Armand Duplantis, el chico de oro que se queda sin récords

El mayor talento visto desde Bolt domina su disciplina con solo 20 años


La final de salto de pértiga de los Juegos Olímpicos de Río en el 2018 dejaba cuentas pendientes a resolver cuatro años más tarde. En Brasil, Renaud Lavillenie —oro en Londres y dominador de la especialidad en la última década— tuvo un desencuentro con el público carioca. Le pitaron. No porque tuviesen nada en contra del francés, sino porque su rival era el local Thiago Braz da Silva, que acabó colgándose el oro. «Esto no es fútbol. Es la primera vez que veo algo así en atletismo. Es el momento más grande de tu vida y... Ahora tengo que esperar otros cuatro años para recuperar el título», dijo Lavillenie entonces.

El reencuentro olímpico entre ambos se ha pospuesto hasta el 2021, pero su duelo ya no centrará los focos. Hay un nuevo capo. Se llama Armand Duplantis, más conocido como Mondo. El joven saltador de 20 años batió el pasado jueves el récord mundial al aire libre que Sergei Bubka había establecido en Sestriere en julio de 1994 tras superar el listón a una altura de 6,15. La marca del atleta ucraniano, oro en Seúl 1988 y seis veces campeón del mundo, cayó por fin, 26 años después.

Récord tras el récord

Técnicamente, la plusmarca de 6 metros y 14 centímetros de Bubka ya había caído. Un par de veces. En el año 2014, Lavinellie saltó 6,16, y el propio Duplantis, justo antes de la pandemia, se alzó hasta los 6,18 en Glasgow. Lo que Mondo hizo en Roma fue disipar dudas y condenar a la inanición a los debates en torno a su fenomenal figura.

El salto de pértiga, a diferencia del resto de pruebas de atletismo, no marca distinciones entre los registros obtenidos en pista cubierta y al aire libre. «Quería lograr esos 6,15 para que no hubiese confusión. ¡Ahora tengo los mejores saltos de la historia en pista cubierta y al aire libre!», dijo tras pulverizar el récord de Bubka.

Armand Duplantis saltó seis metros y dieciséis centímetros en su segundo intento en Roma. Nadie desde el ucraniano había superado los 6,05 al aire libre.

Una revancha familiar

El hijo de Sergei Bubka no quiso heredar la tradición de la pértiga y prefirió empuñar la raqueta. Bubka Junior tuvo relativo éxito, un tenista del montón cuyo mejor resultado fue alcanzar una segunda ronda en el US Open del 2011, que le llevó a colarse entre los 150 mejores de la ATP durante un mes y medio.

Duplantis es también «hijo de». Su padre y entrenador, Greg Duplantis, fue saltador de pértiga en los noventa. Su techo, lejísimos de acercarse al dominio de Bubka sénior, fueron los cinco metros y ochenta centímetros, una altura que no alcanzó en los clasificatorios para Atlanta 96 privándole de formar parte del equipo estadounidense que participó en aquellos Juegos.

En la rama materna, también hay donde rascar. Su madre, Helena, fue una heptatleta internacional sueca de la que ha heredado, entre otras cosas, la bandera bajo la que compite. Duplantis, pese a haber nacido en el estado de Luisiana y estar afincado en Estados Unidos, representa a Suecia. El hijo de Helena y Greg entrenaba desde los 4 años en el jardín de la casa familiar. Una precocidad crónica que le hizo superar los 5,90 a los 17 años y lo convirtió en campeón de Europa y subcampeón del mundo a los 18. Con 20, tiene un océano de posibilidades ante sí. Bubka ya se ha rendido a él en las redes sociales.

Los amantes del atletismo se frotan los ojos y los organizadores de los eventos se frotan las manos. El trono que Usaint Bolt dejó vacío como embajador mundial, principal reclamo de este deporte, tiene heredero.

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