Regresó tras 349 días inactivo para vencer en Brisbane a Thiem por 7-5 y 6-1
02 ene 2024 . Actualizado a las 18:34 h.Las fiestas navideñas suelen ser un punto de encuentro de las familias, cuyos integrantes acuden desde donde estén a la casa de los padres, para celebrar juntos las fiestas más entrañables del año.
Papa Noel y los Reyes Magos llenan las ilusiones de los niños, y los reencuentros de los adultos proporcionan una ilusión superior a la de cualquier otra fiesta del año.
Sin embargo, este año, para la mayoría de las familias, habrá un atractivo adicional, ya que pocas son las familias que no consideran a Rafa Nadal como parte de ellas. Una persona con la que han compartido más de veinte años de alegrías gracias a sus triunfos, de orgullo por su forma de obtenerlos, de tristeza por sus lesiones, de admiración por sus recuperaciones, de sentirse partícipes de una forma de ser y actuar, y de un comportamiento que es un ejemplo en cualquier faceta de la vida.
Ayer, en Brisbane, Rafa después de 349 días inactivo, y con 37 años, afrontó su regreso tras una lesión, en un partido que solo había perdido en una ocasión, con Coric en el 2022. Enfrente un rival como Dominic Thiem, que conoce bien la dificultad que conlleva volver a la élite cuando las lesiones interfieren.
Nadal sacó extraordinariamente bien, sabiendo que le faltaría rodaje en el resto, y tras un primer set igualado, consiguió un break suficiente para apuntarse el primer set. En el segundo, el español jugó mucho más suelto, manteniendo la regularidad en su servicio, y dominando con claridad al austríaco.
Su alegría al acabar el partido, supone la satisfacción de tantos días inactivos, de la operación quirúrgica, de tantos días entrenándose a diversos ritmos, con distintos rivales (Gasquet, Flis, Munar,…), midiendo las respuestas de su cuerpo a cada esfuerzo, tratando de que le permitiese volver a jugar el circuito.
La vuelta se ha producido, y dadas las fechas, en casi todas las casas se hablará del regreso de Rafa Nadal. Del mérito que tiene, de si sus objetivos principales son Roland Garros y los Juegos Olímpicos de París (en tierra), y sobre todo, le pedirán a los Reyes Magos que le ayuden a mantener su cuerpo sin lesiones, que de la parte mental ya se encarga él.
No sabemos si se repetirá el año que viene, pero hay que disfrutar de este: Rafa Nadal vuelve por Navidad, y como siempre, de que sale a una pista a darlo todo.
De cara a los objetivos que mencionábamos antes, jugar un torneo tan duro como Australia me parece arriesgado, pero el tenista español sabe mejor que nadie lo que necesita: rodarse y comprobar las reacciones de su cuerpo en partidos duros, para saber si puede ser tan competitivo como cuando se lesionó. Ojalá sea así, porque se lo merece con creces.