La voz femenina del Sporting

Ismael Díaz Galán

DEPORTES

La voz femenina del Sporting
La voz femenina del Sporting

09 may 2026 . Actualizado a las 09:21 h.

Cuando mi admirado Alejandro Vigil me pidió una valoración sobre el pasado y futuro del fútbol femenino del Sporting para celebrar la efeméride de los ciento veinte años de existencia del club, me vino a la cabeza una foto.

No fui nunca muy amigo de volver la cara ante las injusticias. Jamás fui acomodaticio; tal vez por ello fui incómodo en espacios y con personas estrechas de miras. Y no pediré perdón: gracias a ello pude crear situaciones, espacios e ideas nuevas que generaron —y algunas aún generan— beneficios a los clubes por los que anduve.

Aquella foto debía vestir de largo una iniciativa que se me había ocurrido dos años antes: quitarle el «burka» a tantas niñas que jugaban al fútbol en lo oscuro y que emergieron con las Escuelas de Iniciación impulsadas por la directiva encabezada por Plácido Rodríguez.

Solo una directiva como aquella, repleta de profesores universitarios y con la primera mujer directiva del fútbol profesional español, Margarita Díaz Braña, podía dar viabilidad a un proyecto tan democrático. Permitía el acceso a instalaciones privilegiadas a quienes quedaban fuera del sistema: niños sin encaje en equipos, chavales del ámbito rural y, más tarde, alumnos con otras capacidades. Y, cómo no, empezaron a llegar niñas.

De ahí surgió la primera Escuela de Fútbol femenino de un equipo de Primera División. Existían equipos femeninos, pero no una estructura formativa completa como la que creamos en el Sporting.

Un año después nació el primer equipo de competición, que tuve el honor de dirigir y acompañar en su ascenso a Primera. Entonces no entendí por qué nadie quiso entrenarlas. Años después comprendí aún menos cuando mi representante eliminó ese episodio de mi currículum por las críticas recibidas en Portugal por entrenar a niñas. Rectifiqué al entender que el progreso profesional nunca debe ir contra la dignidad personal.

La foto protagonista no fue fácil. En un club sin aquella directiva, la casposidad machista dificultaba lo más básico: desde no querer a chicas en Mareo hasta soportar comentarios que prefiero no reproducir.

Por ello me empeñé en que la presentación del primer equipo sénior femenino se asemejase a la del primer equipo masculino: en El Molinón, con protocolo, banderas y autoridades. Incluso a costa de la ausencia de nuestra capitana, Montse Sirgo, por no obtener permiso laboral.

El presidente no pudo estar, pero sí el director general, Herminio Menéndez. Convencer a la máxima autoridad moral del sportinguismo, mi hermano, el Brujo, fue sencillo.

La repercusión fue nacional: apareció en los principales diarios deportivos y generalistas, e incluso en revistas del corazón.

Pero hoy, en esa foto, solo veo historias de superación que, en un ambiente hostil, contribuyeron a un cambio social enorme que abrió el camino al actual momento del fútbol femenino español.

Niñas que renunciaban a cosas básicas para tener un balón mientras a sus hermanos se los regalaban. Que soportaban insultos o cuestionamientos por jugar. Recuerdo a una que, siendo mejor que sus amigos, dependía de que la avisaran cuando llegaba su padre para abandonar el partido a tiempo.

Aquella foto avergonzó al poder del club de entonces y lo injusto es que, más de 30 años después, siga haciéndolo. No está en el Museo ni existe reconocimiento a aquellas pioneras. Algunas son hoy madres de niños que juegan en el Sporting y a quienes se les ha arrebatado el orgullo de mostrar su papel en la conquista de derechos.

Sobre el futuro del fútbol femenino del Sporting, será el que la sociedad obligue a sus dirigentes. El club, en este aspecto, se parece a quienes niegan actitudes discriminatorias escudándose en tener amigos diversos.

La sección femenina subsiste porque da buena imagen, siempre que no incomode ni resulte costosa. No nace de una convicción, sino del marketing, y en ese contexto es difícil augurar un gran futuro.

Ojalá las generaciones actuales recojan el espíritu de aquellas pioneras y nadie vuelva a hacerlas retroceder.

Gracias, Alejandro, por permitirme participar en esta efeméride y, desde la admiración por la afición, pedirles que exijan a sus dirigentes respeto y justa valoración de su historia, especialmente en los momentos en que el club fue referente.