Paula Amor cierra su etapa en el Club de Natación Ciudad de Oviedo tras 41 años a pie de piscina

Ainara Álvarez REDACCIÓN

DEPORTES

Paula Amor nadadora
Paula Amor nadadora Club de Natación Ciudad de Oviedo

La entrenadora pone fin a una trayectoria que comenzó cuando tenía diez años y que la llevó de nadadora a monitoria, entrenadora y directora deportiva

01 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Durante más de cuatro décadas hubo algo que se repitió cada septiembre en el Club Natación Ciudad de Oviedo: Paula Amor estaba allí. Al borde de la piscina, pendiente de los entrenamientos, de las competiciones y de los nadadores que han pasado por sus grupos. Este año será diferente. Después de 41 temporadas, la entrenadora ha decidido cerrar su etapa en el club y dedicar su tiempo a otros proyectos.

No ha sido una decisión sencilla para alguien cuya vida ha estado ligada al CNCO. Durante los últimos cuatro años, además, Amor ha compaginado su trabajo en la entidad con otra ocupación. La combinación terminó siendo difícil de mantener y acabó llevándola a tomar una decisión que llevaba tiempo madurando. «Veo que no puedo con ello», explica. También considera que, después de tantos años, «estaría bien un cambio de aires en el club».

Su trayectoria tampoco ha pasado desapercibida para la entidad. La junta directiva quiso reconocer sus 41 años de dedicación con un homenaje a través de las redes sociales, donde destacó su esfuerzo, compromiso y ayuda durante todo este tiempo. 

La despedida se produce, además, después de haber recorrido prácticamente todos los caminos posibles dentro de la entidad. Amor llegó como nadadora, pasó después por la escuela como monitora, comenzó a entrenar grupos de competición y terminó asumiendo la dirección deportiva. Todo comenzó, sin embargo, mucho antes de que imaginara que acabaría dedicándose profesionalmente a la natación.

Tenía diez años cuando entró en la Escuela de Natación de Oviedo. Había llegado a la ciudad desde Madrid apenas un año antes y fue Teresa Rodríguez quien la llevó al club en 1985. La pequeña Paula se incorporó directamente al grupo de competición y se encontró con un deporte que todavía estaba empezando a descubrir.

Su primera carrera llegó prácticamente nada más empezar. Apenas llevaba una semana entrenando cuando tuvo que lanzarse a disputar los 100 metros braza. Todavía tenía dificultades incluso para tirarse de cabeza y aquella primera experiencia estuvo lejos de ser brillante, terminó muy por detrás de sus rivales. «La penúltima nadadora me sacó quince metros», recuerda.

La historia cambió a partir de ahí. La braza terminó convirtiéndose en su especialidad y los 200 metros, en su prueba. Durante su etapa como nadadora consiguió títulos y medallas en campeonatos de Asturias y llegó a competir al máximo nivel nacional. Su mejor resultado fue un cuarto puesto en los 200 braza del Campeonato de España de Verano de 1991, en Zaragoza.

Entre todas aquellas competiciones conserva recuerdos muy diferentes, desde aquella primera carrera en la que apenas sabía cómo tirarse al agua hasta el campeonato en el que consiguió meterse en una final nacional contra todo pronóstico. También recuerda especialmente el último Campeonato de España que disputó, donde consiguió su mejor marca después de una temporada complicada.

Una entrenadora casi sin proponérselo

El salto al otro lado del borde de la piscina no fue algo que Amor hubiera planeado. Mientras todavía estaba vinculada a la escuela como monitora, le ofrecieron hacerse cargo de un grupo de benjamines. La propuesta no necesitó demasiado tiempo de reflexión. «Ni me lo pensé», cuenta.

Paula Amor entrenadora
Paula Amor entrenadora Club de Natación Ciudad de Oviedo

Aquella oportunidad terminó convirtiéndose en una profesión y, con el paso de los años, en una parte fundamental de su identidad. Pero mientras su trayectoria avanzaba, también lo hacía la del propio club, que tuvo que acostumbrarse a superar dificultades y a buscar soluciones allí donde las había.

En CN Ciudad de Oviedo no siempre tuvo una piscina estable. El cierre de la antigua instalación de El Cristo en 1989 obligó a trasladar los entrenamientos al CAU mientras se construía la actual. Los horarios se desplazaron hasta la última hora de la tarde y el equipo podía salir del agua cerca de las once de la noche. Para completar la preparación física, el trabajo en seco se realizaba en la cafetería de la piscina de verano de San Lázaro.

Y todavía quedaba otro contratiempo. El techo del CAU se cayó y el club tuvo que volver a buscar dónde entrenar. La natación ovetense fue pasando así por diferentes instalaciones, algunas hoy desaparecidas, como la piscina de Pénjamo, en La Felguera, además del Asturcón, Otero, San Lázaro o el Parque del Oeste.

Fueron años en los que mantener la actividad ya era un triunfo. A los problemas de instalaciones se sumaron posteriormente graves dificultades económicas y una situación de fuerte competencia con la creación de otro club. Amor recuerda aquel periodo como uno de los momentos en los que la entidad estuvo más cerca de desaparecer. 

La respuesta fue reforzar los vínculos entre quienes formaban parte del equipo. La entrenadora considera que las dificultades hicieron que padres, nadadores y trabajadores vivieran el club de una manera especialmente intensa, hasta el punto de funcionar «casi como una familia».

Esa forma de entender la natación también ha cambiado con el tiempo. Después de 41 años, Amor ha visto cómo se transformaba la relación entre los deportistas, sus familias y los clubes. Su impresión es que antes existía un grado de implicación diferente, porque «tanto los padres como los nadadores vivíamos el club y la natación de otra manera».

Mucho más que resultados 

En todo este tiempo, la entrenadora ha compartido piscina con varias generaciones y con numerosos compañeros. También ha conocido diferentes etapas de la dirección del club y ha visto cómo cambiaban sus estructuras y sus equipos de trabajo.

Pero cuando echa la vista atrás, los resultados deportivos no son lo primero que aparece. Lo que más valora son los momentos en los que un deportista consigue aquello por lo que lleva meses trabajando. Esa satisfacción, dice, llega «cada vez que un nadador o una nadadora alcanza sus objetivos».

Por encima de las medallas quedan, además, los vínculos creados durante tantos años. La relación con sus nadadores es precisamente lo que más importancia tiene para ella y una de las cosas que hará más difícil acostumbrarse a no formar parte del día a día del club.

Porque si algo va a echar de menos cuando llegue septiembre, serán ellos. Amor seguirá sus resultados y su evolución, pero ya no estará allí para acompañarles desde el borde de la piscina. También le costará separarse de sus compañeros, con los que ha acumulado miles de horas de trabajo, y de un mundo de competición al que ha pertenecido prácticamente desde que era una niña.

Una nueva etapa

El final de su vinculación llegó el pasado mes de julio. Ahora comienza una etapa diferente, con otros proyectos y con la intención de afrontarlos de una manera más tranquila.

Eso no significa que haya dejado de importarle el club. Al contrario, cuando piensa en el CN Ciudad de Oviedo dentro de diez años, lo que imagina es más grande y con mejores resultados, capaz de consolidarse como «el club de referencia en Asturias».

Es también la forma que tiene de mirar su propia despedida: dejando espacio para que la entidad continúe creciendo y para que nuevas generaciones ocupen los carriles que durante tantos años ha visto llenarse.

A quienes han pasado por sus grupos les pide, sobre todo, que conserven el vínculo con el club. Su deseo es haber conseguido transmitir el mismo cariño que ella siente por la entidad y que entiendan que la natación puede ser mucho más que un deporte. «Que sientan que el club es parte importante de su vida, como lo es de la mía», resume.