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Fomentar la autonomía de las personas mayores, impulsar las relaciones sociales y favorecer su desarrollo cognitivo son algunos de los principales objetivos del Programa de Atención a la Fragilidad promovido por la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar del Principado de Asturias.

Esta iniciativa, centrada en la prevención de la fragilidad en las personas mayores, comenzó hace tres años en cinco centros sociales del Principado. En la actualidad ya se ha extendido a otros dos, y el objetivo es que el próximo año esté implantada en toda la región. El programa cuenta actualmente con 148 usuarios, doce de los cuales acuden cada mañana al Centro de Día para Mayores Dependientes y Social de Personas Mayores de El Llano.

Héctor Herrería

Ermitas, Eloy, Marga o Lali, entre otros, se reúnen de 10.00 a 11.00 horas para participar en los distintos talleres incluidos en el proyecto. «Los lunes tenemos gimnasia con Ainara y los martes pintura con Paloma», explica Delia. Los miércoles llega el día favorito de muchos de los participantes: el Espacio Café, dirigido por David. Allí, Vesi, Candi o Placeres comparten experiencias, recuerdan anécdotas de su juventud, hablan de sus inquietudes y encuentran un lugar donde expresarse y compartir sus reflexiones. Los jueves es el turno de la musicoterapia con Ana, «que canta maravillosamente», comenta Candi. Y los viernes están dedicados a los talleres de memoria, con Mónica.

El objetivo principal de estas actividades, explica María José Conejo, trabajadora social del Centro Social de El Llano, es «retrasar situaciones de dependencia en aquellas personas que todavía mantienen autonomía, a través del desarrollo cognitivo, las relaciones sociales y actividades que trabajan tanto el área funcional como la cognitiva, favoreciendo también el desarrollo emocional».

María José Conejo, trabajadora social del Centro Social de El Llano
María José Conejo, trabajadora social del Centro Social de El Llano Héctor Herrería

Los talleres están dirigidos por un equipo de cinco profesionales especializados en distintas disciplinas, entre los que se encuentran psicólogos, terapeutas ocupacionales y artistas con experiencia en el trabajo con personas mayores, lo que permite ofrecer una atención integral adaptada a las necesidades de los participantes.

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Cada mañana, de lunes a viernes, Jesús, Emilio y Maxi, algunos de los participantes más veteranos, acuden puntualmente a las diez para compartir las actividades con el resto del grupo. Y es que el establecimiento de una rutina constituye, precisamente, uno de los pilares del programa. «Es uno de sus puntos fuertes. Quizá algunos no recuerden exactamente a qué vienen, pero sí saben que a las diez tienen que estar aquí», explica Conejo.

Los talles: «Vida, salud, felicidad y alegría»

Marien padece alzhéimer y desde hace dos años participa en los talleres del Centro Social de El Llano. Para ella, el programa se ha convertido en el motivo perfecto para «no quedarme en la cama hasta las dos de la tarde», comenta la propia Marien. «Su enfermedad está en una fase inicial, lo que todavía le permite mantener cierta autonomía. Venir aquí le ayuda a conservar una rutina y, aunque al salir muchas veces no recuerde exactamente lo que ha hecho, estas actividades le benefician muchísimo», añade su hermana, Josefina Martínez.

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Para Lali, los talleres son sinónimo de «vida, salud, felicidad y alegría». «Venimos corriendo porque nos encanta estar aquí. Podemos hablar, compartir nuestras experiencias y sentirnos acompañados», asegura. Delia define el Centro Social de El Llano como su segunda casa. «Es el lugar donde me reúno con mis amores. Cuando estoy aquí, todo lo demás desaparece; solo existe el centro para mí», afirma.

Si hay algo en lo que coinciden todos los participantes es en que este espacio les ofrece la posibilidad de compartir, conversar y sentirse escuchados. «Cuando no puedo venir lo echo muchísimo de menos y estoy deseando volver», reconoce Ermitas.

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Los beneficios del programa también son visibles en el entorno familiar. Toni, esposa de Emilio, uno de los usuarios, asegura que desde que comenzó a participar «está más feliz, tiene ganas de hacer cosas y le ha cambiado el humor. Estas actividades demuestran que, con pequeños gestos, se consiguen cambios muy grandes».

Actividades intergeneracioles para compartir experiencias

Durante los tres años de trayectoria del proyecto, los participantes también han formado parte de distintas actividades intergeneracionales que les han permitido compartir experiencias con alumnado de varios centros educativos de Asturias. Una de ellas fue la jornada de juegos organizada junto a los alumnos de Primaria del colegio Nicanor Piñole. «Ellos nos enseñaron a jugar a algunos juegos actuales y nosotros les enseñamos a jugar a las damas y a tejer», recuerdan algunos de los participantes. «Fueron unas jornadas muy bonitas, en las que sentimos que volvíamos a cuidar de nuestros nietos pequeños», añaden.

Además, los usuarios del Centro Social de El Llano han participado en recitales de poesía y han realizado diferentes salidas culturales, entre ellas visitas al Acuario de Gijón y excursiones a Oviedo, actividades que contribuyen a mantener una vida activa y a reforzar los vínculos sociales que el programa pretende fomentar.

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Más allá de los talleres y las actividades, este proyecto demuestra que combatir la fragilidad también pasa por crear espacios donde las personas mayores se sientan útiles, escuchadas y acompañadas. La rutina, la socialización y la estimulación cognitiva se convierten así en herramientas para preservar la autonomía y retrasar la dependencia, pero también para mejorar la calidad de vida.

Con la vista puesta en su extensión a toda Asturias, este proyecto aspira a consolidar un modelo de envejecimiento activo que sitúe a las personas mayores en el centro, recordando que cuidar de ellas es, sobre todo, ofrecerles oportunidades para seguir participando plenamente en la vida de su comunidad.