«El cierre de las térmicas de carbón ya se sabía hace 30 años, el plazo de transición ha sido larguísimo»

«La situación actual tiene que ver con la evolución natural de una directiva de 1988 por la que ya cerraron Soto 1 y Soto 2», indica Paco Ramos, de Ecologistas en Acción, que repasa otras claves del proceso de transición energética

Paco Ramos, de Ecologístas en Acción
Paco Ramos, de Ecologístas en Acción

redacción

A Paco Ramos le sorprende que en Asturias sorprenda una transición energética de la que él, como integrante de Ecologistas en Acción, lleva hablando treinta años. Forma parte de la comisión de energía y contaminación de la entidad ecologista y toca hablar de un asunto que está de rabiosa actualidad desde que la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, dijera aquello de que «el carbón tiene poco futuro». Ramos deja claro que en Asturias, más que por el cambio climático, este proceso ya estaba más que anunciado. «Venimos de un modelo anterior que, con los pactos de la minería, ya estaba previsto que se cambiara ahora. No es por el cambio climático o por una nueva ley de descarbonización», explica, «ahora lo que discutimos es centrales térmicas con carbón importado o sin térmicas. Y próximamente van a ser muchas menos desde todo punto de vista porque se acaban los plazos que se habían dado cuando se cerraron las anteriores de excepcionalidad». También recuerda que él ni ningún otro ecologista aparecen como firmantes del cierre de la minería. «Solo he visto sindicalistas, a la patronal y a los representantes del Gobierno. Ese cierre no lo firmó el sector anticarbón, sino el sector del carbón».

-¿Cuándo empezó a hablarse de transición energética?

-Antes del 1987 yo ya estaba en Ecologistas en Acción dando charlas de cambio climático.

-¿Cree que la sociedad en general y los políticos en particular son conscientes de lo que está en juego?

-Son absolutamente conscientes y conocedores, solo que llevamos décadas con una dinámica de decirle a la gente lo que quiere oír porque decir la verdad cuesta votos. Pero quien lo escucha ya lo sabe también. No le estás engañando, quien lo escucha ya sabe que el escenario no va a poder seguir siendo el mismo. Hay un pacto tácito en no decir la verdad, sino decir lo que cada uno quiere oír para no meterse en complicaciones y así llevamos décadas en esta comunidad.

-¿Por qué la transición energética es un drama en Asturias?

-Entiendo que haya una preocupación; en todo cambio siempre puede haber personas que puedan quedar descolgadas. Sin embargo, lo que no se entiende es que sea visto como si fuera una sorpresa cuando lo que nos lleva a la situación actual en realidad no tiene que ver ni con la transición energética ni con la descarbonización, sino básicamente con la evolución natural de una legislación, que es la directiva europea sobre limitación de emisiones a la atmósfera de determinados agentes contaminantes procedentes de grandes instalaciones de combustión, que entró en vigor en 1988. Es la misma directiva por la que se cerraron centrales térmicas como los grupos 1 y 2 de Soto de Ribera. Es un proceso que cumple ya 30 años, es decir, una realidad que se conoce desde hace mucho tiempo y, por ello, no se entiende la sorpresa.

-¿A qué atribuye, entonces, esa supuesta sorpresa ante algo que ya se conocía con una antelación de 30 años?

-Creo que tiene mucho ver, por ejemplo, con el plan energético que había hecho Areces en 2005, un plan con el que se creía que el futuro iba a seguir igual que el pasado, como si las cosas no cambiaran. Y mientras sigamos con esa idea pues no estaremos bien preparados para el cambio que, sin duda, va a venir. Tanto con transición como sin transición, con ley o sin ley. Somos una comunidad autónoma que, desde el punto de vista energético, es un monocultivo tan grande que todo cambio va a tener efectos importantes.

-Desde el Gobierno asturiano se pide que esa transición sea a medio o a largo plazo. 

-Claro, si empezamos en 1988 son 30 años. Eso es un plazo larguísimo efectivamente. Ahora que ya han pasado los 30 años, y 20 desde que empezamos con los planes de la minería, no pueden empezar a contar como si no supiéramos nada del pasado y ahora nos pareciera rápido. Insisto, han pasado 30 años. Estamos al final de esos 30 años y, si durante todos esos años, no has tenido en cuenta que esto iba a llegar no es una transición exprés, sino que no has hecho nada. 

-¿Por qué es necesaria la transición energética?

-De mano, porque estamos marcados por montones de compromisos internacionales y por una realidad clara: no llevarla a cabo tiene un coste mayor que llevarla a cabo. En todas las medidas que tengamos que hacer en cuestiones de cambio climático, no hacer nada no sale gratis. Hacerlas tendrá un coste, pero no hacerlas tendrá un coste mucho más superior. E incluso es una oportunidad, y no porque lo digamos los ecologistas. Ya son varios los informes, el último de la Organización Internacional del Trabajo, que dicen que una cuota de transición energética que puede pasar por el cambio de fósiles a renovables, por la rehabilitación energética de edificios y, sobre todo, por la gestión de los residuos representa oportunidades laborales. La economía circular crea siete veces más empleo que el que destruye. Lógicamente no todos los empleos van a estar en el mismo sitio ni van a ser para las mismas capacidades, pero eso como también lo sabemos convendría ir preparándose. Sin embargo, ahí está esa mentalidad de que el cambio nos va a perjudicar y, como vamos a tener problemas, nos quedamos como estamos creyendo que así no van a verse afectados el puerto de El Musel o los empleos ligados al transporte del carbón. Y es falso, los efectos para el puerto van a darse hagamos o no transición porque ya sabemos que de todas las centrales térmicas, sin ni siquiera llevarse a cabo, solo van a quedar siete en toda España. Y que la tendencia va a ser que queden las tres más nuevas, una de ellas Aboño 2, y con carbón de importación. 

-En 2024, salvo esas tres más nuevas, prácticamente todas las centrales térmicas españolas tendrán más de 40 años.

-Hay un nuevo documento desde 2016 que da un plazo de cuatro años para que todas las centrales térmicas cumpliesen con los valores límite de emisión más rigurosos previstos en la Directiva de Emisiones Industriales de 2010. Muchas empresas no van a hacer la inversión porque no merece la pena; las centrales son demasiado viejas para hacerlas nuevas. Así que ya sabemos que, como mucho, en Asturias durará algo más Aboño 2. Con eso tenemos que trabajar, sin hablar de la transición energética futura ni sobre una ley de cambio climático, sino por lo que ya está encima de la mesa desde hace mucho y que todo el mundo conoce. Aunque no cambie nada, el futuro ya no iba a ser igual que el presente y, si además cambia, tendremos cero centrales térmicas en España porque esperamos que el país mejore en renovables. Es decir, que la necesidad de que Asturias genere para el resto cada vez será más pequeña

-El 31 de diciembre de este año es la fecha de cierre de la minería no competitiva…

-Todo el mundo coincide en que lo del carbón nacional no tiene nada que ver con la transición energética, ni con el modelo energético ni con la descarbonización. Tiene que ver con un acuerdo entre empresarios, trabajadores y ministerio sobre el cierre de minas no rentables en el que no hubo ninguna referencia a si eran contaminantes o no. Llevamos dos planes completos en más de 20 años, sabiendo que en diciembre se acaba la minería no competitiva, y no es una transición exprés. Eso va a ser así y, por ello, no se puede comparar la situación actual con una hipotética futura que va a ser distinta, insisto, aunque no cambiara nada nuevo. El problema es que todo esto no se tuvo en cuenta, en Asturias se hacían planes en los que todo valía y ahora se quejan de que si la situación actual favorece a las centrales de gas y sube el precio. Las centrales de gas fueron una exigencia del Gobierno, la patronal y los sindicatos asturianos, que pedían entre ocho y nueve nuevas centrales de gas para Asturias. Y, si las pedían, ¿cómo se puede decir ahora que no quieren que funcionen porque encarece la electricidad? Es absurdo. Se hizo una apuesta por todo sin tener claro que todo a la vez no iba a ser.

-El caso es que, en estas casi últimas tres décadas, hubo 30.000 millones de euros de fondos mineros para crear una industria alternativa al carbón. 

-Ayudas públicas procedentes de los presupuestos generales del Estado y por eso nosotros vamos a estar muy vigilantes para que se cumplan las condiciones en las que se dieron. Si hubieran dado dinero para reconvertir la minería en rentable, podría seguir funcionando si fuera rentable pero como ninguna mina pidió dinero para ser rentable sino que lo hicieron para cierres pues tienen que cumplir las condiciones para las que pidieron el dinero. ¿Se gastaron bien esos 30.000 millones de euros? Se gastaron en lo que se quiso, ya no hablo si ha habido fraudes o robos, porque eso habrá que investigarlo y creo que es minoritario. La mayor parte se gastó en mandar a 45.000 trabajadores a sus casas. ¿En buenas condiciones? Sí. ¿Se fueron? Sí. Luego se cumplió el pacto, ¿no? La siguiente partida importante fue para inversiones en los territorios. ¿Qué se priorizó? ¿Qué pedía la sociedad? Mejores comunicaciones. El 80% de esas partidas se destinaron a infraestructuras de comunicaciones como la autovías minera, la de Grado-La Espina o la de Bimenes. La sociedad demandaba y todo el mundo las pedía. ¿Se construyeron? Sí, y nos hemos dilapidado el 80% de partidas enteras en infraestructuras de comunicaciones. ¿Cómo se repartió el resto de los fondos mineros? Digamos que había que contentar a todos los alcaldes del territorio, no a las comarcas que lo necesitaban, sino a todos los alcaldes. Y entonces hubo que construir en todos los pueblos, museos, piscinas, etcétera. ¿Es una buena táctica? No. Eso va a ser irrecuperable porque se gastó en cosas que fueron demandadas, sí, aunque fueran absurdas y no fuera la mejor alternativa. Pero ahora no vamos a poner otros 30.000 millones para los 1.200 empleos que quedan.

-¿Y cuántos empleos están en juego ahora con el cierre de las térmicas?

-Casi ninguno. En el caso de Lada, por ejemplo, la propia empresa ha dicho que los va a recolocar. Estamos hablando con una visión del pasado, nos cuesta mentalmente cambiar, y parece ser que la única manera de poder cambiar esta mentalidad es que caiga del todo. Hasta que no caen las cosas del todo no nos reubicamos en el cambio.

-Algunos expertos han dicho que el cierre de las térmicas subiría al precio de la electricidad.

-Ya sabemos que si no llueve, sube el precio de la electricidad. Y también sabemos que si llueve, también sube el precio de la electricidad. Y si cerramos las térmicas, entonces también sube el precio de la electricidad y, si no las cerramos, pues también porque ponen el precio que les da la gana. Por eso, la clave de la discusión es cómo se fija el precio de la electricidad y, cuando lo sepamos, pues ya podremos tomar decisiones. Evidentemente cuando se hace el documento de los expertos se abordan distintas perspectivas de futuro y algunas dicen que si cierras las térmicas de carbón y no haces nada, la electricidad sube, pero si las cierras y aumenta la inversión en energías renovables, los precios bajan. En todo caso, ya se está incrementando el precio de las emisiones de dióxido de carbono en los mercados internaciones, con lo que la tendencia es que las emisiones de carbón sean mucho más caras que las del gas. La clave es que hay que cambiar la forma en la que se fija el precio de la electricidad porque no puede ser que suba igual si llueve que si no llueve. 

-Otro argumento que se ha puesto sobre la mesa es que ese cierre pondría en riesgo el suministro eléctrico a la industria asturiana.

-Asturias es una comunidad autónoma que ha sido altísimamente generadora de energía eléctrica. Y hemos tenido inviernos friísimos con mucha producción en centrales térmicas de carbón y una alta demanda y, con dos líneas de alta tensión de 400 kilovoltios grandes, se ha estado suministrando electricidad sin ningún problema. Es más, hemos estado hasta un invierno con una de ellas caída durante 20 días por el hielo y tampoco hubo problema alguno de suministro para sacar cantidades inmensas de electricidad. Ahora, en vez de tener dos líneas de alta tensión, tenemos cuatro y además solo produciremos la mitad que antes. Y si en algún momento hubiera que importar electricidad sería un porcentaje de esa mitad, es decir, que si antes éramos capaces de sacar 10.000 gigavatios de los 20.000 que producíamos, ahora es imposible pensar que no vayamos a poder importar 2.000 o 3.000 de los necesarios con el doble de líneas de alta tensión. No hay ningún problema porque ahora tenemos el doble de capacidad de intercambio que hemos tenido durante toda la vida y hemos tenido una década produciendo muchísimo más que ahora y exportando cantidades ingentes.

-La tendencia es ir hacia una economía verde. ¿En qué situación se encuentran las energías renovables en Asturias? 

-En Asturias, como tenemos en el carbón una fuente tan grande, aunque todas las demás hayan aumentado siguen siendo porcentualmente bajas. Dependiendo del año, más del 80% de la electricidad se produce por el carbón. La alternativa no es sustituir ese 80% de carbón por renovables. Eso va a desaparecer y las renovables en Asturias se irán incrementado de una forma moderada porque somos un territorio pequeño, no tenemos grandes ríos, tenemos sol más que Alemania pero menos que Almería y tenemos una zona eólica que solo abarca el occidente asturiano y que ya está bastante ocupada. El futuro de Asturias pasa por tener más energías renovables pero jamás serán capaces de sustituir a las térmicas de carbón pero no importa porque simplemente ya no exportaremos y a lo mejor tendremos que importar una parte de renovables que estarán en donde haya disponible el recurso.

-¿Dónde está, entonces, el potencial de la economía verde en Asturias?

-En tres sectores: las energías renovables, la rehabilitación energética de la vivienda y la gestión de los residuos. En las renovables, pese a que sea un sector limitado en una región como la nuestra, aún existen muchas posibilidades en fotovoltaica aunque no tantas como en otros lugares. En la hidráulica ya tenemos los ríos, que son cortos, bastante aprovechados pero hay posibilidades como por ejemplo en las propias canalizaciones del agua a las ciudades. Y, en el sector eólico, no solo tienen que ser posibilidades para instalarla, también hay potencial en la fabricación y en la producción. Hace 20 años, cuando todo el mundo decía que era imposible que en España hubiera muchísima energía eólica, yo decía que podíamos llegar a tener hasta mil megavatios y hoy tenemos 27.000. Y una gran parte de ellos se fabrican en Avilés y se venden a todo el mundo. También son claves los sectores de la rehabilitación energética de viviendas, porque permite recuperar empleos que se perdieron en la crisis de la burbuja inmobiliaria y es un nicho muy próximo y local, y de la política de residuos, con todo lo que tiene que ver con recogidas selectivas, puerta a puerta, etcétera, que son iniciativas que generan más empleo que llevar los residuos a una gran instalación centralizada y muy tecnológica. 

-Con la gestión de los residuos sí que va a necesitarse algún tipo de transición exprés para cumplir el objetivo europeo de reciclar el 50% de los residuos en 2020.

-Es un problema de difícil resolución porque hemos perdido 20 años. Ha sido una dinámica de 25 años empeñados en hacer una incineradora que, como consecuencia, ha marcado el no hacer nada en todo lo demás salvo en pequeñas cuestiones. Y, como al final, la resolución llega por decisiones judiciales nos encontramos en una situación tan compleja que para intentar cumplir la ley cambian lo que antes decían que era inviable para justificar que había que hacer una incineradora ahora es la clave del proyecto actual. Lo que antes era malo ahora es bueno porque la incineradora ya no la pueden construir, aunque están pensando en que van a ponerla en La Pereda porque, digan lo que digan, a algo a lo que llamas combustible derivado de residuos lógicamente será porque es para arder…

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