Rayan, la joya de la Canarinha forjada en São Januário

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Rayan, durante el partido de Brasil ante Escocia.
Rayan, durante el partido de Brasil ante Escocia. AFP7 vía Europa Press

Nació y creció en una favela junto al estadio del Vasco da Gama, una zona controlada por narcotraficantes, y con 19 años brilla con Brasil en el Mundial

29 jun 2026 . Actualizado a las 18:43 h.

La historia de Rayan, el jugador más joven de la selección brasileña en este Mundial —nació en agosto del 2006—, no se entendería sin el Vasco da Gama. «Son pocos los futbolistas de 19 años que juegan una Copa del Mundo. Soy un chico de favela, voy a disfrutar el momento», contó recién concentrado con la Canarinha, todavía en Brasil. Porque Rayan creció en la favela Barreira do Vasco, conocida por sus fuertes vínculos con el Vasco da Gama y ubicada en una antigua zona pantanosa.

Los terrenos se cedieron a la iglesia católica en 1930 para que personas sin recursos construyesen sus viviendas frente al estadio São Januário. Sin agua y con solo dos manantiales para toda la comunidad, hasta los años 90 no comenzaron los trabajos de saneamiento básicos. Calles estrechas e inseguras, en las que se escuchaban frecuentemente sonidos de disparos, permaneció bajo el control de narcotraficantes hasta mediados del 2013. Todavía hoy la comunidad, de 20.000 personas, continúa luchando por una renovación.

En ese rudo entorno comenzó a forjarse Rayan, ahora protagonista principal de los murales a color que decoran los rincones de la favela. Hijo de Valkmar, exjugador del Vasco da Gama, siguió los pasos de su padre. Aunque es su tío quien, hoy en día, se lleva el mérito de descubrirle con apenas 4 años. Por aquel entonces ya era habitual verle competir por el balón con niños mayores que él. «Siempre fue muy tímido. No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, era de fútbol. Ese era su idioma. Siempre fue delantero, siempre le gustó marcar goles. Era lo suyo. Regateaba por la banda y marcaba. Si tenías el balón y se lo pasabas a Rayan, era gol», afirmó su tío Carlão en O Globo.

Rayan, que adquirió su regate y técnica jugando al fútbol sala, tenía siete años cuando comenzó a formarse en el Vasco da Gama. Allí aprendió de Romario y Roberto Dinamite. «Mucha gente aparecerá en el camino, pero ten siempre presentes a tus padres, ellos son quienes realmente se preocupan por ti. Te espera un largo camino. Quiero estar vivo para verte marcar goles aquí», le había dicho el histórico jugador del club.

No lo logró. Dinamite falleció a principios del 2023. Diez días después, Rayan debutó como profesional. Esa temporada terminó como el cuarto máximo goleador de la liga brasileña. Era un indiscutible cuando llegó Coutinho. «Es una joya excepcional. Un chico estupendo, trabaja muchísimo. Tiene los pies en la tierra y es muy humilde, estoy seguro de que le espera un futuro muy brillante», dijo impresionado.

Rayan abandonó la favela cuando dejó Brasil. Fue a principios de este año, al firmar por el Bournemouth inglés. En sus primeros tres partidos marcó dos goles. Terminó el curso con cinco.

Hoy se mide a Japón

Su irrupción en el Mundial de la mano de la Canarinha también ha sido meteórica. Fue titular ante Escocia en sustitución de Raphinha, lesionado, y se convirtió en el brasileño más joven en jugar una Copa del Mundo desde 1970. Durante el calentamiento en Miami se quedó mirando el estadio. «Recordaba los momentos que viví. Sé el sufrimiento que he pasado y, ahora, siento mucho orgullo».

Brasil y Rayan tienen un nuevo reto: los dieciseisavos ante Japón (19.00 horas, La 1). «Amigo... déjame decirte que no sé cuál es el jugador más peligroso de Japón», reconoció. Hoy se enfrenta al orden y la velocidad de los Samuráis Azules.