¿Por qué Rodrygo va a tardar tanto en recuperarse?


Para muchos seguidores del fútbol, la noticia de que se espera que Rodrygo vaya a necesitar alrededor de tres meses para volver a jugar después de una lesión muscular en el bíceps femoral ha resultado sorprendente. ¿Por qué tanto tiempo? ¿Por qué otros jugadores vuelven en unas pocas semanas y él va a tardar tanto? En estas ocasiones, siempre aparece alguien que ofrece una solución para que el jugador pueda retornar mucho antes, pero seguro que muchos seguidores del Atlético de Madrid aún recuerdan cómo Diego Costa solo aguantó 8 minutos sobre el césped en la final de la Champions del 2014, después de que el día anterior la prensa se hiciera eco del «milagro de Diego Costa» tras ser tratado con una supuesta técnica avanzadísima basada en la placenta de yegua. Aquel cambio forzado trastocó las posibilidades del equipo, y el resultado ya es historia. No todas las lesiones musculares son iguales, y no hay —hoy por hoy— soluciones milagrosas para acortar los plazos; lo que hay son lesiones que pueden parecer similares, pero que en realidad no lo son, y cuyos plazos de recuperación y riesgos de recaída son completamente diferentes: el estudio que hizo hace unos años la Comisión Médica de la UEFA entre los equipos de alto nivel europeo mostró que el tiempo de recuperación después de una lesión muscular en la zona posterior del muslo (la región donde está, entre otros, el bíceps femoral), osciló entre 2 y 57 días. Y todas fueron tratadas por servicios médicos de primer nivel. ¿Por qué esas diferencias?

Lo primero que tenemos que entender para saber por qué unas lesiones (incluso del mismo músculo) tardan más y otras menos en recuperarse es que el músculo esquelético está formado por dos grandes tipos de tejido muy diferentes: por un lado, las propias células musculares (las miofibrillas), que son cilíndricas, alargadas y estriadas, y cuya función principal es generar fuerza de contracción acortándose; y por otro lado, una red de tejido conectivo tremendamente organizada, y a través de la que se distribuyen los pequeños vasos sanguíneos y nervios que llegan al músculo, y en la que se encuentran básicamente dos tipos de células, los fibroblastos del tejido conectivo y las células satélite, que tiene capacidad pluripotencial (pertenecen al grupo de las llamadas «células madre» vulgarmente) y que son la encargadas de la reparación de las lesiones.

El tejido conectivo está dividido en tres capas. El endomisio envuelve a cada fibra muscular individual, el perimisio envuelve a un grupo (o fascículo) de fibras, y el epimisio envuelve a todo el músculo. Estas tres capas confluyen en dos zonas diferentes: por un lado en lo que se llama la unión miofascial entre músculo y fascia, que es la gruesa capa de tejido conectivo que rodea a los músculos y les proporciona integridad estructural, además de conectar unos con otros formando verdaderas cadenas; y por otro, en la unión miotendinosa. Por si fuera poca complejidad, algunos músculos (entre los que se encuentra el bíceps femoral) están recorridos por un tendón central hasta el que también llegan fibras musculares que traccionan de él.

Cuando se produce una lesión muscular, siempre se lesiona también la red de tejido conectivo que lo envuelve. Dependiendo de la región del músculo que se dañe y de la extensión de la lesión, el proceso de reparación es más sencillo o más complejo, y lógicamente, requerirá más o menos tiempo para completarse: cuanto más tejido conectivo se dañe, más tiempo se necesitará para que la lesión cure. Pero además, hoy en día sabemos que las lesiones que afectan a un tendón central, van a necesitar mucho más tiempo para repararse, y van a tener más riesgo de recaídas. Por eso, por ejemplo, se operó la lesión que sufrió Dembelé al poco de llegar al Barcelona. En el caso de Rodrygo, parece que —a la vista de la juventud del jugador, los diferentes estudios que le han hecho y la zona lesionada— los Servicios Médicos del Real Madrid han optado por un tratamiento conservador, lo cual es una buena noticia. Sin embargo, uno de los problemas que se dan cuando tratamos de manera conservadora este tipo de lesiones (sin cirugía) es que muchas veces el jugador se encuentra bastante bien en unas semanas, y no es infrecuente que la presión del entorno o del propio jugador acelere los plazos planteados inicialmente, pero entonces hay que aceptar que el riesgo de recaídas es muy alto, de más del 50% y que pueden hacer que un jugador prácticamente pierda una temporada.

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