Tiempo compartido contra la soledad: así es el nuevo programa de acompañamiento para mayores en Asturias
La iniciativa, impulsada por la Consejería de Derechos Sociales, conecta a voluntarios y a personas mayores para facilitar su día a día, ayudarlos en trámites cotidianos, favorecer la participación social y fortalecer los lazos comunitarios
Hay ayudas que no se miden en cifras ni en estadísticas. A veces consisten simplemente en llamar a una puerta, ayudar a bajar unas escaleras, acompañar a alguien hasta una actividad o compartir conversación durante el trayecto. Pequeños gestos que, sin embargo, pueden marcar una enorme diferencia en la vida de una persona mayor.
Con esa filosofía nace en Asturias un nuevo programa de voluntariado y acompañamiento social impulsado en colaboración con centros de mayores y entidades especializadas. Su objetivo es tan sencillo como ambicioso. Combatir la soledad no deseada, favorecer la participación social y facilitar que las personas mayores puedan seguir disfrutando de las actividades de su entorno.
El proyecto comenzó a tomar forma a finales del pasado mes de febrero. Según explica Gely González, coordinadora del programa, la iniciativa surgió tras detectar una necesidad creciente de apoyo cotidiano entre muchas personas mayores, y fue aprobada por la Dirección General de Mayores de la consejería.
«Nos contactaron con la idea de trabajar la soledad no deseada y hacer más partícipes a las personas mayores en su entorno más próximo y en su barrio», señala. A partir de ahí, se inició un trabajo conjunto con distintos centros para diseñar proyectos adaptados a las necesidades reales de sus usuarios.
En el Centro de Día Covadonga, en Oviedo, una de las semillas del programa nació precisamente de quienes mejor conocen la realidad diaria de sus instalaciones. Tal y como recuerda la voluntaria Paula Marina, la propuesta apareció durante un proceso de evaluación interna. «A través de unas encuestas de satisfacción del centro donde nos preguntan qué proyectos nos gustaría comenzar, a una compañera se le ocurrió la idea del acompañamiento».
La respuesta no tardó en llegar. Varias personas vinculadas al centro decidieron dar un paso adelante y convertirse en voluntarias. Pilar Álvarez fue una de ellas. «Nos mandaron un mensaje por WhatsApp indicando que estaban creando un programa y buscaban gente voluntaria para acompañar a los usuarios», explica.
Más allá de la ayuda puntual, el programa busca derribar barreras que muchas veces pasan desapercibidas. La digitalización de los servicios, las dificultades de movilidad o simplemente la falta de compañía pueden convertirse en obstáculos que limitan la participación social de muchas personas mayores.
«Hay personas que requieren apoyo para realizar pequeñas gestiones, acudir a actividades, ir al banco o al médico», explica Gely González. Aunque actualmente la mayor parte de las solicitudes están relacionadas con el acceso a las actividades de los propios centros, el acompañamiento está pensado para responder a distintas necesidades del día a día.
Una de las beneficiarias del programa es Teresa González. Gracias a la ayuda de las voluntarias puede acudir regularmente a las actividades que tanto disfruta. «Yo tengo escaleras en mi portal, llevo andador y la puerta pesa una barbaridad. Mi hija trabaja por las mañanas, así que, si no me acompañasen, no podría venir a mis dos o tres clases a la semana, que para mí son una maravilla», relata.
Su caso refleja perfectamente el espíritu de la iniciativa. No se trata únicamente de prestar apoyo físico, sino de facilitar que las personas mantengan su autonomía, sus relaciones sociales y una vida activa.
Y es que la oferta de actividades en este tipo de centros es amplia. Desde pilates, yoga, suelo pélvico, hasta actividades cognitivas como talleres de memoria, inglés, risoterapia, lectura, escritura creativa, teatro dramatizado o canto, son solo algunas de las propuestas que llenan de actividad estas instalaciones.
Para Teresa, el impacto es evidente. «Hay mucha gente en casa sin ánimo o mal de salud, y venir a una clase de risoterapia o de costura les cambia totalmente la vida».
Pero si algo destaca en las conversaciones con participantes y coordinadoras es que el beneficio del programa no fluye en una sola dirección. Las propias voluntarias hablan de una experiencia enriquecedora también para ellas.
«El voluntariado no es solamente acompañar a la persona; yo también me siento acompañada», afirma Irma Ayala, que acompaña habitualmente a Teresa. «Me sirve para evadirme y tener con quién hablar. Me siento útil y satisfecha, porque a nuestras edades la soledad es muy mala». Paula Marina coincide plenamente con esa visión. «El voluntariado ayuda tanto a quienes lo dan como a quienes lo reciben».
Detrás de cada acompañamiento existe además una estructura profesional que aporta seguridad y confianza tanto a las personas usuarias como a quienes colaboran de forma altruista. Todas las personas voluntarias reciben formación específica, firman un acuerdo de compromiso y cuentan con cobertura de seguro.
«Les enseñamos que la relación debe ser horizontal. La persona que acompaña no tiene que organizar la vida del usuario ni dar consejos médicos o económicos», explica Gely González. También se establecen protocolos claros de actuación y una guía de buenas prácticas que ayuda a garantizar una experiencia positiva para todas las partes.
Ese respaldo resulta fundamental para generar confianza. «Al usuario le da seguridad. Sabes que llamas a una persona responsable y de confianza», apunta Paula Marina.
Aunque el programa acaba de arrancar y todavía se encuentra en una fase inicial de desarrollo, sus impulsoras consideran que su potencial es enorme. El principal reto ahora es darlo a conocer para que más personas puedan beneficiarse de él.
«Cualquier persona que conozca el proyecto, necesite ayuda y encaje con lo que los voluntarios pueden ofrecer, puede solicitarlo. Todavía estamos en fase de arranque y necesitamos que nos conozcan», explica Gely González.
La experiencia de las primeras participantes demuestra que el acompañamiento social puede convertirse en una herramienta eficaz para fortalecer la comunidad, combatir el aislamiento y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
Porque, como resume la propia coordinadora, existen cosas cuyo valor va mucho más allá de lo económico: «Hay sensaciones que tienen un valor incalculable, y entre ellas está acompañar a personas que nos necesitan».
Y precisamente ahí reside la esencia de este programa, cuya misión es transformar el tiempo compartido en bienestar, participación y nuevas oportunidades para seguir formando parte activa de la vida del barrio y de la comunidad. 2026 es el Año Internacional de los Voluntarios para el Desarrollo Sostenible, por ello la Consejería está fomentando acciones como esta en la red de centros sociales y centros de día del Principado.