Argentina, una indigna finalista: poco fútbol y muchas marrullerías

Iván Antelo REDACCIÓN

DEPORTES

Momento del empujón de Paredes y Almada a Gavi tras el final del duelo
Momento del empujón de Paredes y Almada a Gavi tras el final del duelo Dylan Martinez | REUTERS

La Albiceleste solo permitió que se jugaran 57 de los 120 minutos del duelo

21 jul 2026 . Actualizado a las 09:04 h.

Argentina se plantó en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá como la número 1 del ránking y como la defensora del título. Sin embargo, completó una final infame, una de las más pobres que algún finalista haya jugado en la historia de la Copa del Mundo.

Sin tiros entre palos

La Albiceleste abandonó Nueva Jersey sin disparar entre los tres palos. Su única aproximación con relativo peligro fue un remate desviado de Giuliano Simeone en el minuto 122. En solo dos ocasiones anteriores un finalista del Mundial se fue del partido sin probar al portero rival. Y curiosamente ambas también habían tenido a Argentina como protagonista: en el Mundial de Italia 1990 y en el de Brasil 2014. Había caído en ambas contra Alemania por 1-0.

35 % de posesión

La selección de Scaloni apenas tuvo el balón y se vio claramente superada por un rival que le arrebató la pelota. Los argentinos llegaron a la final como la selección con más pases del Mundial, pero en la final completaron la mitad que su adversario (774-357). Solo tuvo la pelota en un 35 % del duelo.

Únicamente tres centros

Argentina renunció a jugar por las bandas. Dentro de un contexto en el que priorizó su defensa sobre el juego combinativo, se limitó a atacar con balones largos desde su zaga para intentar cazar a España en alguna contra. En más de 120 minutos, solo realizó tres centros desde los costados, cuando ante Inglaterra habían sido su principal baza. Los de De la Fuente hicieron 18.

Ocho toques dentro del área

Hasta el minuto 106 en el que marcó Ferran Torres, la Albiceleste solo había logrado tocar tres balones dentro del área de España (0 en la primera parte). Y en el tramo final, obligado por el resultado, dio otros cinco. Fueron solo ocho en todo el encuentro por los 42 de la Roja.

La desconexión de Messi

Durante 65 minutos, Messi solo tocó un balón en el campo contrario. Fruto del arreón final argentino, legó hasta los siete contactos con la pelota en el último tercio, una cifra ridícula para uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. Con la Pulga desactivada, fue todo más sencillo para cimentar la victoria de España.

Solo permitió jugar 57 minutos, 28 entre la segunda parte y una ridícula prórroga de ocho

La Albiceleste trató de sacar a España del encuentro a base de todo tipo de marrullerías. La patada de Mac Allister a Dani Olmo nada más comenzar (min 16) fue la carta de presentación y la comprobación de que el colegiado iba a ser permisivo, pues saldó la acción con una falta y una charla. También le perdonó la tarjeta a Tagliafico en otra acción sobre Lamine Yamal (28). A cada infracción le seguían minutos de protestas con las que conseguía cortar el ritmo de juego español. En realidad, el número de faltas no fue muy elevado (24 señaladas a Argentina), lo que supone una cada cinco minutos. El dato realmente revelador es el de tiempo efectivo real; 29 minutos y 42 segundos en la primera parte; 19.15 en la segunda y 8.21 en la prórroga y 57.18 en total.

La FIFA investiga el bochornoso epílogo: peleas y mal perder al dar la espalda al campeón

El planteamiento de partido y el comportamiento de los jugadores argentinos durante los 120 minutos de la final podrían tener una cierta justificación. No es la primera vez, ni será la última en el fútbol, que un equipo que se siente inferior trata de frenar al rival a base de interrupciones y artimañas.

Pero lo sucedido durante la celebración española tiene poca excusa. Nada más sonar el silbato, Rodri Hernández, que había sido sustituido durante la prórroga, corrió desde la banda a abrazar a sus compañeros. En ese momento, Nahuel Molina se cruzó en su trayectoria, golpeándolo de malos modos. A partir de ahí, peleas múltiples.

El más guerrillero de todos los jugadores sudamericanos fue Leandro Paredes. Suplente, salió a jugar tras el descanso y, nada más ingresar al campo, realizó una entrada muy fea a Laporte que le valió la amarilla. Fue la primera de sus siete faltas (casi un tercio de las que hizo toda Argentina), algunas de ellas bruscas, que debieron haberle costado no terminar el duelo.

Paredes aprovechó el mal gesto de Molina con Rodri para liderar una tangara. Agarró del cuello a Eric García (uno de los jugadores más tranquilos y fríos de la selección española) y, acto seguido, cuando Gavi fue a defender a su compañero, empujó al centrocampista del Barça, ayudado por Thiago Almada. Por todo esto, el árbitro le mostró la roja, con lo que será sancionado; pero obvió cómo el segundo entrenador, Roberto Ayala, le daba un puñetazo en la cara a Olmo.

Argentina tampoco se comportó en la ceremonia de entrega de premios. Le dio la espalda y no aplaudió a España en el momento que esta recibía las medallas y la copa de campeona.

La FIFA ha anunciado que abrirá una investigación para ver si se produjeron hechos sancionables.

Leandro Paredes: Un largo historial conflictivo

No es la primera vez que Leandro Paredes protagoniza acciones antideportivas en un campo de fútbol. En el Mundial de Catar le dio un violento pelotazo al banquillo de los Países Bajos. El balón golpeó en un asiento, pero provocó que todos los suplentes neerlandeses saltasen al campo a por él, al entender que había sido malintencionado.

En la Copa América 2021, Paredes, junto a De Paul y Lo Celso, lideró cánticos de burla contra Brasil y algunos periodistas.

En el 2020, el clásico del fútbol francés entre el PSG y el Marsella terminó con una histórica batalla campal y cinco expulsados, Entre ellos Paredes, que empujó violentamente y por la espalda a Darío Benedetto.

En el 2023, en su etapa en la Juve, en un partido de Europa League contra el Sporting de Portugal, Allegri llamó a Paredes para que entrase en los minutos finales del duelo y le dijo al técnico que no saldría al campo porque ya le había regalado su camiseta a un aficionado. En el 2024, en el Roma, batió el récord histórico de tarjetas recibidas (15 amarillas y una roja).

En la Copa América del 2024, le clavó los tacos en el muslo a Richard Ríos, durante las semifinales. Al detenerse el juego, comenzó a hacer gestos hacia los jugadores colombianos diciéndoles que lloraban demasiado.

Y así un largo etcétera.