar en el desierto saudí con la velocidad del bicampeón de F1.

El Dakar ha sido duro para Fernando -como todos esperábamos- pero también divertido. Alonso ha sobrevivido a una temprana avería en la que perdió dos horas y media (segunda etapa), en la que él y su copi Marc Coma salieron del paso como buenamente pudieron… ¡Bridas, cinta aislante y a correr! Otras estrellas del automovilismo hubieran abandonado, en ese mismo momento, la competición. Estoy convencido.