El gran torneo del fútbol inmortalizó más momentos que los estrictamente competitivos. Desde Infantino intentando «borrar» a Trump de la foto hasta un fenómeno llamado Keyne
21 jul 2026 . Actualizado a las 09:05 h.Seguro que no pensaba Donald Trump que uno de sus rivales geopolíticos le iba a meter el gol definitivo en su propia casa. El presidente de Estados Unidos solo apareció en su Mundial —con permiso de México y Canadá— una vez y tuvo que ver cómo su criticada España, «terrible aliada de la OTAN», bordaba su segunda estrella en la capital del mundo, Nueva York. A Trump apenas se le vio unos segundos en el palco. Fue una retransmisión antiabucheos, pero el hecho de que estuviese junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, su homóloga mexicana, Claudia Sheinbaum, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, deja una de esas imágenes que hablan de la magia de lo inesperado. Que su íntimo amigo Gianni Infantino estuviese a su lado, le dio cierta gracia al momento, pero el propio presidente de la FIFA se vio apurado cuando, durante la entrega de la Copa del Mundo, intentó borrar de la foto al magnate. Hasta el propio Rodri Hernández probó a acompañarle fuera de foco poniéndole la mano en la espalda. ¿Salió en la imagen? Por supuesto. Y ahí estará para la historia como lo estarán los apretones de manos de los campeones, entre ellos el gallego Borja Iglesias que, protocolarios, no quisieron compartir charla con el hombre más poderoso del mundo.
Este Mundial «Superestrella», por el hit de Aitana que la propia plantilla asumió como propio, tuvo su momento Super Bowl. Un medio tiempo con tal cantidad de estrellas, que pocos eventos deportivos podrían repetir. Justin Bieber, BTS, Madonna o la abonada al campeonato, Shakira, no hicieron saltar los plomos de la emoción de los aficionados, pero solo ver la puesta en escena ya fue un espectáculo. Aquellos que esperaban al Coldplay más puro se quedaron con las ganas. Su momento junto al coro infantil neoyorquino PS22 Chorus fue aún más colectivo cuando se unieron la propia Shakira y Gustavo Dudamel con los Muppets. Ni siquiera fue fácil ver a Chris Martin porque, como director creativo del evento, se mantuvo en un discreto segundo, por no decir quinto, plano. Nada que ver con otro de los estallidos de purpurina que deja la Copa del Mundo. El niño más famoso del torneo se llama Keyne y el domingo fue protagonista de más fotos que muchos futbolistas. A sus tres años, el hermano pequeño de Lamine Yamal lo tiene todo para seguir siendo un fenómeno viral de categoría crónica. «Me recuerda a un hombre en un cuerpo de niño pequeño».
El delantero del Barcelona no pudo condensar más en menos palabras. Keyne chuta un balón. Keyne abraza con pasión. Keyne ve la final con la gorra de La Patrulla Canina. Keyne se desmonta como un señor mayor con un gol de España. Así, cualquier momento imaginable puede llevar el rostro espontáneo del pequeño «amor» de Lamine.
Para el recuerdo de este Mundial queda también el poder del paso del tiempo y la nostalgia. Esos 16 años que han pasado desde que Iniesta bordase la primera estrella. El 12 de julio del 2010, apenas unas horas después de haber conquistado Johannesburgo, Iker Casillas entregaba la copa a la princesa Leonor y a la infanta Sofía, que tenían cuatro y tres años.
Ajenas al fenómeno, estaban abrazando el primer título planetario de aquella selección de los Pujol, Reina, Iniesta o Capdevila. Ahora, se ha renovado la generación de «superestrellas». Sus apellidos: Torres, Williams o Yamal.