¿El regreso del hijo pródigo?

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Juan Medina | REUTERS

15 dic 2020 . Actualizado a las 08:56 h.

La suerte está echada. El PSG visitará Barcelona el 16 de febrero y, si nada lo impide, Neymar regresará al Camp Nou. Allí maravilló y se ganó al mundo del fútbol antes de marcharse a París para encontrar más fortuna, fama y las medallas de chocolate del fútbol francés.

Aquel fue un divorcio en el que ambas partes acabaron desangrándose y echándose sal en las heridas a base de demandas judiciales. El Barça que dominó Europa con mano de hierro durante una década comenzó a desmembrarse con su marcha y Neymar pasó a protagonizar portadas por su vida frívola y no por su desmedido talento. Él era, y puede que todavía sea, el llamado a ocupar el lugar en el Olimpio del fútbol que Messi y Cristiano comienzan a abandonar. Lo que no quiso ver el carioca es que el Carnaval de Río seguirá ahí cuando se retire, pero el fútbol profesional y la historia, con la misma facilidad con la que te encumbra y te convierte en multimillonario, te escupe para lanzarte al fango como un juguete roto.

Él fue el primer clavo del ataúd de un Bartomeu que se encontró de un día para otro sin el futuro líder y con 222 millones que malgastó como el rico que encuentra petróleo en el jardín de casa y se compra un jet privado el lunes siguiente. Todo lo que ha venido después, Dembélé, Coutinho y Griezmann, no han llegado siquiera a tapar una mínima parte del pozo que dejó. La gran duda no es quién pasará la ronda. La pregunta es cómo encajará el barcelonismo su regreso. ¿Seguirá siendo el hijo pródigo o se habrá convertido en un traidor?