Auténticos mitos se despiden tras los Juegos Olímpicos de Tokio, mientras irrumpen jóvenes promesas
09 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.Los Juegos Olímpicos de Tokio escenificaron el relevo generacional del deporte español. La cita japonesa despide a auténticas leyendas, pero también alumbró la irrupción de jóvenes descarados que están llamados a dar grandes alegrías en los próximos ciclos olímpicos. Algunos, incluso, hasta ya ofrecieron rendimiento con medallas o diplomas.
El cambio más profundo lo vivirá el baloncesto español. Pau y Marc Gasol anunciaron su marcha del equipo nacional, pero además hay otros como Rudy Fernández, Sergio Rodríguez o incluso Sergio Llull que tienen difícil llegar a París 2024 y, si lo hacen, no será con el nivel de antaño. También en el combinado femenino se despidió un símbolo como Laia Palau. El futuro pasa ahora por Garuba, Aldama, la gallega Carrera, Cazorla y compañía.
El resto de deportes de equipo vivieron también adioses sonados. En hockey se marchan cinco leyendas: Quico Cortés, David Alegre, Pau Quemada, Josep Romeu y Roc Oliva. Lo mismo en waterpolo, con el mítico portero Dani López Pinedo y, de forma sorprendente, Roser Tarragó, con solo 28 años. En balonmano fue Raúl Entrerríos el que puso fin a su carrera con un bronce. Silvia Navarro, con 42 años, tampoco lo tendrá fácil para llegar a París.
Deportes individuales
El atletismo dejó entrever en Tokio un futuro esperanzador para el deporte español. Aunque solo se logró una medalla, el bronce de una Ana Peleteiro que con 25 años todavía tiene cuerda para rato, hubo muchos finalistas muy jóvenes que hacen soñar con un futuro mejor. Empezando por el del viveirense Adrián Ben (23), quinto en 800 metros; siguiendo por el murciano Mo Katir (23), octavo en 5.000; el navarro Asier Martínez (21), sexto en los 110 vallas; o la granadina María Pérez (25), cuarta en marcha. En el lado opuesto, el adiós de una leyenda, Chuso García Bragado, tras ocho Juegos Olímpicos y tres décadas de éxitos en los 50 kilómetros marcha.
En natación, Mireia Belmonte (casi 31 años) no pudo brillar en Tokio. Sufrió un mal ciclo olímpico, plagado de lesiones, y solo pudo entrenarse bien en los últimos meses. Sorprendió con un cuarto puesto en los 400 estilos, pero lo hizo mal en el resto de pruebas (800, 1.500 y el relevo 4x100). Todavía no ha hablado de su futuro, pero parece difícil que pueda estar en París 2024 con sus precedentes físicos y el pesar de una larga y exitosa carrera. La nota positiva la puso Nico García, octavo en la final de 200 espaldas con 19 años recién cumplidos.
Pero sin duda, las grandes sorpresas fueron Adriana Cerezo (17), en taekuondo, y Alberto Ginés (18), en escalada. Los dos medallistas españoles más jóvenes enamoraron a todo un país por su descaro en la competición, que les valieron una plata y un oro, de forma respectiva.
En remo, el gallego Caetano Horta (18) también asombró con un diploma a pesar de que sus Juegos no eran estos. Lo mismo que la pontevedresa Antía Jácome (21), en piragüismo; en donde también asoman los canoístas Pablo Martínez (23) y Tano García (20), octavos en C2 1.000.
Cardona (23), bronce en vela en la clase Finn), y Cullell (22), 15.º en ciclismo de montaña, son otros de los que se dejaron ver; mientras que la llama olímpica se apaga para mitos como Valverde y Gómez Noya. Vall, de natación, y Baquerizo, de vóley playa, quieren ser madres.
Siguen Valentín y Craviotto; Portela y Chourraut no lo descartan
«Los más cercanos sabían que no iban a ver mi mejor rendimiento, ¿qué le puedo decir a la gente? Que me sigan, porque todavía queda Lydia Valentín para rato». Había dudas sobre si la berciana, de 36 años, se despediría en Tokio tras su mala actuación (en una categoría que no le correspondía), pero despejó la incógnita nada más terminar su participación. Intentará estar en los próximos Juegos y en su peso. También Saúl Craviotto, a punto de cumplir los 37, quiere más: «Sería de locos no plantear ir a París 2024», dijo.
Las piragüistas Maialen Chourraut (38) y Teresa Portela (39) tampoco descartan llegar. Pero prefieren marcarse metas más cercanas. «Hay que vivir el presente», dijo la vasca. «París está a la vuelta de la esquina, pero ahora pienso en descansar», señaló por su parte la gallega. Ambas aún tienen cuerda para rato.