Así es David Valero, el mecánico que consiguió ser bronce olímpico

Iván Antelo REDACCIÓN

DEPORTES

MATTHEW CHILDS

El ciclista, que trabajaba por las mañanas en un taller para poder entrenarse a continuación, llegó tarde al profesionalismo  y alcanza la gloria con casi 33 años

26 jul 2021 . Actualizado a las 20:05 h.

Era un niño tranquilo. alegre y terco. Muy humilde. Cuando a los diez años sus padres le regalaron una BH California, no se imaginaban que acababan de comenzar a forjar una medalla olímpica para España. La de bronce en Tokio. David Valero Serrano (Baza, 1988) cogió el relevo del gallego Jose Antonio Hermida, Pepiño Pistolas, y Carlos Coloma, su entrenador, demostrando que no hay nada imposible si se cree en uno mismo.

Valero llegó tarde al profesionalismo. No es uno de esos niños prodigios a los que alfombran su camina hacia la élite. Sus comienzos fueron difíciles. A él le gustaba la bicicleta de montaña; pero no podía vivir de ella. Trabajaba por las mañanas en un taller como mecánico y por las tardes salía a entrenar. Sin excusas por el cansancio, el frío o la lluvia. En eso dedicaba los días. No daban para más. Trabajar y entrenar. Como tantos anónimos. Su triunfo en el Open de España y un cuarto puesto en el campeonato nacional en el 2013 le cambiaron la vida. Ahí descubrió que podía dedicarse a su pasión. Ya tenía 25 años. Camino de los 26. Su carrera se coció a fuego lento.

El sucesor de Pepiño Pistolas

El ciclismo de montaña español comienza con José Antonio Hermida, Pepiño Pistolas; siguió con Carlos Coloma y ahora es David Valero el que coge el relevo. El gallego fue el precursor. Con su plata en Atenas 2004, sus cuatro Mundiales y sus tres Europeos. Él enseño que había una alternativa a la carretera y la pista. Y los jóvenes como Valero, que llegaron por detrás, lo aprovecharon.

Eterno campeón de España (seis de los siete últimos títulos son suyos, solo falló en el 2016) y aspirante sin suerte a nivel internacional. Valero sorprendió a propios y extraños con una medalla de bronce olímpica en Tokio con la que pocos contaban en la delegación española. En su palmarés solo relucía un tercer puesto en el Europeo de Glasgow, en el 2018, y el año y medio de pandemia y la escasez de pruebas tampoco ayudaron para su evolución. Su noveno puesto en Río 2016 y su duodécima posición en el ránking de la UCi tampoco invitaban al optimismo. Pero él sí creía en sus posibilidades. Lo había avisado en las entrevistas previas. Que nadie lo descartara. Pocos lo escucharon. El foco estaba en Valverde y el resto del ciclismo español en ruta.

Valero sabía que Tokio era la cita de su vida. Lleva más de tres años preparándola. Por eso se fue allí, en el 2019, para analizar cada palmo del terreno que le debía llevar a la gloria. Viajó a Japón y regresó encantado. El Izu Mountain Bike Course, lugar donde se desarrolló la prueba, en la ladera del monte Fuji, era justo lo que necesitaba. Uno de esos recorridos que no dan respiro a las piernas. Perfecto para sembrar emboscadas y recoger cadáveres con sus 189 centímetros de altura. Sendas estrechas. Algún que otro tramo empedrado. Muy duro. Muy bonito. Perfecto para sus condiciones. Como demostró. Con una remontada antológica. Bronce para Valero. El niño de la BH California. El joven mecánico. El referente del ciclismo nacional desde el 2015. Un héroe anónimo.