Argentina fue la nada. La Pampa en el más crudo invierno. Salieron a por los penaltis. Increíble. Desde el primer minuto. El anti fútbol. No nos sacudieron de forma tan escandalosa como a los ingleses. No había Malvinas de por medio. Pero se dedicaron a golpear en vez de a golear. Deberían de prohibir esa forma de competir. O que lo hagan en alguna categoría de boxeo. El único juego lo puso España. El Dibu sacó dos. El árbitro también tenía que haber expulsado a Paredes. Su apellido tiene que ver más con el cemento armado que con las paredes que enlazó España todo el encuentro. Llegamos a la prórroga con el partido ganado a los puntos, pero eso no sirve de nada. Nos anularon un gol totalmente legal en el tiempo extra. De Nico Williams. Un escándalo que quedará en la carrera de un árbitro rácano con las tarjetas. Los cambios de España que hizo Luis de la Fuente fueron para ganar el título. Los de Scaloni, que se ve que no aprendió nada de fútbol en A Coruña, para garantizar la muerte súbita de los penaltis. Ni la peor Italia campeonó de esta manera. Materazzi tendría sitio en esta Albiceleste. Mikel Merino falló de cabeza una ocasión clarísima. Y el tiempo se agotaba. Llegó el gol de Ferran de mi vida. Y la pena máxima fue lo que se extendió por Argentina.
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