Cristian Toro: «Soy más maduro que antes del oro en Río, pero tengo la misma ilusión»

DEPORTES

P. A.

Dejó Asturias para estar con su familia y buscar el billete a Tokio, y no descarta disputar dos pruebas

09 feb 2020 . Actualizado a las 09:46 h.

El lucense Cristian Toro (Isla Margarita, Venezuela, 1992) fue campeón olímpico de K2 200 en Río 2016 y doble subcampeón mundial de K4 500 en el 2017 y el 2018. Cuando ganó esa segunda plata en Portugal, pidió matrimonio a su pareja, Susana Salmerón, con la que tuvo un niño en noviembre de ese año. De ese cambio de vida nació un sentimiento de pérdida, del que no está viviendo crecer a su pequeño porque toda su rutina giraba alrededor del deporte, en el grupo de trabajo del K4 en Trasona (Asturias), alejado de su familia, en Madrid. Por eso, después de meses duros y malos resultados, Toro renunció al Mundial del 2019 en Rusia unas semanas antes de disputarse, para que compitiese allí otro palista más motivado. El resultado de su pausa para recobrar la motivación fue retomar los entrenamientos en Madrid con el entrenador Luis Brasero y el excampeón mundial de K1 200 Carlos Garrote. Como externo en el CAR y al lado de su familia. Hoy Toro opta a los Juegos en el K4 500 y el K1 200. «Con todo lo que pasó, algunos se olvidaron de mí, pero tengo ganas de volver a dar mi mejor nivel», advierte.

-Vivió un cambio radical, pero se le ve contento con su vida.

-Sí, bastante contento. Es difícil tomar la decisión [de dejar el grupo del K4 500 en Trasona], pero luego es fácil de llevar porque estás disfrutando. Yo sentía miedo al qué pasará. Pero, cuando llegó el momento, dije «no puedo más, ya no puedo seguir así». A la semana o dos semanas de tomar la decisión, ya sabía que había hecho lo correcto. Me levanto todos los días y veo a mi hijo, a mi chica, tengo aquí a mi familia, a mi hermano, a mi madre... Y digo «esto es lo que a mí me hace falta para poder rendir al 100%». No me vale estar en una jaula de oro en Asturias, donde me han tratado muy bien, tanto mis compañeros como el entrenador [Miguel García, el responsable del proyecto del K4 500]. Todos. Pero vives un cambio personal, como tener un hijo y casarte, y tus prioridades cambian. En Madrid tengo lo que más quiero. Mi hermano y mi madre me ayudan con el niño si salgo al cine, o voy a su casa... Aquí tengo otras cosas a las que había renunciado a lo largo de mi vida, y ya no podía renunciar más a ellas.

-En julio, cuando decidió irse, su futuro quedó pendiente de una reunión con los entrenadores y los federativos.

-La federación y los entrenadores lo entendieron. Cuando se trata de algo personal, todo el mundo puede entenderlo. No me fui a Madrid para salir de fiesta. Fue un tema personal que los compañeros, los entrenadores y la Federación Española entendieron.

-Ahora se da una paradoja. El piragüismo fue el deporte español con más medallas en Río, pero tiene un límite de plazas para Tokio y debe hacer descartes con un potencial enorme.

-Es una fortuna tener tanto nivel en España, pero toca hacer controles y llevar a los Juegos a quienes estén más en forma. Hablamos de deportistas que ya demostraron su valor en el barco de equipo. En estos tres años después de Río el K4 ha ido cambiando por circunstancias, uno el primer año no podía remar [Saúl Craviotto], otro el segundo estaba peor [Marcus Cooper], yo el año pasado no estaba al 100%... Al final el barco siempre ha mantenido el nivel.

-La federación no anunció hasta el 30 de diciembre los criterios para hacer el K4 500. ¿Cómo ve las normas que se han fijado?

-Las veo bien. Se hace un criterio para que vayan los cuatro que estén más en forma. 

-Hay críticas porque, entre los seis candidatos, se primaría a los especialistas en 200 metros frente a los de 1.000, como Marcus Cooper y Rodrigo Germade.

-No, el selectivo se hace con las distancias habituales. De hecho el año pasado se hizo con una prueba de 350 metros y este año se incluye una de 400. Al final, yo no pienso en los demás, sino en hacer mi mejor prueba en las dos distancias.

-Acaban de estar todo el grupo de aspirantes juntos tres semanas en Sevilla, ¿cómo ha ido la preparación y la convivencia?

-Ha ido muy bien. Montamos diferentes combinaciones y todo resultó bien.

-De ese 2019 tan duro en Trasona, ¿queda algún resquemor entre los integrantes del barco para poder ser un equipo en Tokio?

-Creo que no. Somos compañeros y queremos ir a los Juegos a ganar. Aunque tú y yo estemos de aquella manera, si el barco marca un gran crono, al día siguiente nos llevamos bien. Aunque hubiese algún recelo, el deporte es así. Sergio Ramos y Piqué en el Madrid-Barça se están matando y en la selección se aman.

«Estuve desmotivado, pero en esta situación voy a sacar mi mejor versión»

De los seis aspirantes al K4 500, en Trasona entrenan Saúl Craviotto, Marcus Cooper -ambos campeones olímpicos-, Rodrigo Germade y Carlos Arévalo. En Madrid Toro trabaja junto a Carlos Garrote. «Por grupos de entrenamiento en España no va a ser, hay mucho nivel en Trasona y en Madrid. No cambié por el grupo, sino por estar con mi familia y, al mismo tiempo, tener un equipo de trabajo de élite y vivir a 10 minutos del mejor centro de alto rendimiento de España. En Lugo quizá no podría sacar los entrenamientos con tanta calidad como en Asturias. Pero en Madrid, sí», razona Toro.

-Con Garrote ya entrenó siendo ambos muy jóvenes.

-En el 2009 ya estuvimos aquí, sabemos sobrellevar una situación como esta, luchar ambos por entrar en el K4, pero los dos, los seis, sabemos convivir unos con los otros, y al final todos nos llevamos bien entre todos.

-¿Si entra en el K4, aspira a disputar también el K1 200, para el que España tiene plaza? ¿O lo ve incompatible?

-No es incompatible. Es uno de mis objetivos. Al tener predisposición por los 200 metros, esa puerta me la abre el K4. Si estoy entre los más rápidos de España, podría doblar. Antes hay que dar la mejor versión en las pruebas selectivas en cualquier distancia.

-Qué diferente fue el camino hasta Río, con un K2 200 hecho al final y que luego lo ganó todo, del viaje ahora a Tokio, en el que cada año pasó algo.

-Sí, sí. Es lo bonito del deporte, que todo el mundo tiene su oportunidad para reivindicarse. Estas situaciones a mí, que el año pasado estuve muy desmotivado, me hacen sacar mi mejor versión. Si esto lo enfocas de forma positiva, como hago yo, es muy bonito. Pienso «quiero ir a los Juegos y tengo que dar mi mejor versión». Ese reto me da muchas ganas de involucrarme en este proyecto.

-¿A día de hoy se ve mejor regatiasta que en el 2016 en Río?

-No, diferente. Entonces era más joven, aun no había conseguido medallas internacionales, tenía mucha ilusión y muy poca presión. Me dejaba llevar por Saúl, que ya era un súper estandarte de nuestro deporte y estaba todos los días absorviendo de él todo lo que podía. Hoy soy un deportista más maduro, pero tengo la misma ilusión y soy más cauto para otras cosas. Tengo una vida más enfocada al piragüismo y también a mi vida personal; antes le dedicaba al piragúismo el 100% y ahora le dedico una parte a mi vida personal.