El rosarino apenas participó en la final mundialista, a la que guio a Argentina con varias actuaciones de mérito
20 jul 2026 . Actualizado a las 00:45 h.Leo Messi (Rosario, Argentina, 1987) y Argentina sucumbieron este domingo, en una tarde gris del capitán. Apenas participó en el encuentro, pero esto no cambia su historia. Su Mundial ha sido fantástico. Pieza clave del combinado de Scaloni, los años parecen no haber pasado para él, como si hubiera rejuvenecido en su estadía en Miami. 8 goles y 4 asistencias lo convirtieron en uno de los mejores del torneo.
En Norteamérica reafirmó que sigue siendo uno de los mejores, al ser capaz de brillar ante las grandes estrellas de la actualidad. Solo Mbappé, desapercibido ante España, convirtió más tantos. Atrás quedaron otros grandes cracs —ya convertidos en leyendas— que, junto a Leo, se exhibían en todos los campos del mundo.
Cristiano Ronaldo, su gran rival, cayó en octavos ante los de Luis de la Fuente y, tras el sexto varapalo mundialista, vio morir sus opciones de llevar a Portugal a lo más alto; Luka Modric, capitán general del mejor equipo croata de la historia, dijo adiós al torneo frente a los lusos, después de dos participaciones memorables (en el 2018 y en el 2022); y Neymar Júnior, convocado in extremis por Carlo Ancelotti, se marchó en octavos y confirmó las sospechas de que sus mejores años eran cosa del pasado.
Escenario significativo
El MetLife Stadium de Nueva Jersey no es un lugar cualquiera para el astro argentino, que ayer regresó al escenario donde, diez años atrás, estuvo a punto de poner fina su etapa en la Albiceleste. «Se acabó, para mí, la selección», llegó a decir tras caer en los penaltis en la final de la Copa América ante Chile en el 2016. Los once metros castigaron por segundo año consecutivo al cuadro del Tata Martino y abrieron una herida que el 10 pudo cerrar con los años.
La carrera del rosarino, más allá de sus títulos y estadísticas, siempre ha estado marcada por la eterna comparación con Diego Armando Maradona. La victoria en México 1986 trascendió más allá del fútbol. No fue sencillo ponerse a la altura del Pibe de Oro.
Incapaz de vencer con Argentina, Messi fue vilipendiado por los seguidores de su propio país, que le achacaban que solo rendía con el Barcelona. Todo cambió en el 2021, cuando un gol de Di María permitió a los de Scaloni asaltar el Maracaná. Les esperaba la gloria mundialista, que alcanzarían al año siguiente. Un nuevo triunfo continental certificó el perdón de una hinchada que ahora lo adora. Ante España no fue su día, pero seguirá siendo el mismo.