Hamilton ya es como Schumacher

El británico ganó un caótico Gran Premio de Turquía marcado por la lluvia y suma siete mundiales, los mismos que atesora la leyenda germana

POOL

Lewis Hamilton no necesitaba ganar el GP de Turquía para proclamarse campeón del mundo por séptima vez. Tras lo ocurrido en el caótico sábado, de hecho, apenas tenía opciones de hacerlo, visto lo complicadísimo que iba a ser acabar la carrera sin problemas. Hacer tambalear los cimientos de la, hasta ahora, indiscutible ley de que Michael Schumacher era el más grande, debía ser con una épica batalla.

¿Es el piloto más grande de todos los tiempos? Los fríos números dejan poco lugar a la duda. Ya lleva siete campeonatos del mundo, los mismos que Michael Schumacher, pero le supera en victorias en grandes premios desde hace ya unas cuantas carreras. Si no está en el mismo escalón del podio es porque está un pequeño paso por encima, ateniendo únicamente a las estadísticas.

 

Hamilton logró su décima victoria del año en una carrera en la que empezó en una posición muy inusual para él: lejos de la pole. Pero supo leer mejor que nadie la cita en Istanbul Park, donde la lluvia marcó el devenir de la prueba desde la misma vuelta de formación en la que dos pilotos, Antonio Giovinazzi y George Russell, tuvieron sendos accidentes.

Hablar de la victoria de Hamilton implica hacerlo de la desastrosa gestión que hizo Lance Stroll. El piloto canadiense demostró que ni con todo de cara es capaz de llevarse una carrera que hubiera firmado cualquiera. Dominó dos tercios de la prueba con una autoridad impensable, incluso con un colchón de diez segundos de ventaja sobre sus rivales, que comandaba su compañero Sergio Pérez. La falta de costumbre de Racing Point de estar ahí arriba le pasó factura. Stroll entró en boxes para hacer una segunda parada demasiado tarde, cuando ya casi todos lo habían hecho, e incomprensiblemente dejó de tener ritmo.

A partir de ese momento, los inesperados Ferrari, necesitados de un buen resultado, se vieron pugnando por las posiciones de podio. Mientras Hamilton se escapaba al frente con unos neumáticos que generaban más dudas que certezas (incluso llegó a preguntar por radio si había peligro de reventón, como en Silverstone), por detrás Sergio Pérez imitó su estrategia con dos objetivos: aguantar el segundo puesto, demostrarle a su propio equipo la pifia que es dejarle sin contrato para el 2021 y resistir el empuje de Charles Leclerc y Sebastian Vettel, venidos arriba por las circunstancias de la prueba.

Vettel y Leclerc no se deben nada, ni pleitesía ni respeto ya, por lo que sacaron los dientes en la última vuelta para intentar sacar al mexicano del segundo puesto. El pique entre ambos jugó a favor del de Racing Point, y al final fue Leclerc el gran perjudicado al quedarse fuera de los puestos de honor.

En una suerte de justicia poética, Vettel se subió al cajón en una tercera posición que le sabe a oro y que, probablemente, sea la última defendiendo los colores de Ferrari.

Hamilton, entre lágrimas, se subió al podio posiblemente más especial de este año, acompañado de Sergio Pérez, que se reivindicó de cara a conseguir un asiento el año que viene, y de Vettel, que hizo sonreír, por primera vez en muchas carreras, a sus fans.

La épica remontada de Sainz

Si fue una carrera para recordar no solo lo fue por lo ocurrido por arriba, sino también por detrás. Carlos Sainz salía decimoquinto, una posición nefasta para sus opciones, pero como ha demostrado en tantas otras citas complicadas para él, es en el barro donde sabe sacar máximo provecho. Una gran salida le permitió auparse a los puestos de puntos ya en los primeros giros, y poco a poco fue gestionando la carrera para llegar a lo máximo que podía. El quinto puesto le sabe a oro.

«Soñaba esto de niño, y ahora no ignoremos los derechos humanos»

Aún con la emoción a flor de piel, Lewis Hamilton esquivó como pudo las insistentes preguntas que le hicieron tanto Mark Webber como Martin Brundle, dos expilotos de hoy convertidos en comentaristas, sobre la gran incógnita que hay sobre la mesa: ¿Luchará el heptacampeón por proclamarse octacampeón? El piloto británico de Mercedes no tiene firmado nada con la escudería alemana, y la respuesta de ambas partes sigue sin dar resolución a la incógnita.

Cambió de tercio y en su obsesión por trascender el deporte, Hamilton aconsejó a los más pequeños «que persigan sus sueños». «Soñaba con esto cuando era pequeño. Es importante para los niños que están viendo esto. No dejéis que nadie os diga que no podéis hacerlo. Nunca dudéis de vosotros mismos», dijo.

Pero el mensaje más claro, al menos en lo que a su futuro se refiere, fue evidente: la pelota está en el tejado del equipo. «Espero que el año que viene sea mejor. Quiero quedarme y siento que todavía queda mucho trabajo por hacer. Acabamos de empezar a ser conscientes. Como deporte no podemos ignorar los derechos humanos. Queremos llegar a esos países, la fórmula 1 y Mercedes en ese viaje, y queremos ser más sostenibles como deporte. Lo tenemos que ser. A ver si puedo ser parte de ello por lo menos en inicio», afirmó.

La tiranía de Mercedes

José Luis Abadín

Lewis Hamilton logró su 7.º título, logrando superar el número de victorias de Michael Schumacher, es todo un hito estadístico. Cuando Michael se retiró en el 2006 por primera vez, no pensé que pudiéramos ver a un piloto igualar sus números, y menos tan pronto.

Una de las claves de los números de Michael fue la superioridad de un Ferrari que se cimentó en el trabajo que realizaron a finales de los 90 con un Jean Todt que creó una estructura junto a Ross Brawn, Rory Byrne… que trajo estabilidad a un equipo que llevaba veinte años sin lograr un mundial de pilotos. Y dominó los primeros cinco campeonatos del nuevo milenio. Michael había llegado a Ferrari en 1996 y el primer título fue en el 2000.

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