Sarina Wiegman, de raparse para jugar ilegalmente al fútbol a alcanzar el éxito

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DPA vía Europa Press | EUROPAPRESS

Es la única entrenadora que ha llevado a dos selecciones diferentes a dos finales de una Copa del Mundo, tanto masculina como femenina

19 ago 2023 . Actualizado a las 10:03 h.

Doce seleccionadoras arrancaron el Mundial. Solo una intentará alcanzar la gloria. Esa es Sarina Wiegman (La Haya, 1969). Nombrada tres veces como la mejor entrenadora del mundo, lleva cuatro finales consecutivas: dos con los Países Bajos (Eurocopa 2017 y Mundial 2019) y otras tantas con Inglaterra (Eurocopa 2022 y Mundial 2023). Ganó los dos torneos continentales, y en la cita mundialista se quedó con el subcampeonato tras caer ante la gigante Estados Unidos. La holandesa, sin embargo, ya ha hecho historia antes de disputar el partido ante España (domingo, 12.00 horas, La 1). Es la única entrenadora que ha llevado a dos selecciones diferentes a la final de una Copa del Mundo, tanto masculina como femenina. «Siento admiración. Al final, se necesita que las mujeres consigan grandes hitos para que hablen de ellas. Que una mujer como ella haya logrado algo que ni siquiera han conseguido en el fútbol masculino, es para admirar. Me alegra mucho que tengamos referentes así en los banquillos, de repercusión a nivel mundial», comenta Irene Ferreras, entrenadora del Dépor Abanca.

Sarina, como muchos otros, se enamoró del fútbol junto a su hermano gemelo en las calles de La Haya. En su país estaba prohibido que las niñas jugasen en equipos de chicos, pero ella no podía vivir sin dar patadas a un balón. Siendo pequeña se rapó el pelo para poder jugar con su hermano. Centrocampista bajita, y que corría de forma incansable, daba órdenes a sus compañeros en carrera. Una entrenadora en potencia.

Marcada por Estados Unidos

Así, con cortes habituales de pelo, pudo ir trampeando hasta poder unirse a un equipo femenino, y recibir la llamada de la selección con 16 años. Fue la primera en llegar a las cien internacionalidades con la Oranje —disputó 104 enfrentamientos—. Con 18 años ganó su primer trofeo, la Copa de Holanda con el Kruikelientjes ‘71.

Su carrera cambió por completo cuando alcanzó la veintena. Tomó la decisión de pasar una temporada en el extranjero, en la Universidad de Carolina del Norte. «Cambió mi vida, mi forma de pensar. Lo más importante que me llevé fue la determinación de que lo que experimenté en Estados Unidos también lo quería en los Países Bajos». Una muestra más de su frustración porque las futbolistas holandesas no obtuviesen el mismo reconocimiento.

Regresó a casa, y volvió a su vida de antes. En su año fuera el fútbol femenino no había avanzado. Tomó la decisión de formarse como profesora de educación física. Pero siguió pegada al cuero. Entrenaba con el equipo masculino de su pueblo hasta que se unió al Ter Leede, un club de Saanheim, a cuarenta minutos de La Haya. Allí estuvo nueve años, en los que ganó dos títulos de liga y una copa.

Lucha por la profesionalización

«Sarina era la capitana de mi equipo en Ter Leede. Es una persona muy ambiciosa y motivada, eso fue lo que siempre nos trasladó. Teníamos un entrenador en el banquillo, y luego estaba ella. Cuando había que elegir, siempre era ella a la que escuchábamos», recuerda en Sky Sports Jeanet van der Laan, excompañera de la seleccionadora inglesa.

Van der Laan también recuerda en The Mirror cómo Wiegamn se preocupaba por ella: «Vino a visitarme porque quería ver dónde vivía. Solo tenía una lavadora y no una secadora. Ella me dijo: ‘Hay que entrenar casi todos los días, ¿cómo vas a secar tu equipación?'. Le comenté que no tenía dinero, y ella me dio su secadora. Eso es algo que nunca olvidaré».

Sarina siguió jugando para el Ter Leede hasta los 33 años, cuando decidió formar una familia y dedicarse más a la preparación de jugadoras. Su excompañera relata que Sarina llevó a cabo un programa para la profesionalización y para que las chicas tuvieran un mayor rendimiento: horas extras y días de entrenamiento con chicos.

Poco a poco fue dejando a un lado su trabajo como profesora y viviendo con más pasión el de entrenadora. En el 2006, ya con dos hijas, volvió al Ter Leede, en esta ocasión como técnica. Un año más tarde, el fútbol femenino de los Países Bajos vivió una revolución: se creó la primera liga femenina profesional. Y, entonces, apareció el ADO Den Haag, uno de los equipos fundadores del nuevo campeonato. La propuesta de fichar a Sarina cuajó, y la holandesa llegó al club.

«Trató de luchar en todo momento para que pudiéramos dedicarnos exclusivamente al fútbol. Estaba tratando de romper todas las barreras», comenta Leonne Stentler, una de las jugadoras a las que entrenó.

Éxito y etapa internacional

El éxito de Sarina llamó la atención a la federación holandesa. En el 2014 firmó como entrenadora asistente de la selección de Países Bajos y coordinadora de la sub-19. Pero dejó a un lado su experiencia internacional para convertirse, en el 2015, en la primera mujer en entrenar un equipo masculino holandés, el Sparta de Róterdam. El principio de su éxito. En diciembre del 2016 asumió el puesto de seleccionadora absoluta de su país. Dirigió a la Oranje en la Eurocopa del 2017, levantando el trofeo siendo anfitriona. Dos años más tarde, llevó a la selección a la final del Mundial.

En agosto del 2020 apareció un nuevo desafío en su carrera. Y no dudó en aceptarlo. Fue anunciada como la nueva entrenadora de Inglaterra, la primera técnica no británica en asumir el cargo. Desde que dirige a The Lionesses tan solo ha perdido un partido (un amisto contra Australia) y ha empatado cinco. Uno de ellos, ante España. Sarina va de éxito en éxito. Y el domingo quiere el siguiente.