Nicolás de las Heras, el farmacéutico asturiano que se llevó la plata mundial de 100 kilómetros: «Vivo al límite»

Ainara Álvarez REDACCIÓN

DEPORTES

Nicolás de las Heras en la meta
Nicolás de las Heras en la meta nicodelasheras

El atleta de 61 años compagina su trabajo en una farmacia de Grado con hasta 15 horas semanales de entrenamiento y carreras de ultrafondo de hasta 48 horas: «La motivación es la que te impulsa»

03 oct 2026 . Actualizado a las 11:39 h.

Nicolás de las Heras tiene 61 años, regenta una farmacia en Grado y, cuando termina su jornada laboral, se calza unas zapatillas para enfrentarse a distancias que para muchos parecen imposibles. El pasado fin de semana volvió a demostrarlo al conquistar la medalla de plata en el Mundial de 100 kilómetros en la categoría Máster 60, después de completar la prueba en 9 horas.

Pero para el atleta asturiano la medalla es solo una parte de la historia. Detrás de ese segundo puesto mundial hay años de entrenamiento y una rutina que le obliga a encajar el deporte de alto nivel entre el trabajo y la vida familiar. «Lo más complicado y lo más satisfactorio es saber encajar eso», explica. «Voy al límite, vivo al límite», reconoce. 

De las Heras entrena seis días a la semana y, en esta preparación, ha dedicado alrededor de 15 horas semanales al entrenamiento. Una cifra que, según explica, es incluso inferior a lo que suele realizar habitualmente. Los corredores especializados en pruebas de 24 horas pueden superar los 200 kilómetros durante las semanas de mayor intensidad. 

Su rutina pasa por aprovechar cualquier hueco. Si tiene que volver a trabajar por la tarde, aprovecha ese intervalo para correr durante una hora y cuarto, una hora y media o dos horas. Después, comida rápida y de nuevo «al pie del cañón».

Esa forma de entender el deporte explica también por qué no le resulta extraño volver al trabajo después de una competición extrema. De hecho, ya lo ha hecho después de carreras de 24 horas en las que apenas ha dormido. «Me viene bien que no altere mi vida profesional, que el deporte sea un complemento, pero que no lo altere», señala. 

«Psicológicamente fue el momento más complicado»

La plata mundial llegó después de una carrera especialmente exigente. La prueba se disputó con temperaturas elevadas, en un circuito de cinco kilómetros al que los participantes tuvieron que dar 20 vueltas. De las Heras recuerda que se llegaron a mencionar temperaturas de entre 35 y 36 grados, aunque la sensación térmica fue todavía mayor. 

El momento complicado apareció alrededor del kilómetro 55. El asturiano acababa de colocarse tercero, pero, lejos de servirle como motivación, su ritmo cayó de manera repentina. «Ahí sufrí durante una o dos vueltas», explica.

Fue entonces cuando tuvo que cambiar el planteamiento y asumir que la carrera ya no consistía en mantener el ritmo que había previsto, sino en resistir. «Había que poner el modo piloto automático y resistir para llegar a meta», recuerda.

Superado ese momento, volvió a encontrar estabilidad y continuó avanzando hasta alcanzar la segunda posición. Al cruzar la meta, la sensación no fue tanto de euforia como de tranquilidad de haber cumplido con el trabajo que se había marcado. «La satisfacción de haberlo dado todo es lo más importante», recuerda.

 De la farmacia al ultrafondo 

Aunque su profesión y su deporte pueden parecer dos mundos completamente diferentes, De las Heras ha conseguido convertir ambos en parte de una misma rutina. Su trabajo como farmacéutico, reconoce, no ha tenido una influencia determinante en su rendimiento deportivo, aunque sí le ha permitido conocer mejor algunos aspectos relacionados con el funcionamiento del cuerpo humano y la salud.

Su verdadera escuela ha sido la experiencia acumulada durante años corriendo. «Ha sido más el sentido común de ir practicando el deporte, ir observando, ir conociéndote», explica. Y ahí encuentra precisamente una de las razones por las que le apasiona el ultrafondo: descubrir hasta dónde puede llegar el cuerpo humano.

De las Heras participa habitualmente en pruebas de 24 horas y también ha competido en distancias de 48 horas. Forma parte de la selección española absoluta de 24 horas, disciplina en la que se proclamó campeón del mundo máster.

En esas carreras, la capacidad física se mezcla con la mental. El atleta explica que en las pruebas de 24 horas apenas se detiene: come y bebe mientras corre y solo para brevemente cuando es necesario. En las competiciones de 48 horas, el descanso puede reducirse a apenas unos minutos. 

«Si me lo dicen hace 20 años, diría que es imposible», reconoce. Sin embargo, después de años llevando su cuerpo al límite, considera que muchas de esas capacidades están al alcance de más personas de lo que parece. «A base de esfuerzo y trabajo, el ser humano tiene esas capacidades», sostiene.

El próximo reto, todavía en el aire

A pesar de haber conseguido una nueva medalla mundial, Nicolás de las Heras no tiene claro todavía cuál será su próximo gran desafío. En marzo logró recorrer 407 kilómetros en una prueba de 48 horas, estableciendo el récord de España absoluto, aunque terminó con la sensación de que podría haber llegado todavía más lejos.

Una lesión previa le obligó a caminar durante las últimas horas y se quedó con la duda de qué habría ocurrido de haber podido continuar corriendo. «Siempre me quedará esa espinita», reconoce. Por eso, todavía se plantea si volver a intentarlo el próximo año. Sabe que una carrera de 48 horas supone llevar «el límite al límite» y que no es una decisión sencilla.

Mientras tanto, seguirá combinando su farmacia en Grado con entrenamientos y carreras de ultrafondo. Porque, para él, la clave no está únicamente en la capacidad física. «La motiviación es la que te impulsa», resume.