Los Juegos más extraños

DEPORTES

KIM KYUNG-HOON

Los deportistas se enfrentan a una Olimpiada repleta de controles y en la que no han podido adaptarse ni al desfase horario ni al clima

21 jul 2021 . Actualizado a las 09:10 h.

Ya están a la vuelta de la esquina los Juegos Olímpicos más extraños de la historia. Las delegaciones van saliendo hacia Japón de manera escalonada, dependiendo de las fechas de competición de cada deporte, en un equilibrio casi imposible por lograr permanecer allí el mínimo tiempo posible —una exigencia del comité organizador— y de lograr una adaptación correcta a las condiciones de participación. Y digo correcta, que no perfecta, porque va a ser difícil adaptarse a las condiciones climatológicas, con un calor sofocante y unas condiciones de humedad que hacen muy difícil el rendimiento, sobre todo al aire libre, pero también el descanso nocturno.

En efecto, la temperatura estos días en Tokio alcanza los 30 grados durante el día y no baja de 24 por la noche, con porcentajes de humedad relativa cercanos al 90%, lo que cae claramente fuera de lo que se considera idóneo para lograr un sueño reparador, y obliga a mantener el aire acondicionado funcionando por la noche, lo que puede causar sequedad en las mucosas si el porcentaje de humedad baja demasiado y, a su vez, generar trastornos que afecten al rendimiento de los deportistas.

Por otra parte, la exigencia de que los deportistas no lleguen a Tokio con más de cinco días de antelación a su fecha de inicio de competición también crea un problema serio para muchos, que no van a disponer del tiempo suficiente para poder adaptar su reloj biológico adecuadamente al jet lag que genera el cambio de horario respecto a su punto de partida, que por norma se considera que debería ser de aproximadamente un día por cada hora de diferencia horaria para optimizar el rendimiento.

En esta época del año, la diferencia entre España y Japón es de siete horas, con lo cual podemos considerarnos casi afortunados, pero algunos deportistas han tenido que escoger entre una mejor adaptación al clima por la exigencia de sus pruebas, como hizo Javi Gómez Noya al irse a la zona de Cozumel, en México, y sacrificar parte de su adaptación horaria, ya que la diferencia con México es de 14 horas.

Aunque lo normal es empezar la adaptación desde el punto de partida en la semana previa, recortando progresivamente la diferencia con la hora de despertarse y de entrenamiento para que se parezca a la del lugar de competición, esto no siempre es posible, y hay que elegir. Como dice el refrán, no podemos pretender tener el sol en la puerta y la lluvia en la huerta.

Si, además de todo esto, aparecen imponderables, como el retraso de la hora de salida del avión que llevaba al grueso de la expedición española inicial y el viaje se alarga, con la falta de descanso correspondiente y el desajuste de la hora de llegada, que se pretendía diera paso al sueño nocturno de primer día, para facilitar la adaptación inicial, tenemos preparado un cóctel explosivo, que no podemos saber a ciencia cierta cuánto va a afectar al rendimiento de los deportistas españoles.

Rigidez

Y por si todo ello fuera poco, las noticias que me llegan de mis colegas que ya están en el Centro Médico de la Villa Olímpica muestran una situación bastante desorganizada, de tan controlada que se ha pretendido que esté. Así, los test diarios de antígenos que se hacen a todos los miembros da la familia olímpica que están en Tokio llevan a colas prolongadas, que se suman a los exhaustivos controles de seguridad, lo que provoca que los que vayamos a estar allí tengamos enormes restricciones de movimiento hasta el punto de vivir una situación de semiconfinamiento entre los hoteles o las habitaciones de la Villa y los lugares de entrenamiento y competición.

Según la planificación del comité organizador local, cada uno de nosotros tiene sus lugares autorizados en un Excel gigante que se ha preparado y que no contempla excepciones ni situaciones imprevistas, que estoy seguro de que se darán y que ya veremos cómo se resuelven, porque además hay que sumar a esto la dificultad para lograr una comunicación fluida con un porcentaje de los japoneses que intervienen en el proceso, por su escaso dominio de otros idiomas, y su rigurosa aceptación de la cadena de mando, de manera que cualquier decisión que no se ajuste al protocolo marcado tiene que ser refrendada —en general, tras un proceso de debate y reflexión que a veces es conveniente, pero otras veces resulta entorpecedor— por niveles superiores de decisión.