Apaga y vámonos

Álvaro Boro

DEPORTES

Luis Enrique, derrotado ante Marruecos en Qatar
Luis Enrique, derrotado ante Marruecos en Qatar DPA vía Europa Press | EUROPAPRESS

07 dic 2022 . Actualizado a las 10:43 h.

Sin marcar goles es imposible ganar en un partido de fútbol, es de las primeras cosas que aprende un niño cuando empieza a dar patadas a un balón. Pero parece que la Selección, que tan cerca está de la niñez, ha olvidado esta lección básica. La posesión en el fútbol es como el dinero en la vida: un medio para conseguir un fin y no la meta

Contra Marruecos nos costó tanto tirar, reventar la pelota aunque acabara en el anfiteatro, que ni lo hicimos en los penaltis. Busquets, al que le despuntan las primeras canas en la barba y son como puñaladas a nuestra adolescencia, golpeo desde los once metros como lo haría un padre jugando con su hijo. Bueno, mejor dicho, como lo haría un mal padre, de estos que se dejan perder para empezar desde bien temprano a engañar y joderle la vida. Aunque siendo sincero, lo de Sergio sólo vino a ilustrar el fin de una era, la suya, y lo rápido que caemos en la sugestión en este país que engendra héroes tan rápido como los destroza. Fuimos mejores en todo menos en lo importante, que es marcar y llevarse el partido. Hubo momentos tan aburridos, y más un martes con sabor a domingo a esa hora tan española de la siesta, que daba la sensación de estar viendo un solteros contra casados de las fiestas del pueblo.

A Luis Enrique sólo le queda hacer la maleta, recoger cable y pedir perdón, porque la chulería y la soberbia sólo se permiten cuando uno es el mejor y está claro que él no está en ese selecto grupo. Que apague la luz antes de salir.

Creímos, creí, que este equipo podía llegar a la final, y nos vamos antes de cuartos, ni las maldiciones históricas nos respetan ya. Pensé en una España campeona del mundo de nuevo, unos jugadores que me hicieran volver a ese último verano eterno de los dieciocho años donde fuimos campeones, cuando ganábamos siempre y llevábamos con orgullo la casualidad de ser españoles.

Me despido de estas crónicas con la sensación de haber cosechado lo que merecimos, ni más ni menos, y con la esperanza de que estos tipos sean la base de una Selección Española del futuro: un equipo capaz de hacer un papel mejor, un equipo al que no le pido un juego ejemplar y con el que disfrutar, que también, sino ganar. Ganando uno siempre es feliz.