A la estrella americana no le basta con la victoria en los Juegos Olímpicos, quiere llevar la gimnasia a un nivel que solo ella puede alcanzar
24 jul 2021 . Actualizado a las 09:54 h.Si no estuviera considerada como la mejor gimnasta de la historia, sería más sencillo comprender la ambición de Simone Biles (Columbus, Ohio, Estados Unidos, 1997). Los cuatro oros de Río no saciaron a una mujer que quiere que los Juegos Olímpicos de Tokio, en los que debuta en la madrugada del domingo (desde las 3.00 horas, RTVE.es y Eurosport), se recuerden por su nombre. Le bastaría con competir a medio gas para volver a vencer, pero no le es suficiente. Simone Biles busca la eternidad. Quiere trascender y llevar a la gimnasia artística al siguiente nivel, uno que solo ella puede alcanzar. Y para eso no basta con simplemente ganar.
Fue Scott Fiztgerald quien dijo aquella de frase de «muéstreme un héroe y escribiré una tragedia». Se cumple con The Goat (acrónimo de Greatest of all time, la más grande la historia), como le gusta que la llamen. Ella también tuvo su infierno. Su madre, adicta a las drogas, la abandonó. Sus abuelos maternos se hicieron cargo de una niña que a los 6 años comenzó a despuntar. El momento clave de su carrera no llegó hasta el 2013. Fue en el Campeonato del Mundo disputado en Amberes. Allí comenzó a formar su leyenda tras entrar en el equipo americano por la lesión de una de las gimnastas titulares y colgarse el oro: «Sentía que no pertenecía a ese mundo, que mi gimnasia no estaba al nivel del resto de participantes».
Se equivocaba. Para comprender su papel en el deporte basta con echar un vistazo a un legado de medallas y saltos únicos. Quiere agrandarlo en Tokio con un movimiento que solo ella ha conseguido hacer: el Yurchenko con doble mortal hacia atrás en el potro. Tras realizarlo en el campeonato de Estados Unidos, se enfadó con los jueces porque mantienen una puntuación baja para este ejercicio para disuadir a las gimnastas que lo realicen por el peligro que corren.
Incluso ella afirma que ha puesto en riesgo su carrera y sus tobillos. Cuestionada por qué no opta por otros ejercicios más sencillos que puntúen mejor, es contundente: «Porque puedo hacerlo». Y lo logra porque la disciplina es la palabra que la ha llevado al Olimpo en el que se encuentra.

Sin rivales
Incluso sus rivales saben que no tienen nada que hacer contra Biles. No tiene rival. Nadie puede con una gimnasta que ha roto todos los moldes. A sus 24 años, los cánones de la gimnasia marcarían que debería estar retirada. Nadia Comaneci en Moscú 1980 era considerada una veterana a pesar de solo tener 18. Biles también quiere acabar con esa concepción de fragilidad de las gimnastas. «Sale a cada competición sabedora de que puede hacer algo que nadie ha hecho antes», explicaba Cecile Canqueteau, su entrenadora junto a su marido Laurent Landi.
La única barrera hacia la gloria está en su cabeza, en el miedo al fracaso y la ansiedad por decepcionar al público. Porque aunque no parezca una simple mortal, Simone Biles siente y sufre. Pero ese es el precio a pagar por alcanzar la eternidad.