De Avilés a Chile a base de oportunidades

El joven empresario Alberto Ferrero lleva ocho años fuera de Asturias movido por la inquietud de adquirir una perspectiva más amplia de la vida

Alberto Ferrero Cándenas
Alberto Ferrero Cándenas

Redacción

La inquietud siempre ha llevado a Alberto Ferrero fuera de Asturias. Desde que empezara sus estudios de ingeniería en Madrid ha pasado por Inglaterra, Italia y, ahora, se ha asentado en Santiago de Chile. A sus 30 años es una de las cabezas estratégicas del Grupo Ruca, una empresa con dos restaurantes que combina la coctelería de autor y las tapas con los conocidos baos de distintos tipos y sabores. Tras ocho años fuera de Asturias, ha creado una nueva vida a base de no dejar escapar oportunidades y, a día de hoy, se siente a gusto en un país donde ha encontrado su particular paraíso natural.

La primera vez que pisó el extranjero en una estancia de larga duración ya tuvo claro que no volvería a España a corto plazo. «Me gusta mucho Asturias, pero creo que vivir en el extranjero y empaparte de otras culturas te da una perspectiva diferente, mucho más amplia y objetiva, de la vida en general». Por eso, cuando terminó sus estudios universitarios, la semilla de vivir fuera ya estaba plantada en su cabeza.

Empezó su vida laboral trabajando para una multinacional de Madrid, «pero no estaba muy a gusto allí», comenta, y esa idea de volver a al extranjero no paraba de dar saltos por su cabeza. Fue entonces cuando apareció la oportunidad y decidió tomarla de la mano. «Fue dentro de la misma empresa para la que trabajaba, así que acepté y 15 días después ya estaba trabajando en la sucursal de Chile». Pero sus ambiciones seguían otra dirección.

En 2014 se inicia, junto con un compañero, en el mundo de la gastronomía con la creación del Ruca Bar, un resturante de coctelería de autor con gin y tapas. Tres años después, con la incorporación de un prestigioso chef irlandés, nace Bao Bar by Ruca, una nueva propuesta con la misma esencia pero con un toque distintivo en la oferta gastronómica. Lo que ahora se conoce como Grupo Ruca, una empresa que se mantiene en un nivel de estabilidad, en sus inicios se tuvo que enfrentar a severas dificultades: «Al principio fue complicado, muy complicado. Me tuve que endeudar para adquirir un traspaso, después un contratista me robó el presupuesto que tenía para la reforma del local, los trámites burocráticos parecía que nunca se acababan... Pero al final todo salió muy bien». Pasado el mal trago, ahora se ríe de lo que define como «una gran experiencia» en la que aprendió cómo moverse por el país Latinoamericano, «y sigo aprendiendo cada día», mantiene.

Nunca antes se había planteado empezar un negocio en Asturias. «Tengo la sensación de que en Santiago hay bastantes más oportunidades que en Asturias -aunque hace tiempo que no vivo allí y no sé exactamente cómo están las cosas-», sostiene. Si bien, su intuición le induce a pensar en un posible cambio: «Hay muchos sectores que aquí aún no están tan desarrollados como allí o donde los profesionales no están tan cualificados como allí. Entonces uno puede prever un poco hacia dónde va a ir la tendencia». Y puede que así sea ya que, jugando a ser oráculo, asegura que «para ciertas cosas, siento que puedo saber lo que va a ocurrir a continuación».

Santiago de Chile: una ciudad estresante en un país lleno de naturaleza

Los días de Alberto empiezan muy temprano. En casa, después de desayunar, trabaja desde su ordenador personal. Justo antes de pasar por la oficina de la empresa, se despeja entrenando. Las tardes y buena parte de las noches se las entrega por completo a alguno de los dos restaurantes.

Aunque la cultura predominante en chile es bastante similar a la española, le ha costado hacerse a su ritmo de vida. De hecho, cree que nunca se acostumbrará a él. Las diferencias que puedan surgir en este plano se compensan con el país en sí mismo. «Es espectacular, salvaje y poco habitado cuando sales de Santiago. Está lleno de paisajes increíbles». Allí ha encontrado la conjunción perfecta entre la práctica del surf y el disfrute de la nieve. Pero todo esto sucede cuando escapa de Santiago, una ciudad que considera «demasiado grande, con mucho tráfico, mucho ruido, muy contaminado, con gente muy estresada...».

De Asturias, lo que más echa de menos es la gente, la comida y las tradiciones. Pero con lo que sí que sabe vivir es sin esa lluvia constante tan propia del Principado. ¿Volverá? De momento, ve su futuro con claridad y solidez en Chile, aunque deja una puerta abierta a lo que pueda surgir. «Ahora tengo hecha mi vida aquí, tengo mi empresa y mi pareja -ambas tiran mucho-. De todas formas, me considero una persona abierta a todo tipo de propuestas. Me gusta estar atento a las oportunidades que a uno le llegan en la vida y evaluarlas. Por eso no descarto que en un futuro algo me lleve allí de vuelta. No sé cuándo, pero si pasa el tren en el momento adecuado y con una buena oportunidad, lo tomaré».

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