La aerodinámica llega al sujetador: el Tour de Francia femenino se enfrenta una polémica inédita

Ana Iglesias Lago
ANA IGLESIAS LA VOZ

DEPORTES

Imagen de la primera etapa del Tour de Francia femenino, el pasado fin de semana en Lausane (Suiza)
Imagen de la primera etapa del Tour de Francia femenino, el pasado fin de semana en Lausane (Suiza) JEAN-CHRISTOPHE BOTT | EFE

La sospecha de que varias ciclistas están utilizando esta prenda con rellenos de espuma diseñados para alterar la morfología del torso y ganar segundos en las contrarreloj ha encendido el debate en el pelotón internacional

03 ago 2026 . Actualizado a las 17:26 h.

La sospecha de que algunas ciclistas podrían estar utilizando sujetadores deportivos con relleno para modificar la forma del torso y obtener una ligera ventaja aerodinámica ha abierto una inesperada controversia en el Tour de Francia femenino que se está disputando actualmente. En un deporte donde las diferencias entre la victoria y la derrota se miden en milésimas de segundo, los equipos dedican millones de euros a ensayos en túneles de viento, tejidos de baja fricción o cascos de diseño futurista. Sin embargo, la última gran polémica en el pelotón femenino involucra una prenda de uso cotidiano: el sujetador deportivo. 

La alarma saltó tras una investigación del medio especializado neerlandés WierlerFlits, que sacó a la luz las crecientes quejas de varias estructuras del WorldTour femenino. Según estas denuncias, algunas corredoras habrían estado utilizando rellenos acolchados y espumas moldeadas bajo el maillot para modificar de forma artificial el volumen y el perfil del pecho durante las pruebas individuales contrarreloj. 

Esta práctica, bautizada en el ámbito técnico como chest fairing, busca suavizar la transición del flujo de aire entre la cabeza, los brazos y el torso de la ciclista cuando se adopta la posición de acople. Al redondear y canalizar la zona frontal del cuerpo, se reduce la turbulencia de aire, lo que se traduce en una menor resistencia aerodinámica y una ganancia directa de velocidad con el mismo esfuerzo físico. 

La controversia no gira alrededor de la comodidad o el soporte anatómico de las ciclistas, sino en la intencionalidad del diseño de la prenda. El reglamento de la Unión Ciclista Internacional (UCI) es contundente al respecto. En su artículo 1.3.033, el organismo rector prohíbe explícitamente el uso de cualquier elemento o accesorio cuyo único propósito sea mejorar la aerodinámica o alterar la morfología natural del corredor. 

La normativa establece claramente que las prendas de vestir deben ajustarse a la anatomía real de la persona y no pueden incluir inserciones rígidas o espumas de modelado. «Se permite la innovación textil y el uso de tejidos con texturas específicas para encauzar la capa límite del aire, pero está tajantemente prohibido meter objetos, bolsas de líquido o espumas suplementarias debajo del mono de competición para cambiar la silueta del cuerpo», señalan desde el comité técnico. 

El antecedente directo de esta disputa ocurrió en el ciclismo masculino con las conocidas «bolsas de hielo». En días de calor extremo, era habitual que los corredores se colocaran media con hielo en la espalda o el pecho para refrigerarse. No obstante, la UCI tuvo que regular y sancionar el tamaño y la ubicación de estas bolsas tras detectar que algunos equipos las utilizaban de forma estratégica debajo del maillot para crear un perfil aerodinámico favorable a los tramos llanos. 

Ante la inminencia de etapas decisivas de contrarreloj, la presión sobre los comisarios internacionales se ha multiplicado. Diversos directores deportivos han solicitado que se implementen verificaciones rigurosas en la rampa de salida. Sin embargo, la naturaleza intrínseca de la sospecha plantea un dilema delicado: la inspección de prendas íntimas femeninas exige protocolos de máxima sensibilidad respecto a la privacidad. 

La UCI estudia la viabilidad de utilizar escáneres térmicos o sensores de densidad no invasivos en la zona de verificación previa a las contrarrelojes, evitando registros físicos que resulten incómodos o invasivos para las corredoras. 

Entre las ciclistas, las opiniones están divididas. Mientras algunas exigen mano dura para evitar el dopaje tecnológico en cualquier prenda, otras lamentan que la atención mediática se desvíe hacia aspectos íntimos en lugar del espectáculo deportivo. 

Lo único cierto es que la polémica del sujetador aerodinámico ha reabierto el eterno debate del ciclismo moderno: la delgada línea que separa la picaresca de la ingeniería de vanguardia. La pelota está ahora en el tejado de la UCI, que deberá actuar con rapidez y contundencia para garantizar una competición justa y libre de sospechas en las etapas más decisivas del calendario internacional.