Max Verstappen, la apisonadora de Mad Max

JOSEMA LOUREIRO / P. G. REDACCIÓN / LA VOZ

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HAMAD I MOHAMMED | REUTERS

El belga hijo de pilotos que se siente neerlandés y rompió la hegemonía de Hamilton forjó su radical competitividad al abrigo de un padre extremadamente rígido

07 oct 2023 . Actualizado a las 21:50 h.

A menudo se dice que el automovilismo es algo que se lleva en la sangre. En el caso de Max Verstappen (Hasselt, Bélgica, 1997), no cabe duda de que su idilio con el motor viene de cuna. El ya tricampeón del mundo de fórmula 1 nació en Bélgica, en el seno de una familia de pilotos; tanto su madre, Sophie Kumpen, como su padre, Jos Verstappen, compitieron durante años. Max se siente cómodo en ese ambiente, pues su pareja es Kelly Piquet, hija del legendario tricampeón del mundo Nelson Piquet.

Jos, expiloto de fórmula 1, le inculcó desde pequeño el cariño por el mundo del motor, y pronto comenzaría a estrenarse sobre un kart. En pocos años, el piloto neerlandés ya se había convertido en una de las grandes promesas del panorama mundial, luchando mano a mano con rivales como Charles Leclerc.

En su último año en el kárting, el neerlandés hizo pleno en las diferentes categorías en las que participó. En dichas categorías, Verstappen comenzó a dejar entrever el porqué de su apelativo: Mad Max. Competitivo y agresivo, el piloto neerlandés se ha caracterizado por la toma de riesgos dentro de la pista, cuestión por la que no siempre ha sido el más popular. Este hecho converge con la rígida formación establecida por su padre durante su adolescencia en busca de que Max alcanzase lo que él nunca pudo cumplir: la gloria en la fórmula uno. «En una carrera por el campeonato mundial del 2012, me estrellé. Estaba molesto, pero mi padre se enfadó mucho», señala Verstappen.

Entre el 2013 y el 2014, el neerlandés dio un paso adelante. En un ambicioso movimiento tras probar en diferentes equipos, monoplazas y circuitos, a Max le llegó su primera oportunidad fuera de los karts: la fórmula 3 europea.

Un paso arriesgado

Max llegó al discreto equipo Van Amersfoort y se postulaba como una de las principales promesas del panorama internacional. Voces autorizadas del mundo del automovilismo reconocían su talento. «Apuesto a que será piloto de fórmula 1 en tres años, aunque no haya hecho una sola carrera con un monoplaza», apuntaba Trevor Carlin, a la cabeza del equipo Carlin.

Max tardó apenas seis carreras para adaptarse a la categoría. Se hizo con la victoria en Hockenheim y, tras ella, consiguió seis más de forma consecutiva. El neerlandés se las vio en esta ocasión con un duro oponente como Esteban Ocon. El francés ganó el campeonato, pero Max se ganó la plaza como piloto probador de Toro Rosso.

El león muestra sus garras

En el 2015, el filial energético brindó sus dos asientos a los dos pilotos más prometedores de su academia: Carlos Sainz y Max Verstappen. En un año de competición encarnizada entre ambos, Max, que todavía no tenía siquiera su permiso de conducir dada su corta edad, fue nombrado el mejor debutante del año.

Su solidez en Toro Rosso le valió el pase a Red Bull, donde sustituyó a Kvyat, que volvió a la escudería de desarrollo. Desde su llegada al equipo energético, Max comenzó a destapar el carácter competitivo que había mostrado previamente, mejorando año a año y manteniéndose al acecho. En años en los que la fórmula 1 apostaba por productos como la serie de Netflix Drive to Survive, Max se mantenía al margen, centrado en ganar: «Creo que ese tipo de programas dramatizan demasiado el deporte».

Red Bull encontró la piedra de toque en el 2021. La tiranía de Hamilton al frente de la clasificación parecía inquebrantable. Pero su lucha contra sí mismo para superar los siete títulos mundiales de Michael Schumacher se encontró con un obstáculo en forma de Red Bull.

En un inmejorable final para los energéticos, Max se impuso en la última vuelta del gran premio de Abu Dabi, coronándose campeón por primera vez.

Desde entonces, el tricampeón del mundo se ha consolidado y ya cuenta con tres títulos en su haber a bordo de su apisonadora. Tal es su dominio y superioridad sobre sus rivales que sus patrocinadores se han quejado de que la retransmisión de televisión ni siquiera lo enfoca, mientras, plácidamente, encadena victoria tras victoria en solitario cada semana de competición.