Sufrió acoso escolar, aprendió el oficio de fontanero, la UFC lo catapultó al estrellato y ahora, convertido en el deportista con más ingresos del mundo, quiere comprar el Manchester United
24 may 2021 . Actualizado a las 10:55 h.En julio del 2016, McGregor y Cristiano Ronaldo coincidieron en un casino de Las Vegas. «Eres el número 1 de la lista Forbes. Yo soy el 35 pero voy a subir. Igual el año que viene te pillo». Ha tardado cinco. Conor McGregor (Dublín, 1988), un excéntrico luchador de la UFC, es el deportista que más ingresos percibió en el 2020 según la prestigiosa revista Forbes. Atrás deja a los dos iconos del fútbol mundial y al tenista Roger Federer, que comandó los registros del 2019. McGregor ingresó en el último año casi 150 millones de euros.
A Conor lo criaron en Crumlin, un conflictivo barrio de Dublín. Su padre, Tony, fue un boxeador aficionado que se ganó la vida como taxista y haciendo chapuzas. Su madre, Margaret, apuntó al pequeño al equipo de fútbol del barrio. En el instituto tenía problemas. Su complexión menuda y su pequeña estatura eran caldo de cultivo para las burlas: «Me hicieron bullyng», contó el luchador tiempo después. Con 12 años, McGregor, confeso admirador de Muhammad Alí, quiso seguir la senda de su padre. Le pidió que lo apuntara al Crumling Boxing Club. Cinco años después, cuando su familia se mudó a Lucan, un suburbio al oeste de la capital irlandesa, Conor decidió que colgaba los guantes para centrarse en buscarse un sustento.
Quiso aprender el oficio de fontanero y sobrevivía entonces junto a Dee Delvin, su pareja, a la que conoció en el colegio y con la que acaba de tener su tercer hijo, con 188 euros al mes, el subsidio que el gobierno daba a los desempleados. Hasta que un vecino, Tom Egan, el primer referente irlandés en la UFC, se cruzó en su camino. Lo entrenó y le preparó su debut, el 8 de marzo del 2008 en un gimnasio de Dublín. Siete años después, sobre el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas, McGregor noquéo en 13 segundos a José Aldo con un solo gancho de izquierdas y un par de puñetazos. Su leyenda escribía la primera página. Un año después, tras su combate frente a Eddie Álvarez en el Madison Square Garden de Nueva York, Forbes lo incluyó entre los 100 deportistas mejor pagados del mundo. Estaba en el puesto 85.
La riqueza que aporta el octógono a este icono de las artes marciales mixtas, que fue campeón de los pesos pluma y ligero, es una pequeña parte: unos 20 millones de euros en el último año. El resto, casi 130, provienen de sus contratos de patrocinio y de sus negocios personales. La venta de su marca de whisky, Proper No. Twelve, le ha proporcionado más de 100 millones en el último ejercicio, lo que le ha conducido a la cima de los deportistas con más ingresos. Lleva tiempo bromeando con lo que quiere hacer con ese dinero: comprarse el Manchester United, el club del que es seguidor.
Un cliente se negó a probar su whisky y adquirió el pub para prohibirle la entrada
A Conor McGregor llegaron a arrestarlo por robo en Miami, después de sustraerle el teléfono a un seguidor que le estaba haciendo una foto. En el 2019, un cliente del Marble Arch Pub de Dublín se negó a tomar un trago de whisky de la empresa de McGregor, el Proper No. Twelve. El luchador le replicó con un derechazo y emprendió su venganza. Compró el pub por casi dos millones de euros y le prohibió la entrada de por vida al local.
McGregor colecciona coches y relojes de lujo. Hizo que le fabricaran un Rolls-Royce personalizado, al que colocó en los laterales su propia foto y unas calcomanías con la palabra «Notorius». Se gastó un millón de euros en el Astronomia Tourbillon Baguete, una de las piezas de la colección de relojes Jacobs & Co. diseñado con zafiros, 342 diamantes visibles y 80 ocultos en la maquinaria, engastada con una carcasa de oro blanco. Otros tres millones los reservó para un yate Lamborghini exclusivo de 4.000 caballos de potencia. Tiene viviendas de lujo en Irlanda, Las Vegas, Marbella y los Emiratos Árabes, donde reside. Diseña sus trajes a medida. «Hay dos cosas que me gusta hacer: patear traseros e ir elegante». Otra de sus grandes excentricidades la dejó en el famoso restaurante Nusret Gökce de Dubái. Pidió un filete de carne de wagyu envuelto en una hoja de oro de 24 quilates.