Con las cautelas que cualquier partido de fútbol requiere, esta España es netamente superior. Yo no encuentro ningún jugador en Austria que se acerque siquiera a la calidad o al nivel que tiene Pedri, Rodri o Lamine Yamal, por ejemplo. Eso no quiere decir que la presa vaya a ser sencilla. La selección austríaca es un combinado muy físico, que lleva los duelos hasta el límite, presiona con mucha intensidad y va a buscar incomodar lo más posible esa posesión con la que le gusta dominar los partidos a España.
Austria tiene en Ralf Rangnick un entrenador que tiene las ideas muy claras. Que ha tenido éxito con ellas, sobre todo en su etapa en el Hoffenheim alemán, y que cuenta con unos jugadores que creen en ellas a raja tabla. Eso es lo que más destaca de Austria. La confianza que tiene en el modelo que ha impuesto Rangnick y que les ha traído hasta este Mundial. No es un equipo que te espere, que se encierre en un bloque muy bajo, destaca mucho más por hacerte frente y no dejarte pensar. En eso basa su éxito, en la idea colectiva, ya que no cuenta con un futbolista estrella especialmente desequilibrante a la hora de marcar las diferencias.
España va a tener que jugar rápido, a pocos toques, para eludir esa presión intensa sobre el jugador que van a realizar los austríacos. Tendrá que tener mucha circulación de balón y mucha agilidad mental. De la Fuente pierde con las bajas de Nico Williams y Pino desborde en los extremos, pero ha recuperado a un jugador determinante como Lamine Yamal y ha encontrado en Baena la solución que le permite darle más recorrido también por banda a Cucurella y generar peligro. Salvo Alemania, las grandes están cumpliendo y sus estrellas están dando un paso al frente. España debería estar entre ellas.