McIlroy y Hovland, rivales en talento y deportividad, llegan líderes al cierre del Open Británico

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RUSSELL CHEYNE | REUTERS

El norirlandés y el noruego mandan en St. Andrews después de compartir golpes brillantes y gestos de complicidad

17 jul 2022 . Actualizado a las 09:56 h.

La bola reposa en uno de los bunkers de Kruger. Así se llaman los obstáculos de arena que protegen el green del 10 del Old Course de St. Andrews. Porque cuando se crearon esas trampas los británicos peleaban en la segunda guerra de los bóeres, con Paul Kruger como presidente de Sudáfrica. Desde ese bunker dibujó el norirlandés Rory McIlroy el golpe del día en la tercera jornada del Open Británico (Golf +, 10.00). Embocó desde allí, a 24 metros de la bandera, y su eagle le sirvió para salir de allí empatado con -15 con su compañero de partida, el noruego Viktor Hovland. Fue este, su oponente, su compañero de equipo en la Ryder Cup, su amigo, el primero en felicitarle, cuando coincidieron en el tee del 11, chocando sus puños en un gesto de camaradería. Rivalidad, toda; elegancia, siempre. Un par de horas después, ambos mandan en el último grand slam del año, ambos con una tarjeta de -6 en el día para -16 en total, con cuatro de ventaja sobre Cameron Young y Cameron Smith.

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McIlroy y Hovland abrieron el sábado en el penúltimo partido del día, a tres golpes del líder, Cameron Smith, y a uno de Cameron Young. Aunque pronto tomaron el mando. McIlroy, convertido de forma involuntaria en el abanderado del golf clásico, del PGA Tour y el circuito europeo frente a LIV Golf, el calendario saudí, camina jaleado por la multitud. Tercero en el Open de St. Andrews en el 2010, en el 2015 no pudo defender en el Old Course el título que había logrado un año antes en Royal Liverpool. Hovland, de 24 años, disputa su duodécimo grand slam, en los que nunca hasta ahora llegó a pelear por una victoria el domingo. Pero su naturalidad le permite manejar la situación como si fuese un veterano: ahora una sonrisa, luego un gesto espontáneo y ninguna mala cara. Todo actitud positiva.

McIlroy se queda solo en el liderato después de un segundo tiro soberbio desde la calle en el 14, par 5, que cierra luego con un birdie. Tres hoyos después, lamenta un bogey en el 17 para volver a dejar todo como estaba. Y para que el 18 cerrase el cuadro con el que encaran el desenlace de esta tarde. Allí los dos cazaron el green desde el tee y ambos dejaron luego su bola a palmo y medio de la bandera. Este domingo volverán a compartir partida, pero con el atractivo y la jerarquía de jugar la que cierra el campeonato, el Open de la edición número 150.

St. Andrews, un campo mítico algo indefenso

Manuel Piñero

Llega el Open a un desenlace precioso entre dos jugadores por los que, además, siento predilección. Pero me gustaría hacer una reflexión más allá de la competición. Un campo como el Old Course de St. Andrews, la cuna del golf, merece que se priorice su identidad, y no que se le deje tan indefenso para facilitar el juego de los aficionados que lo disfrutan a diario como el campo público que es. Al recorrido se le han amputado zonas de peligro en varias partes. Así lo lamenté cuando presencié allí el triunfo de Tiger en el 2005. Había elementos que ayudaban a penalizar los malos golpes, mientras que ahora, eliminado ese hazard, importa menos si se conecta una mala salida. Sucede en varios lugares del campo. Por ejemplo, entre las calles del 9 y del 10 se suprimió la maleza que castigaba un primer golpe defectuoso. También se eliminaron los arbustos en la zona que separa las calles del 3 y del 14, que penalizaban las escapadas desde ambos tees. Y también había en el 17 más peligros por la izquierda que han desaparecido. Ahora el campo ha quedado más indefenso. Una pena.

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