Ferran Torres, el otro Iniesta de nuestras vidas: «Es una liberación, quiero estrujar la copa»

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Ferran Torres y Nico Williams celebran el gol del valenciano que dio a España el título.
Ferran Torres y Nico Williams celebran el gol del valenciano que dio a España el título. Mike Segar | REUTERS

El valenciano, que sufrió una dura depresión tras la eliminación en el último Mundial, entra por la puerta grande en el imaginario colectivo de España

20 jul 2026 . Actualizado a las 12:33 h.

Ferran de mi vida. Con la izquierda, tras un cabeceo de Nico Williams desde la línea de fondo. En el 106. Diez minutos antes que Andrés Iniesta en Johannesburgo. Ferran Torres García (Foios, 2000) tenía la estrella. Tras el Mundial de Catar, contó que cayó en una profunda depresión. «Llegué a preguntarme si podría volver a ser importante». Pidió ayuda a un psicólogo. «No quería admitir que estaba mal. Sabía que me había descentrado, que no entrenaba tanto, que no echaba las horas, que no me preparaba. Todo el mundo sabía que yo no estaba bien menos yo». Ferran contó que se culpó de la derrota ante Marruecos en octavos de final. «Me iba a casa y quería matar a alguien. Fue un año durísimo». Ferran asomó del agujero. Compartió el último Zarra como mejor goleador español con Lamine Yamal. De la Fuente nunca le regateó la confianza. «España ha ganado con él un grandísimo delantero centro». No estaba siendo este su Mundial. Había marrado varias ocasiones claras. Ante Arabia, se viralizó su imagen ansiosa mientras aguardaba por la decisión del VAR. «Por favor, que sea gol». Se lo anularon.

El Tiburón aniquiló a una Argentina que duró demasiado con vida. No tuvo remates en todo el primer tiempo. Fue la primera vez en este Mundial, donde promediaba cuatro por partido. El descanso duró exactamente 27 minutos y 24 segundos, solo dos minutos menos que el tiempo de juego efectivo del primer tiempo (29.42). Cosas del fútbol en América. Argentina tampoco tuvo remates en la segunda parte. Ninguno. Completó los 90 minutos con su registro de posesión más bajo en un Mundial en 60 años. En el primer cuarto de hora, Messi había tocado la pelota una sola vez. En el saque inicial.

De entre todos los de Scaloni, el que más veces entró en contacto con la pelota fue el Dibu. Era sintomático, pero España no era capaz de rebasarlo. Y, cuando al fin lo consiguió, el esloveno Vincic hizo sonar su silbato justo antes de que Nico Williams rematase a placer. En el Mundial de los alardes tecnológicos, Vincic sopló para evitar la revisión de la jugada que valía un título.

Solo hubo un equipo de principio a fin y ese fue España. Más y mejor en todas las estadísticas que explican el fútbol. Pero, por algo este deporte mueve lo que mueve. Argentina seguía imbatida y a España le seguía haciendo falta un héroe. Alguien que evitara la tortura de los penaltis. El fútbol le tenía reservado a Ferran el premio gordo. Y el MVP de la final. El final hollywoodense.

«Esto es una liberación enorme; he sido muy criticado, pero Dios siempre me da la fuerza que necesito. Quiero coger la copa y estrujarla», estalló Ferran. «Este gol ha sido de 47 millones de personas y de los 26 jugadores. Es lo de menos que lo haya marcado yo». Ferran entró al partido pasada la hora de juego. Es la segunda vez que un suplente decide con su gol un Mundial. La otra fue Götze, en el 2014. La víctima también fue Argentina. «El destino estaba escrito». España ya tiene a otro Iniesta en su vida.