Ian Nepómniachtchi, aspirante al título mundial de ajedrez, ha sido criticado en la última década por su irregularidad en un deporte donde la constancia es ley, pero le tiene tomada la medida al noruego, al que superaba ya de chavales
29 abr 2021 . Actualizado a las 09:37 h.Una partida le sobró esta semana a Ian Nepómniachtchi para alzarse en Ekaterimburgo, Rusia, campeón del Torneo de Candidatos a ocupar en noviembre en Dubái la silla frente al noruego Magnus Carlsen en la final por el título de Campeón del Mundo de Ajedrez. Nepo, como se lo conoce en su deporte, será el cuarto oponente del tetracampeón del mundo en el gran duelo por el trono ajedrecístico al mejor de 14 rondas, al que Carlsen se encaramaba en el 2013 derrotando al pentacampeón indio y defensor del título Viswanathan Anand; igualando sus cuatro triunfos consecutivos con una segunda victoria en el 2014, una tercera sobre el ruso Serguéi Kariakin en el 2016, y la última ante el estadounidense Fabiano Caruana en el 2018.
Prácticamente una década de tiranía de Carlsen, que Nepómniachtchi hubo de emplear en ir amueblando su prodigiosa cabeza, capaz de imaginar multitud de escenarios de juego, pero pecadora en exceso de precipitación en la gestión del reloj en un deporte donde el espacio y el tiempo forman una única e indisoluble dimensión que dicta márgenes y jerarquías entre su nobleza.
Hijo de 1990 como Carlsen y Kariakin, mientras el noruego siguió el camino más corto hacia el éxito —campeón del mundo absoluto con 22 años, primer jugador en reunir las tres grandes coronas del ajedrez al sumar un año después, el 2014, las de las modalidades rápida y relámpago—, el ruso, uno de los últimos ciudadanos nacidos en el seno de la Unión Soviética, cogió un sendero mucho más largo del que cabría esperar dadas sus demostraciones en su etapa de formación.
Ajedrecista desde los 4 años, fue campeón de Europa sub-10 en el 2000 y sub-12 en el 2001 y 2002, en este último curso logrando también su único título mundial, en dicha categoría de edad, por delante de Carlsen, al que en ese momento superaba en ELO. Su potencial lo llevó a disputar en el 2008 su primer gran torneo, en Dortmund, acabando segundo a medio punto de Peter Leko y por delante del campeón mundial del 2006 Vladimir Kramnik. Y en el 2010 sumó el Campeonato de Rusia y el Campeonato de Europa absolutos, empatando en esta última cita con otros nueve jugadores en el 2013.
En el Top 100 desde el 2008, Nepómniachtchi no fue capaz de asentarse en la élite de la élite, víctima de su irregularidad, hasta el 2019. Recién estrenado en el Top 10, sus victorias en las pruebas del Grand Prix en Moscú y Jerusalén le abrieron las puertas del Torneo de Candidatos por primera vez.
El problema de la gestión del tiempo y algunas pifias inexplicables a su nivel
Con un marcado estilo de ataque, hábil y talentoso tanto en el ajedrez clásico como en el de rápidas y relámpago, Nepómniachtchi se había mostrado hasta el 2019 incapaz de rendir en un gran torneo largo. Alternando demostraciones de poderío ante rivales de primer orden con pifias inexplicables en alguien cuyo juego exhala la materia prima de la que están hechos los odiseos del ajedrez. Como en la única partida que ha perdido en su carrera con Carlsen, en el 2019, desperdiciando los 28 minutos de los que disponía para hallar el camino hacia unas tablas decidiéndose en tan solo 40 segundos por un movimiento fatal.
Aún con su mala gestión del tiempo, el ruso, actual número 4 del ránking mundial, puede presumir de ser el único con una tarjeta favorable en los duelos con Carlsen —también la tiene con Kramnik y Anand—, al que ha vencido cuatro veces en su carrera, firmando seis tablas y con la única derrota apuntada. Su ajedrez rápido y su apuesta táctica, frente al estilo posicional preferido mayoritariamente en la élite, son sus grandes bazas en el duelo de final de Dubái. Eso, y la madurada regularidad que parece haber alcanzado con 30 años liderando el Torneo de Candidatos antes de su interrupción en marzo del 2020 por la pandemia y tras su reanudación.