Los Juegos, en terreno desconocido

Paulo Alonso Lois
Paulo Alonso TOKIO

DEPORTES

Juan Ignacio RONCORONI | EFE

Tokio se somete desde hoy al examen del mundo en medio de una pandemia que desnuda el evento de parte de su liturgia y deja lo esencial, el deporte

23 jul 2021 . Actualizado a las 09:51 h.

El calor, esos 30 grados que castigan la última puesta a punto de los deportistas para los Juegos, aprieta camino de la medianoche en Tokio, con la humedad al 80 %, mientras el susurro del aire acondicionado alivia la espera hacia lo desconocido. Las Olimpiadas, reinterpretadas a finales del XIX bajo una idea de fraternidad y superación, convertidas en el XX en un espectáculo y un negocio monumental, habían convivido con guerras, atentados terroristas, boicots y censuras. Pero nunca se habían celebrado durante una pandemia que la desnuda: el silencio sustituirá al jolgorio festivo del público en los estadios, varios patrocinadores se están desentendiendo del evento con gestos como no enviar a sus popes a la ceremonia de apertura de hoy (13 horas, La 1) y las medidas sanitarias enfrían esa pintoresca convivencia del fenómeno de la NBA con un yudoca anónimo, porque durante unos días todos disfrutan en la Villa de la misma rutina de campamento de verano.

Ni siquiera la ciudad recibe al mundo con los brazos abiertos, sino en un clima de desconfianza: un alto porcentaje de japoneses no querían fiesta. Mientras Tokio se protege con un estado de emergencia por unas cifras de contagios que otras capitales multiplican por mucho, a la ciudad, blindada al mundo desde hace meses sin recibir apenas extranjeros, llegaban atletas de todo el globo.

Pero queda el deporte, el pulso entre los mejores, y unos cientos de periodistas para contarlo al planeta. Poco más.

A unas horas de la apertura, los Juegos han resistido. El COI y la organización de Tokio 2020 pactaron en marzo del 2020 un aplazamiento obligado de un año. Se renegociaron contratos, se retrasó la venta de la Villa Olímpica y empezó la reinvención del más festivo y multicultural de los eventos deportivos. Primero, sin espectadores extranjeros, para contener la entrada del virus en Japón, después, sin público local siquiera.

Si antes se repartían condones a los deportistas como una especie de invitación al desenfreno, ahora se les aloja en camas de cartón como metáfora de la austeridad del momento. Para salvar la esencia de los Juegos, debían estar juntos todos los países y todos los deportes, pero ahora ya no tan juntos. El programa apenas se retocó y se mantuvo el gigantismo que amenaza con matar de éxito el tinglado. Por eso cada vez menos ciudades solventes presentan candidaturas para recibir con un lujo de sedes y fuegos artificiales un espectáculo maravilloso. Que puede con todo. El mundo examina desde hoy a Japón.