Una de ricos y llorones

Iván Antelo REDACCIÓN

DEPORTES

CHRISTOPHE PETIT TESSON

El pez chico nunca se comerá al grande y las gacelas tampoco perseguirán a los leones por la sabana africana. Las leyes naturales son sagradas. Lo mismo sucede en la selva del fútbol, en donde también impera la ley del más fuerte. Pero no ahora. Siempre. A más dinero, más posibilidades para pisotear al de al lado. Trasero solo hay uno y hay que cuidarlo, pero patear al del resto no tiene precio para los grandes magnates del balompié.

Al PSG le llaman ahora «el equipo del pueblo». Lo ningunean por ser el rico de hoy. También se burlan del Manchester City por la cantidad de millones dilapidados sin ganar la Champions, esa competición de la que se dice que fracasas si no la ganas. Apuntan que son clubes estado, inyectados de dinero árabe, quizás buscando el doble sentido, dejando caer que quizás el dinero tenga una dudosa procedencia. Y es posible que todo eso sea cierto. O no. Falso. Pero da igual. Todo sea por salvaguardar el prestigio de los ricos históricos. Esos que nunca, nunca [ironía], han aceptado cobrar dinero de casas de apuestas, de jeques que los invitaban a jugar por giras asiáticas y rehusaban pelotazos urbanísticos, porque no era moral que las administraciones públicas inyectasen dinero en clubes deportivos, a saber por qué motivo.

Todos esos clubes históricos lloran ahora porque el PSG les lleva a sus capitanes. Incluso gratis. Sin tener que pagar traspaso. Se hacen cruces por ver que un club acumula una nómica de grandes cracs, como si antaño ningún otro lo hubiera hecho (el Madrid de los galácticos ridiculizados por el Superdépor nunca ha pasado).

Sirva de escarmiento. Uno se cree guapo, hasta que descubre a otro con mejores dotes. Lo mismo con los clubes ricos. Uno manda y pisotea, hasta que se da cuenta de que hay otro que puede más. Pasaría lo mismo en esa hipotética Superliga. El placer de meterle cuatro a un equipo al que multiplicas por diez en presupuesto dejaría de ser posible. ¡Quién sabe! Igual es la solución para esta historia de ricos y llorones.