Alonso III de España, I de Inglaterra

DEPORTES

MARCO BERTORELLO | REUTERS

07 oct 2021 . Actualizado a las 08:58 h.

Viniendo de jugar contra Kosovo, Georgia y otras factorías de fútbol no potable, un partido contra Italia es una delicia. Igual que jugar en San Siro. El césped es verde, como el del Nuevo Vivero de Badajoz, y los tiros de cámara serán más o menos, pero aunque la ciencia no sepa cómo ni por qué, no es lo mismo. No disparen al jardinero.

Como amante de los porteros kamikazes, me alegra ver que Unai Simón sigue en forma. Él necesitaba un credo y le dijeron «no la pegarás en largo», que España sale jugando desde atrás. Ahora es un fundamentalista del juego en corto para desgracia de Busquets y demás receptores de melones suicidas. En la hegemonía del fútbol gafapasta, dar un pelotazo arriba es como llevar Converse con traje. Una pailanada. Y Unai Simón es disciplinado, antes que rifar una pelota inmola a sus compañeros.

Los porteros kamikazes son geniales y también los laterales que saben centrar. Evidentemente, Jordi Alba ha sido un baluarte de la mejor época de España, pero también es sorprendente que Marcos Alonso —hijo de Marcos Alonso y nieto de Marcos Alonso, también internacionales— solo haya jugado, a sus 30 castañas, cuatro partidos oficiales con la selección. El del Chelsea firmó un partido formidable, participando en los dos goles y entendiéndose a las mil maravillas por la banda izquierda. Con los dos laterales del campeón de Europa de clubes sobre el campo, España es mejor. Tiene toda la lógica.