Los 120 años del Sporting y sus cuatro décadas en el infierno

Alejando Vigil Morán

DEPORTES

08 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Los 120 años de historia son un patrimonio enorme. Una identidad construida con el trabajo de generaciones, con el sudor de Quini, con la épica de Preciado, con la fidelidad de una afición que ha llenado El Molinón en Segunda con la misma entrega que lo hizo en los días europeos.

¿Qué pensaría Anselmo López sobre su Real Sporting de Gijón en este 2026? Frente a la opinión mayoritaria de la afición sportinguista, seguramente estaría orgulloso de ver convertido en un fenómeno de masas al club que fundó junto a sus amigos en la playa de San Lorenzo. Todos debemos mirar hacia atrás y estar agradecidos por los antepasados que han hecho posible este sentimiento, que se hereda de padres a hijos.

Anselmo López no vio el gran Molinón. Ni a Quini. Ni los grandes derbis asturianos en Primera. Ni las noches europeas. No vivió nada grandioso, pero tampoco el declive de las últimas 4 décadas, en las que el Sporting ha pasado de ser un histórico de Primera división a ser un mítico de Segunda división, donde ya lidera el grueso de las estadísticas.

Aunque desde Asturias no seamos conscientes, para las personas nacidas a partir de los años 90, los habituales de Primera división ya son escuadras como el Getafe y el Villarreal, cuyos propietarios pueden gustar más o menos, pero lograron coger las olas de las SAD, del boom televisivo, el posterior repartido centralizado, y el dinero de CVC, del que los madrileños cobraron el triple y el Villarreal el cuádruple. Y es que de eso va el fútbol en estos tiempos, de dinero y de gestión, los más de 20.000 abonados anuales podemos ser un apoyo extra en el campo, como las mareonas sportinguistas, pero no marcan las diferencias de antaño en esta categoría.

Ese es el reto de Orlegi, sacar al Sporting del pozo de la Segunda división cuanto antes, una liga en la que su estructura y sus instalaciones de élite pueden llegar a ser, irónicamente, un lastre para salir a competir con ventaja frente a equipos como el Burgos o el Alcorcón de turno, que ponen todos los huevos en la cesta de los 23 futbolistas de la plantilla profesional. Obviamente, cuando llega una hornada competitiva te da esos jugadores extra que te llevan a asomar la cabeza en la liga de las estrellas, el problema viene cuando algunos de los más talentosos se van a otras canteras con más dinero, como viene ocurriendo en los últimos años.

Por contra, en Primera división sí habría presupuesto para explotar al máximo las flamantes instalaciones rojiblancas. Se podría profesionalizar a los empleados, retener a los talentos y captar para la residencia a jóvenes promesas de fuera de la región asturiana, todo cambia. Al igual que se pondría en el escaparate internacional a las leyendas sportinguistas, al estadio más longevo del fútbol español y los 120 años de tradición, todos esos detalles que ayudan a sumar ingresos extra cuando compites en el primer nivel, pero que se quedan opacados en el fango de la categoría de plata del fútbol español.

Racing de Santander, Alavés, Levante, Girona, Recreativo de Huelva, Mallorca, Espanyol, Celta de Vigo, Villarreal, Real Sociedad, Rayo Vallecano, Getafe, Málaga, Real Zaragoza, Deportivo, Osasuna,... Entre otras, son las escuadras de un tamaño similar o inferior a la sportinguista que durante este siglo lograron participar al menos una vez en competición europea, y/o en una final de la Copa del Rey. Por contra, en Asturias hemos celebrado, y mucho, 2 ascensos que evitaron la quiebra total con la familia Fernández al mando. En ambos casos con deudas e impagos a los protagonistas, que en un gran gesto de profesionalidad bajo el mando de Manolo Preciado y de Abelardo Fernández, lograron salvar a la SAD.

Y hablando de salvaciones, qué menos podían haber hecho los Fernández que destinar una parte de los ingresos por la venta del Sporting a recomprar la Escuela de Fútbol de Mareo, devolviendo el dinero público del 'rescate financiero' que les pagó el Ayuntamiento de Gijón, con el dinero de todos, cuando Juan Arango dijo el ya mítico «véndovos Mareo».  Nos merecemos una gran alegría, pero por desgracia, esto no va de merecimientos, va de invertir y de gestionar, de hacer más con menos para alcanzar la gloria.