Historia comprimida de décadas viviendo en el extranjero

El gijonés Juan Nespral cuenta por qué dejó su trabajo en la banca en los 80 para viajar por Europa. Ahora es profesor universitario y traductor en Alemania

Puente Viejo (Alte Brücke) en Heidelberg, ciudad donde reside Juan Nespral
Puente Viejo (Alte Brücke) en Heidelberg, ciudad donde reside Juan Nespral

Heidelberg

Mi nombre es Juan Fernández-Nespral. Nací en Gijón en 1959. Allí fui al Colegio de los Jesuitas y, más adelante, estudié en Madrid Derecho y Económicas. Después de los estudios hice el servicio militar, como era norma por aquel entonces, y al acabarlo me establecí en Fuengirola para trabajar en la banca. Sin embargo, con menos de 30 años, tenía una espina clavada que era la falta de viajes; el no haber hecho viajes, no haber tenido estancias largas en algún país fuera de España. Sí conocía algo de Austria, por motivos personales, pero eso únicamente había hecho que tuviera aún más ganas de completar esa experiencia, sobre todo porque veía que los estudiantes austriacos, y alguno alemán que conocí, llevaban una vida muy diferente a la nuestra, estudiantes españoles. Nuestra vida estaba muy determinada por las clases, por un ocio muy generalizado, sin demasiados deportes en aquella época, sin demasiadas actividades, sin viajes prácticamente, sin oportunidades de trabajar en algo para ganarse un dinero. Eso era lo general. Luego, que hubiera casos excepcionales, sí, como siempre.

Al final de los 80 decidí que todavía estaba a tiempo de hacer eso que me faltaba. Dejé el trabajo en el banco y empecé a viajar por Europa. Eso fue lo que me llevó a instalarme en Alemania en los años 90, después de haber dado unas cuantas vueltas; después de haber vuelto a España. Allí encontré un trabajo en la Universidad de Heidelberg, en el Instituto de Traductores e Intérpretes, y esa es mi profesión actual: docente en la universidad y traductor de textos especializados.

Viajar por motivaciones personales

La gente de mi generación se fue a otros países buscando algo distinto, buscando también una posibilidad de trabajo, pero, en general, la motivación era más personal. Una vez en el país -y pasadas unas primeras etapas- uno llega a pensar si no estaba mejor en su lugar de origen y uno llega a creerlo realmente. Pero si las circunstancias te llevan a quedarte en ese país elegido en un primer momento o en el que sencillamente has recalado, si llegas al convencimiento de que tienes que quedarte en ese país, entonces empieza el inicio de una etapa mucho más rica: la aceptación de las propias circunstancias combinada con la estancia en un país extranjero. A partir de ese momento comienza el proceso de integración y de aceptación de todas las decisiones que la vida te ha llevado a tomar. Al final, uno se da cuenta de que gente baja y mezquina se tiene tanto en la ciudad natal como en la ciudad en la que se está viviendo -y lo mismo gente noble y leal-. Lo que va a hacer que uno se encuentre bien en cualquier lugar va a ser la gente que tiene alrededor, la gente que uno ha escogido. Desde luego, lo primero es la familia, pero luego están los amigos que demuestran una generosidad no esperada. Si se ha tenido la enorme suerte de dar con la gente indicada, te puedes encontrar muy bien donde sea. Y ese es mi caso con Alemania.

Heidelberg es una ciudad preciosa que no fue bombardeada durante la guerra, tiene mucho verde, muchas colinas, barrios preciosos; una ciudad de un tamaño como de Oviedo, más o menos, con una vida universitaria y unas cuantas empresas de proyección internacional fuertísimas, con un nivel de vida muy alto; una ciudad en la que se puede ir a todos lados caminando o en bicicleta; y, sin embargo, una ciudad que tiene cerca a otras más grandes, dando oportunidades en lo económico o en lo cultural, como Stuttgart o Frankfurt. De manera que a Heidelberg solo le falta la mar y que los Alpes estuvieran un poco más cerca. A parte de eso, es una ciudad perfecta.

En el sur de Alemania el paro está en torno al 4%. Los sueldos no son altísimos -se puede pensar que se gana muy bien pero el neto total al final no es tanto-. No es que dé para grandes lujos pero sí para vivir dignamente. Habría que hablar mucho de eso, del nivel de vida de los alemanes, de las estructuras de trabajo y las familiares. Pero eso es otro tema.

Mi experiencia en Alemania está siendo muy positiva. Hay que hacer por integrarse y hay que tener en cuenta que el lugar del que uno viene permanece ahí mientras la gente que le pertenece a uno anímicamente siga ahí. Y esa es la riqueza que tenemos. Podemos volver a disfrutar de las cosas cotidianas, ya sin echarlas mucho de menos, pero sí con la capacidad de disfrutarlas una vez allí, sin saber si uno va a volver o no. Tal vez sí, tal vez no, tal vez uno continúe lo que está haciendo ahora, que es vivir lo que ha elegido y aprovechar el lugar natal para visitarlo y pasar temporadas más largas en el futuro.

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