Maialen Chourraut, o cómo ganar todas las medallas olímpicas sin renunciar a ser madre

Iván Antelo REDACCIÓN

DEPORTES

STOYAN NENOV

Tras superar una cesárea, sumó un oro en Río y una plata en Tokio al bronce que había logrado en Londres

27 jul 2021 . Actualizado a las 14:31 h.

Ser mujer y deportista de élite no es fácil. El embarazo, la recuperación, los meses de inactividad, la lactancia, los cuidados del bebé... Pero nada de eso ha frenado a Maialen Chourraut (Oria, Guipúzcoa; 1983). La piragüista que consiguió formar una familia en torno a su kayak y además ganar las tres medallas olímpicas: bronce en Londres 2012, oro en Río 2016 y ahora plata en Tokio 2020, ya con 38 años.

Chourraut firmó este martes una final emocionante, en la que se colocó primera, a falta del descenso de cinco rivales. Ni la británica Kimberley Woods, ni la hasta ahora subcampeona olímpica, la neozelandesa Luuka Jones, ni la italiana Stefanie Horn consiguieron desbancarla de la cima, pero sí la alemana Ricarda Funk, que le remontó en las últimas paladas. Faltaban las dos grandes favoritas y la medalla se complicaba. Pero la eslovaca Eliska Mintalova perdió fuerza en el último tramo y la australiana Jessica Fox cometió dos toques con las puertas que la penalizaron y le dejaron tercera. Maialen lo había vuelto a hacer. La plata que le faltaba.

Toda una vida con Xabi

La bipolaridad de su Guipúzcoa natal en los deportes del kayak y de la canoa es total. Si en Orio el remo es el deporte rey gracias a las traineras, en Oria (Lasarte) aman el piragüismo. Y lo hacen gracias a Maialen, la heroína del pueblo desde que hace casi una década comenzó a coleccionar medallas en eslalon. Desde los 12 años compite para el Club Atlético San Sebastián, entidad que le permitió brillar y llamar la atención de los seleccionadores españoles. Y ese momento de ser internacional le cambió la vida. La personal y la profesional.

Siendo infantil conoció a Xabier Etxaniz, su entrenador y el que acabaría siendo su marido y padre de su hija. Él, ocho años mayor, era un afamado piragüista en retirada (fue olímpico en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 y Atlanta 96); ella, una aprendiz. Xabi acabó siendo el seleccionador nacional en el 2001, justo cuando Maialen alcanzó la mayoría de edad. Juntos hicieron un tándem indestructible.

Meticulosa, perfeccionista y muy trabajadora, Chourraut se empeñó en superar a su referente, su marido y entrenador, y lo consiguió. Se empecinó en ser medallista olímpica y alcanzó lo que parecía su cénit con 29 años, con el bronce en Londres 2012.

Justo después de alcanzar la gloria, la pareja decidió que era el momento de tomarse un respiro de la competición y vivir la vida. Maialen se quedó embarazada. Iba a ser una niña. Fue madre en el 2013 para recuperarse rápido y clasificarse para Río, los que quizás fueran sus últimos Juegos. Pero todo se torció. La naturaleza no entiende de cálculos. Anne nació bien, pero tras una cesárea. Y eso lo complicaba todo. El regreso a los entrenamientos iba a tardar. Requería de una recuperación más larga. Un reinicio más progresivo.

Una familia en competición

El tándem Chourraut-Etxaniz no se rindió. Formaron con Anne un trío familiar perfecto. Llevaron a su bebé a todos los viajes, a todas las competiciones. El padre dirigía, la madre ejecutaba y la joven retoña miraba expectante desde la grada. Así fue cómo lograron la segunda clasificación olímpica y cómo ganaron el oro en Río.

Las lesiones en el hombro y el confinamiento pusieron en jaque a Chourraut, que además veía cómo los jóvenes apretaban cada vez más, mientras ella se acerca a los 39 años. Dejó La Seu, el centro de alto rendimiento, y volvió a entrenarse sobre las olas de la bahía de La Concha, como en su niñez, cuando decía que la piragua le daba miedo. Eran peores condiciones para su puesta a punto, pero mejores para su mente.

Sufrir sin Anne en Tokio

El covid-19 rompió el trío familiar (Anne tuvo que dejar de viajar con ellos) y eso se le hizo todavía más difícil a mamá Maialen. Prueba de ello fue Tokio. De ahí que decidiese ir más tarde. Cada día sin su hija a su lado era insoportable. Fue con el tiempo justo, compitió y ganó la plata que le faltaba. Las lágrimas del final, recordando a Anne, así lo reflejaron. Gloria eterna a una excepcional deportista, que rehúye de la fama. No tiene redes sociales. Le dijo no a Masterchef. Se agobia con los actos. Odia que la reconozcan. Lo único que le llena es la piragua y la familia. Así es Maialen. Una mujer que ya tiene todas las medallas sin renunciar a ser madre.

La medalla de Tokio

En Tokio logró la tercera medalla para la delegación española. En la final, con todavía seis participantes por actuar en el Centro de Eslalon de Kasai, la de Lasarte-Oria, de 38 años y número siete del ranking mundial, tuvo que esperar a los resultados de sus rivales para saber si albergaba opciones de presea.

Ni la británica Kimberley Woods, ni la hasta ahora subcampeona olímpica, la neozelandesa Luuka Jones, ni la italiana Stefanie Horn consiguieron desbancarla de la cima, pero sí la alemana Ricarda Funk.

Sin embargo, la mala bajada de la eslovaca Eliska Mintalova le dio directamente la medalla, y los dos errores de la favorita, la australiana Jessica Fox, plata en Londres y bronce en Río, le permitieron lograr la plata. De esta manera, Chourraut sumó la tercera medalla en los Juegos, tras el bronce de Londres 2012 y el oro de Río 2016.

«Había soñado con esto y ser así la primera con las tres medallas»

Maialen Chourraut reconoció que había «soñado muchas veces» con este éxito «y con ser la primera chica con las tres medallas». «Al final lo he logrado junto a Jessica Fox, a quien admiro mucho. Y ya tengo 38 años ya, así que qué os puedo decir más», explicó emocionada sobre su triplete olímpico la palista guipuzcoana.

Chourraut reconoció que «aunque hubiese sido cuarta hubiese estado contenta y orgullosa». «Venía satisfecha a estos Juegos y me iba a ir contenta sin medalla, pero la cosa ha ido mejorando y me llevo esta plata», dijo. «Venía a Tokio con un objetivo y un sueño. El objetivo era ver a una Maialen rápida en el agua, fuerte. Eso era lo que quería ver. Han sido cinco años, un ciclo olímpico duro. Me ha costado muchísimo estar arriba», añadió.