Lucía García, futbolista: «Quedan muchas cosas por hacer pero desde que empecé hay muchísimo cambio»

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

DEPORTES

La jugadora de fútbol asturiana Lucía García
La jugadora de fútbol asturiana Lucía García JuanJo Martín

La deportista de Pola del Pino debutó a los 15 años en el Oviedo Moderno y, tras pasar por el Athletic de Bilbao y el Manchester United, ahora juega con las Rayadas de Monterrey (México)

12 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Lucía García es la única niña de un grupo de cuatrillizos nacidos en 1998 en Barakaldo que se vinieron a vivir al poco tiempo a La Pola del Pino, la Pola más pequeña de Asturias, situada en el concejo de Aller, con poco más de medio centenar de habitantes. Allí fue donde crecieron los cuatro, donde fraguaron el carácter desde su infancia. Y lo más curioso de todo es que fue ella, y no sus hermanos, la única en aficionarse al fútbol, un deporte que acabaría convirtiéndose en su profesión.

Ante ese panorama, sin hermanos que la acompañasen y en un pueblo tan pequeño, en su infancia no le quedó más remedio que jugar con algunos chicos «a los que engañaba» y, en muchas ocasiones, hacerlo sola. «Me pasaba tocando el balón contra la pared casi todo el rato», recuerda.

«Dar la talla nos sirvió, tuvimos la suerte de que no vivimos ningún problema de discriminación»

Tenía buenas maneras desde un principio, y el hecho de haber nacido entre hombres la convirtió en una chica bastante dura. Eso hizo que no tuviera ninguna dificultad para jugar con los chicos en el colegio y en la calle. «Estábamos otra chica y yo, y como éramos buenas, los niños querían jugar con nosotras; dar la talla nos sirvió, tuvimos la suerte de que no vivimos ningún problema de discriminación», y eso que jugaban casi siempre con chicos mayores que ella.

De niña, jugó un par de años en un equipo de fútbol sala en Cabañaquinta, la capital del concejo de Aller, y no tardó en llamar la atención con su habilidad. Cursaba primero de Educación Secundaria Obligatoria cuando un profesor de Educación Física la animó a hacer una prueba en el Oviedo Moderno, el club pionero del fútbol femenino asturiano, hoy integrado en el Real Oviedo, que la admitió al instante. Allí siguió curtiéndose desde un primer momento y demostrando un empuje que todavía hoy conserva.

«Ahora la gente llega a profesional mucho más tarde, porque hay mucha competencia, es cada vez más difícil»

Su talento no tardó en despuntar. Tenía trece años cuando llegó a Oviedo. La primera temporada la jugó en el equipo C del club ovetense, y a la siguiente, con tan solo 15 años, ya la integraron en el primer equipo, en Primera División.

A pesar de este ascenso a la élite tan acelerado, sigue mostrándose humilde respecto a su aterrizaje en el fútbol. «Ahora hay mucho más nivel y llegar es más difícil; las fichas desde hace diez años han subido más de un 60 por ciento; yo estaba en las categorías de abajo, tuve mucha suerte y fui una privilegiada; ahora la gente llega a profesional mucho más tarde, porque hay mucha competencia, es cada vez más difícil y la gente está muy preparada», asegura.

De aquella primera temporada tiene muy buenos recuerdos. «Fue una etapa muy bonita, todo era muy nuevo, viajábamos en autobús por la noche y yo maduré muy rápido». A tan corta edad se enfrentó a las primeras espadas de equipos como el Barcelona, el Valencia, el Levante o el Atlético de Madrid.

Cree, asimismo, que tuvo suerte de empezar tan joven, porque «al ser una niña pequeña te da una fuerza y garra diferentes, es como que te da lo mismo, esa inocencia me vino bien, no era consciente de lo que había».

Estuvo en el Oviedo Moderno hasta los 18 años, y a esa edad fichó por el Athletic de Bilbao, club en el que duró seis años. «Era un equipo muy profesional, muy nuevo para mí, y al principio fue duro, porque me fui de casa muy joven, era un cambio muy grande, pero pronto se convirtió en una experiencia muy buena; el primer año fui a una residencia y el segundo, a una casa con dos compañeras; al principio te sientes muy sola, es un poco complicado, estaba acostumbrada a estar con mi madre, que te ayuda y te desahoga; pero con el tiempo me rodeé de buenas compañeras y todo fue muy bien; hice unas amistades que me llevo», relata.

«Para una chica de pueblo como yo, aquello fue un salto enorme»

El año antes de su llegada, el Athletic Club había ganado la liga española. «Yo venía de bajar con el Oviedo, así que el contraste fue brutal», señala. Además, estaban las infraestructuras: el campo, las instalaciones, la forma en que trabajaban. «Para una chica de pueblo como yo, aquello fue un salto enorme».

Otro gran salto fue del Athletic Club al Manchester United. Confiesa que le costó adaptarse al club, en primer lugar porque «iba justa de inglés»; además, era un país nuevo, culturas diferentes, un fútbol diferente. Pero se adaptó. «A los seis meses ya era una mancunian más. La gente me trató muy bien y la adaptación fue rápida, aunque al principio fue durilla». Y lo mejor de todo: consiguió uno de sus grandes hitos, ganar la FA Cup femenina en la temporada 2023-2024, un torneo en el que tuvo un protagonismo especial. En la final marcó dos goles y fue elegida mejor jugadora del partido.

«Estaba muy contenta, muy feliz, aprendí mucho, porque es un fútbol que me gusta mucho». En la final lograba, además, resarcirse del resultado de la temporada anterior. «El primer año en Manchester perdimos la final contra el Chelsea. Se me quedó una espina clavada; yo ya sabía que me iba cuando jugué la final, y no quería marcharme sin ganar».

Nueva etapa en México

Porque es una mujer inquieta, que quiere emprender aventuras, y la última ha sido cruzar el charco para jugar en México, con las Rayadas de Monterrey. Aterrizó el año pasado para jugar dos temporadas y ya ha conseguido su primer título: el trofeo Clausura. «Me va esto de cambiar muy rápido y muy diferente; tuve ofertas de todos los lados, entonces me apareció esta y me dije: ¿por qué no? Si no me voy ya, con 35 años no lo voy a hacer», relata.

Está contenta con la liga mexicana, una liga muy nueva, creada hace siete años, que es «muy profesional; hay muchas cosas que mejorar, pero para llevar ese tiempo creo que está muy bien». La conciencia de que está lejos le llega cuando habla con su madre: «me pregunta todos los días si voy a volver». Ella, por lo pronto, se quedará dos temporadas y, a partir de ahí, tomará nuevas decisiones.

«Cuando llegue el momento decidiré. Seis meses antes veré qué hacer y qué no. Estos dos años en México son para hacer sí o sí», sostiene. Una vez allí, quizá tome nuevas decisiones de cambio, porque parece que está en su ADN, aunque aún no sabe hacia dónde irá su carrera. «Estados Unidos está entre mis probabilidades. Es una opción que tengo en la cabeza».

«Ir a la selección es un premio, una recompensa a todo el trabajo que estás haciendo en tu club»

Lucía García ha sido también habitual en la selección española, en la que debutó ya con 18 años. «He sido una jugadora que no ha sido de las más importantes nunca, pero llevo en la selección desde muy joven y ya he pasado por dos entrenadores; pasito a pasito llevo ya casi ocho años, yendo siempre o casi siempre. Al final, ir a la selección es un premio, una recompensa a todo el trabajo que estás haciendo en tu club».

Su presencia en la selección tiene mucho que ver con su talento, pero también con su propio empeño. Lucía tiene claro que sin trabajo, sin hacer todo lo posible por estar arriba, es complicado que las cosas acaben saliendo, y lucha sin descanso con ese propósito. «Soy una persona muy trabajadora. Nunca he sido una estrella, pero siempre he estado ahí», asegura.

Ella está entre las que se fueron a causa de un conflicto con el entrenador, que enconó mucho el ambiente en el vestuario de la selección. Pero acabó regresando, y no se arrepintió de haberlo hecho. «Cuando volví, tuve la sensación de que me quité un peso». Y además consiguió un título: la UEFA Nations League, en la temporada 2023-2024. «Fue brutal, no me lo esperaba; nunca habíamos tenido la suerte de ganar nada aunque jugamos muy bien; fue una felicidad tremenda, una final muy bonita contra Francia, que es una selección muy potente», recuerda.

Estar en la selección española, tal como ella lo define, parece ser una síntesis de lo que significa el fútbol para esta deportista asturiana. «La selección, para mí, es sinónimo de trabajo duro y alegría, para mí ese es el resumen». Y en ello está. Está en España desde principios de mayo y no ha dejado de trabajar desde entonces. Aunque, obviamente, se ha encontrado con sus raíces y ha retomado el contacto con su familia, algo siempre bueno, su intención es ser una de las elegidas por Montse Tomé para disputar la Eurocopa el próximo mes de julio, y no pierde la ocasión de prepararse duramente para ello. «El 26 de junio sale la siguiente convocatoria, y yo ya estoy entrenando por mi cuenta desde que llegué para intentar estar ahí».

Hay algo muy destacable que parece ir parejo a la trayectoria de Lucía García: la propia evolución del fútbol femenino. Hasta hace unos pocos años, la dedicación tanto de los clubes como de las propias deportistas era muy poco significativa. Lucía García se ha curtido en la calle, algo que está muy bien tanto para hombres como para mujeres, pero también ha conseguido formar parte de una élite cada vez más inaccesible, tanto por la calidad como por la cantidad de mujeres que practican hoy el fútbol. El ascenso de las categorías femeninas del fútbol ha sido meteórico en España, tanto en práctica como en impacto, que pasó de ser un deporte residual a empezar a mover masas. «Desde que yo empecé hubo un cambio de un 95 por ciento; nosotras entrenábamos en hierba artificial, en medio campo compartiendo con otros y por la noche; ahora es diferente, quedan muchas cosas por hacer, pero desde que yo empecé hay muchísimo cambio», concluye.