Niegan la prueba a un exjugador de ACB con síntomas y esclerosis

Después de mostrar sus quejas, Asier de la Iglesia ha podido realizar el test esta mañana


«Sé que no parezco enfermo, pero tengo fiebre. He pasado una noche muy mala, pero aún así no sé poner cara seria». Asier de la Iglesia (Zumárraga, 1983), exjugador de Delteco Gipuzkoa de la LEB Oro, no pierde la sonrisa para la foto aunque la vida le ponga en una nueva encrucijada. Enfermo con esclerosis múltiple y asma atiende la llamada de La Voz con casi 39 de fiebre y sin parar de toser. Lleva 24 días confinado en casa de sus padres, pero desde hace cuatro días padece síntomas de coronavirus. «Me duele el pecho, tengo tos seca, fiebre bestial... estoy reventando. Me duele la cabeza como si hubiese salido tres días seguidos de juerga», admite. «¿Cómo he podido coger esto si no he salido de casa?», se pregunta, a la vez que razona: «Me lo habrá traído mi padre cuando ha ido a la compra, que es el único que sale de casa».

Con todos esos síntomas llamó al teléfono de atención sanitaria para infectados por COVID-19 en el País Vasco, al formar parte de la población de riesgo como inmunodeprimido por su esclerosis. «Me dijeron que me metiese en la habitación y que el lunes llamase al médico de cabecera, que ya él me diría qué hacer. Que no me hacían la prueba si no me encontraba peor», comenta al teléfono entre tosido y tosido.

El enfado tras la contestación le llevó a contar en las redes sociales lo que le había pasado. «Desde que publiqué el vídeo me han llamado sanitarios recomendándome que me queje mucho, que vaya urgencias y diga que no puedo respirar... Pero yo no soy así», afirma. Su crítica hacia el trato recibido «es sobre las cosas que no me están gustando». «Deberían preguntar desde dónde estás llamando y qué medicamento estás tomando para tener un control de la enfermedad», lamenta.

Otro tanto pasó para recibir la medicación para su esclerosis: «Tuve que llamar yo para que me la trajesen porque yo no iba a ir allí. Lo que más me sorprendió es que el repatidor venía del hospital y me la dejó en la puerta sin ningún tipo de protección». Encerrado en su habitación desde que notó algún síntoma, prefiere no profundizar en cómo pudo contagiarse. Pero sus padres sí lo hablan: «Les escuché pared con pared decir que me habían contagiado ellos, pero no tiene sentido hablar ahora de culpas».

Sus quejas sirvieron de algo y esta mañana le llamaron del ambulatorio de Zumárraga para que pasase a hacerse el test. Esta tarde le darán los resultados. 

Filtro de café como «mascarilla»

Sin un baño para él solo, se ingenió una mascarilla casera gracias a un filtro de café para poder salir después de ver «en internet que era muy bueno». Ingenio le sobra. Los once metros cuadrados y las dos camas de la habitación en la que pasa la enfermedad, unidos a sus dos metros de altura no le dan para hacer deporte, «pero algo inventaré», dice optimista. No tiene miedo al coronavirus, aunque sí confiesa que «no saber por dónde va a ir me genera incertidumbre». Mientras el malestar se lo permite, continúa escribiendo su autobiografía, de la que lleva 150 páginas. Desde que dejó el baloncesto, en el que alcanzó la ACB, se dedica a dar charlas motivacionales, algo qué no sabe cuándo podrá recuperar. «Tendré que hablar con mi gestor para que me dé de baja de autónomos, porque ahora ingreso cero euros». Además, ha puesto en marcha el proyecto #BailaconEM, para apoyar a las personas con esclerosis y recaudar fondos para investigación sobre la enfermedad. Ahora le toca bailar solo. Pero con una sonrisa. Esa que ni la fiebre es capaz de borrar.

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