Incontestable hegemonía del Real Madrid en la Champions

Óscar Bellot

DEPORTES

MARCELO DEL POZO | REUTERS

La decimocuarta orejona del conjunto blanco agranda la leyenda del rey de Europa en su torneo predilecto

30 may 2022 . Actualizado a las 08:59 h.

El Real Madrid se sienta en el trono continental cuatro años después. La decimocuarta orejona, alzada tras dar cuenta en París del Liverpool, mismo rival que sucumbió a la insaciable voracidad blanca en Kiev, agiganta la leyenda del club de Chamartín y agranda la brecha del rey de Europa en su competición fetiche.

La hegemonía del Real Madrid en el torneo estrella de clubes resulta incontestable. Su gobernanza comenzó en los albores de la competición con la inigualada cadena de cinco copas de Europa consecutivas. Tuvo una coda con la sexta, amarrada por el equipo ye-yé a mediados de los sesenta, y resucitó 32 años después en Ámsterdam con aquel gol de Mijatovic que le sacó de una larguísima travesía del desierto y desató la locura en las calles de la capital con una recepción apoteósica a los héroes que domaron al Juventus, dando todo el sentido del mundo a aquel entrañable anuncio de vehículos todoterreno que hiciera furor en los años noventa: «¿Y el Madrid, qué? Otra vez campeón de Europa, ¿no?». El comienzo del segundo ciclo regio, que se prolongaría con dos entorchados más en el espacio de cuatro años. Pero lo mejor estaba por venir.

Más de una década después del voleón con el que Zinedine Zidane rindió Hamden Park, caía la ansiada décima, que sirvió como preludio de otra hazaña insólita: la serie de tres Champions sin freno que abrochó con el artífice de la novena a los mandos. Todo apuntaba a que la última de esas conquistas iba a ser el canto del cisne de una generación dorada. Pero la tropa comandada por Benzema ha vuelto a demostrar que tiene más vidas que un gato, elevándose a la estratosfera.

A una distancia sideral del irreductible monarca del continente se sitúan Milan (7), Liverpool y Bayern de Múnich (6), inmediatos aunque lejanísimos perseguidores de un club que raya la perfección en el momento decisivo: 14 asaltos victoriosos en 17 intentos.

Esa extraordinaria fiabilidad encabeza el libreto que legaron Di Stéfano y Gento, estandartes de las cinco primeras escaladas a la cima. Stade de Reims, Fiorentina, Milan, Stade de Reims de nuevo y Eintracht, en la que los más viejos del lugar consideran la mejor final de la historia, fueron claudicando de forma sucesiva. El Benfica de Eusébio y el Inter de Luis Suárez se interpusieron en el Olímpico de Ámsterdam y el Prater de Viena, respectivamente, aunque los Pirri, Amancio, Serena... le devolvieron a la cumbre batiendo al Partizán en Bruselas.

Llego entonces una larguísima sequía. El Ajax de Cruyff y el Bayern de Beckenbauer tomaron el relevo. Los años ochenta consagraron el miedo escénico, pero el principal escenario de aquellas épicas remontadas fue la Copa de la UEFA. Mas las aguas volvieron a su cauce en Ámsterdam. El equipo de Jupp Heynckes, que venía de un curso mortecino, dejó con la miel en los labios a un Juventus que se movía al dictado de Zidane y sepultó los fantasmas que atenazaban al Real Madrid.

Liberado de esos demonios, dos años después dio cuenta del Valencia en la primera final íntegramente española. Y repitió en el 2002 superando al Bayer Leverkusen en Glasgow con la pieza de museo de Zidane. La maldición de octavos segó las esperanzas blancas durante seis años. Con Carlo Ancelotti se abrieron de nuevo las puertas del cielo para el Real Madrid, que derrotó al Atlético en Lisboa en una final de infarto. Y su aventajado alumno Zidane estableció una dinastía rindiendo a los colchoneros en Milán, a la Juve en Cardiff y al Liverpool en Kiev a lomos de Cristiano. La marcha del luso convirtió en terreno yermo los sucesivos asaltos a la decimocuarta. Hasta que Benzema y Courtois volvieron a frotar la lámpara.