Carapaz se lleva el oro olímpico y Valverde se funde en el monte Fuji

L. Balado

DEPORTES

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Van Aert, gran favorito, logra la plata y Pogaçar se lleva el bronce

24 jul 2021 . Actualizado a las 13:38 h.

Ningún corredor de menos de 30 años ganaba un oro olímpico en ciclismo en ruta desde Ullrich en Sídney. Es una carrera para veteranos y por eso se confiaba en que podía ser una buena jornada para Valverde. Pero nada más lejos de la realidad: España decepcionó y fue el ecuatoriano Richard Carapaz el que se llevó el oro. La plata fue para Van Aert y el bronce para Pogaçar.

El recorrido olímpico era duro, pero era bastante peor la meteorología. Las caras de los ciclistas eran un poema —no de amor precisamente—, golpeadas por el pegajoso y asfixiante calor de Tokio. Entre una y otra cosa, la carrera se fue seleccionando. Algún gallo se encontró con problemas muy pronto. Geraint Thomas, ganador del Tour del 2018 y siete veces medallista olímpico en pista, se cayó junto a su compañero de selección británica Tao Geoghegan Hart —en el accidente también se vio implicado el italiano Ciccone—. Acabaría retirándose, dando continuidad al gafe que acompaña al galés del Ineos desde que pisó un bidón y comenzaron sus desgracias en el Giro del 2020.

La fuga se montó pronto, con varios hombres que no preocupaba n para nada a los favoritos: el venezolano Orluis Aular, el griego Polychronis Tzortzakis, el eslovaco Juraj Sagan —hermano de Peter Sagan—, el checo Michael Kukrle y el sudafricano Nic Dlamini. Más de un cuarto de hora de ventaja llegaron a disponer sobre el pelotón. Pero ellos mismos sabían que su aventura no iba a ningún lado.

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Por detrás, belgas y eslovenos manejaban los ritmos de la carrera a su gusto. Greg Van Avermaert, oro en Río, asumió en Tokio su papel de gregario de Van Aert, gran favorito a la victoria. Tratnik, mientras tanto, se vaciaba para el equipo esloveno que no acaba de mostrar su apuesta entre sus dos manos ganadoras: Pogaçar y Roglic.

España se funde

Omar Fraile fue el primer español en caer. Muy pronto. El vasco del Astana, tras trabajar en la cabeza del pelotón, se rindió en la subida del monte Fuji.

El hielo y las botellas heladas circulaban entre los coche y los ciclistas. El calor era asfixiante cuando Italia quiso comenzar a romper la carrera. Fue Mosconi el que metió un arreón importante al grupo de favoritos, cambiando el ritmo, con consecuencias dramáticas. Valverde, a 90 de meta, no lo resistió. Simplemente, reventó en el monte sagrado.

El murciano, de 41 años, buscaba su última oportunidad en unos Juegos sin renunciar a nada. Y nada significó llegar hasta París en un Tour en el que muchos renunciaron a mitad de carrera pensando en Tokio. Si le pasó factura o no el desgaste será un debate que traerá cola. En cualquier caso, las opciones de medalla para España quedaban drásticamente reducidas pese a que el murciano logró reengancharse con el grupo de favoritos y rodaba con el pelotón en la bajada tras coronar el puerto. Pero el Bala no iba bien. Una vez se desfallece, es raro ver resurrecciones en el ciclismo.

Ciccone probó un nuevo arreón a 55 de meta, cuando tevía faltaba un buen trecho para llegar al paso Mikuni, último puerto de la jornada que era una auténtica pared vertical. No cuajó. Tampoco el ataque de Evenepeol a 52 de meta. La carrera se movía para tratar de incomodar a Pogaçar y no dejarle el camino despejado en la montaña, donde es imbatible.

La selección española seguía desintegrándose. Ion Izagirre dijo adiós a los 40 kilómetros, cuando la carretera volvía a empinarse de camino al durísimo paso Mikuni.

Con el salvaje ascenso al exagerado puerto —con una carretera rugosa infernal incluida— el pelotón ya se quedaba en un grupillo de 25 corredores. Una sangría. Entre ellos Valverde, que moría definitivamente junto a Jesús Herrada.

Pogaçar atacó a 32. Activó su motor diésel y sin prisa, sentado, comenzó a encarar la subida junto a Michael Woods —otro escalador de élite—. A Van Aert no le quedó otra que ponerse a trabajar en el pelotón paraa tratar de cazarlo junto a Brandon McNulty. Lograrían unirse también, desencajando mandíbulas y soltando chorros de sudor, Bettiol, Urán, Mollema, Carapaz y Kwiatkowski. Un ciclista por país y todos ellos campeones. Adam Yates y Schachmann, otros dos corredores temibles, lograron engancharse. En total, trece para tres medallas.

Guerra de guerrillas

En el grupo de cabeza se sucedían los ataques. Uno tras otro. Era difícil contabilizarlos. Hasta que McNulty y Carapaz, por fin, lograron abrir hueco, que llegó a 25 segundos cuando coronaron el último puerto del día.

Van Aert, que ya veía que se le escapaba el oro, trató entonces de aprovechar cada kilómetro. En el último repecho antes de entrar el en circuito definitivo activó la locomotora que tiene en las piernas y recortaba tiempo a la pareja de cabeza. Pero nadie le daba un relevo. Únicamente Pogaçar de vez en cuando.

Carapaz, que corría solo con el apoyo de Narváez en Tokio —España, por su parte, era uno de los pocos equipos que llevó a cinco corredores—decidió echar el resto. Apretó los dientes, descolgó a McNulty y, mientras los perseguidores no se entendían, logró conservar ese hueco que le acabó dando el oro.

La plata fue para Van Aert, que venció en la foto finish del esprint a Pogaçar. El primer español fue Gorka Izagirre, que finalizó en el puesto 23.