Una chaqueta para Dustin Johnson

El número uno del mundo juega una ronda impecable y llega a la última jornada del Masters de Augusta como líder con cuatro golpes sobre sus perseguidores


La carrera de Dustin Johnson encierra una anomalía. El número uno del mundo tiene a sus 36 años un solo grand slam, el US Open del 2016 en Oakmont. Ha liderado el ránking, como ahora, durante más de cien semanas. Pero a su juego de soberbio pegador -y pateador, y jugador de hierros, y...- le ha faltado algo en los majors, con 19 presencias enter los diez mejores. Quizá porque le cuesta rematar. De las cuatro veces que llegó líder a la última jornada de un grande, no ganó ninguna. La primavera del 2019 fue el jugador que estuvo más cerca de frustrar la redención de Tiger Woods. Ayer lució justo algunas de las virtudes del defensor del título para resolver el atasco en la cabeza del torneo y cerrar su tercera ronda con una tarjeta de -7 golpes para totalizar -16. Manda con cuatro de ventaja sobre el coreano Sungjae Im, el mexicano Abraham Ancer y el australiano Cameron Smith, con Jon Rahm empatado en la séptima plaza, a siete impactos.

McIlroy corrige un comienzo problemático y Woods pierde sus opciones

Rory McIlroy llegó a la última ronda del Masters del 2011 con cuatro golpes de ventaja y se empezó a hundir en los nueve últimos hoyos, cuando empieza el Masters de verdad, con cuatro putts en el 12, en el corazón del Amen Corner. De aquella derrota, porque en realidad perdió el Masters, en lugar de que lo ganase Charl Schwartzel, salió hundido, y convencido de que «nunca, nunca, nunca» se recuperaría de aquel batacazo histórico. Solo dos meses más tarde ganó el US Open demostrando un cuajo de auténtico campeón. Después llegaron los títulos del PGA en el 2012 y del Open Británico en el 2014. Y, cada vez que pisa Augusta National, lo hace perseguido por la posibilidad de completar allí los cuatro grand slams. Siempre lo juega bien. Solo el año pasado su nombre desapareció del top-ten. Pero le falta algo.

El jueves, a McIlroy le volvieron a colgar el cartel de perdedor en Augusta. Porque parecía habérselo ganado con una pobre primera ronda que empezó con un bogey y terminó con +3. El viernes lo arregló ganándole seis golpes al campo. Y ayer, ya metido en la pelea, firmó un 67 en el que solo emborronó un tachón en el 13. El resultado le sirvió para terminar con -8, décimo, cuando los líderes y sus perseguidores todavía iban a empezar la segunda parte del campo. ¿Tiene opciones de completar hoy los cuatro grandes? Necesita una vuelta soberbia y que demasiados rivales aflojen. Peor lo tiene Tiger Woods en la particular búsqueda de su sexta chaqueta verde. En un día en el que los putts no quisieron entrar finalizó al par, para totalizar -5.

Iguala el mejor resultado

Johnson comenzó su ronda tocado por la inspiración. En el segundo hoyo acarició el albatros: driver de 331 metros y hierro de 202 para dejar la bola a un plamo de la bandera. Al eagle le siguieron dos birdies. Y ese -4 en los cuatro primeras calles -incluido un putt de 12 metros en el 4- supone su mejor secuencia de siempre en los primeros hoyos de un grand slam. Tres birdies más le sirvieron para redondear la mejor tarjeta del día (65), libre de bogeys, e igualar el mejor resultado de la historia del Masters después de 54 hoyos (-16), al igual que hizo Jordan Spieth en su exhibición del 2015.

A la fiesta de hoy no está invitado Bryson DeChambeau, el favorito por su título del US Open con una pegada descomunal. Cuando ayer completó los seis hoyos pendientes de su segunda ronda, confestó que el viernes se había sometido a un test de coronavirus, que había arrojado un resultado negativo, porque se sentía «raro». «Empecé a marearme un poco. No sé lo que estaba pasando», explicó el jugador californiano. «No es nada respiratorio. Es más bien un mareo y tengo dolor en el estómago, así que no sé. Solo están pasando cosas raras». Unas declaraciones con las que alimentó las burlas por la arrogancia con la que había encarado el Masters. Con 74 golpes en la segunda ronda y 69 ayer totaliza -3, sin opciones de victoria.

Un tronco complica el camino de Jon Rahm

Cuando ayer se despertó otra vez a eso de las cuatro de la madrugada, para empezar su ritina, viajar al club, calentar, dar bolas y plantarse en el green del 13 del Augusta Nationlal a las siete y media de la mañana, Jon Rahm llevaba horas visualizando su putt de metro y medio. La víspera, cuando sonó la sirena que detuvo la jornada del viernes por falta de luz, podía terminar su hoyo o parar, y había preferido dejar ese golpe sencillo para el día siguiente, con los greenes de nuevo impolutos, sin pisadas ni hojas ni imperfecciones. Al reanudarse el juego, embocó ese putt tantas veces entrenado, mil veces ejecutado desde crío, y en ese instante, solo unos segundos después de haber empezado la jornada, se unió al grupo de otros cuatro colíderes, el mexicano Abraham Ancer, el australiano Cameron Smith y los norteamericanos Dustin Johnson y Justin Thomas. A partir de entonces, después de 18 hoyos sin bogeys y hasta ocho tarjetas seguidas bajo par en Augusta, afloró un Rahm algo errático, que terminó anoche con un 66 tras los seis hoyos de la segunda jornada que tenía pendientes, un 72 en la tercera y -9 en total. Hoy saldrá a siete golpes del líder.

Rahm, todavía de buena mañana, embocó un chip soberbio en el 15 para salvar el par. Pero el espectáculo del inicio de semana en Augusta había amaninado. No hubo más birdies hasta que, ya a mediodía, en su tercera ronda, le arañó un golpe al 3. Poco después, se enredó en el gran borrón de la semana.

Por entonces, Dustin Johson, uno de sus dos compañeros de partida, había empezado su festival de golf. Y Rahm, a remolque, se lio en el 8, un par 5 de 520 metros. Superó los bunkers de la derecha con una salida larga, pero su segundo golpe afeó su semblante, cuando la bola terminó entre los árboles de la izquierda. Su golpe de regreso a la calle pegó en un pino y se desvió hacia unos arbustos. El cuarto fue un dropaje y el descuido, para cuando la bola terminó en el hoyo, ya era un doble bogey.

Rahm tardó en esbozar una sonrisa. Hasta que encadenó aciertos en el 14 y el 15. Sin el juego brillante de los dos primeros días, se mantenía en la pelea, aunque un bogey en el último hoyo le hizo mucho daño. El otro español que pasó el corte, Rafa Cabrera, totaliza +2, después de rondas de 73, 71 y 74 golpes.

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