«Para dedicarte a la danza profesionalmente hay que salir fuera»

Olga Somocueto, bailarina profesional, lleva más de un año formando parte del elenco de la compañía de danza del Teatro Estatal de Núremberg

Olga G. Somocueto
Olga G. Somocueto

Redacción

Si hay que hablar de trabajo, el Principado de Asturias no suele ser lo primero que aparece en la mente; y si de lo que se habla es de trabajo para jóvenes recién graduados, la región ya huele a maletas hechas y a despedidas. Cada vez son más las personas que, una vez finalizados sus estudios, se van en busca de una ocupación remunerada adecuada a sus intereses y capacidades. Es el caso de Olga G. Somocueto, bailarina profesional de la compañía de danza del Teatro Estatal de Núremberg, en Alemania, una país donde, asegura, «prácticamente cada ciudad tiene su ballet».

«Para dedicarte a esto profesionalmente hay que salir fuera», cuenta la avilesina. Tras cursar estudios de danza clásica en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma, emprendió el proceso de audiciones con el objetivo de hacer del ballet su medio y forma de vida. Así llegó a Núremberg, donde lleva un año y medio.

Aunque cada vez hay más escuelas de danza en el Principado y la organización de cursos y galas hacen ese mundo más visible, Olga tiene claro que «cuanto más te muevas más te enriqueces». A lo que añade que «desgraciadamente, en Asturias, no hay ninguna oportunidad para los bailarines profesionales; y en España es bastante difícil,  ya que solo hay dos compañías 'grandes' y las dos tienen su sede en Madrid».

Durante el tiempo que lleva en Alemania sus semanas empiezan los martes y terminan los sábados en base a unos horarios fijados de 10 a 18 con una pausa de una hora para la comida: «Empezamos con una clase de hora y cuarto y después seguimos con ensayos de las piezas que estemos haciendo en ese momento. Al acabar suelo descansar y cocinar para el día siguiente». Pese a que, como cuenta Olga, puede resultar un poco monótono, «la cosa cambia cuando tenemos shows. Entonces solo trabajamos por la mañana y por la tarde tenemos maquillaje, un calentamiento y la actuación. Aun así, siempre que puedo aprovecho para tomar algo o cenar fuera y los días libres intento hacer algo interesante -si es que no estoy muy cansada-».

En Núremberg se ha encontrado con una bella ciudad repleta de festivales y actividades culturales. Si bien, al principio experimentó ciertas dificultades para adaptarse a los nuevos ritmos y constumbres alemanas. Así, cuenta cómo los primeros meses «con mi poco inglés y mi nulo alemán lo pasaba bastante mal». Pero tuvo suerte en el  trabajo, donde tanto su jefe como la mayor parte de la compañía son españoles. También le ha extrañado que a partir de las nueve de la noche las calles se vuelvas desiertas: «Sigo llevando mal que las tiendas cierren pronto, los horarios de los restaurantes o el hecho de que se salga de fiesta más temprano». Todo ello hace que, de manera inevitable, eche de menos su «gente, mis costumbres, las fiestas, la playa, la verdad que muchas cosas...». También echa en falta la comida del Principado, «por eso, siempre que podemos, mi compañero de piso y yo nos traemos cachopos, sidra y esas cosas...», comenta.

Después de superar los pequeños rasgos diferenciales de la ciudad de Núremberg, como que «las hueveras contengan 10 huevos nada mas», Olga se siente a gusto y no entra en sus planes regresar a Asturias hasta que llegue el momento de su retirada, «que espero que sea muy tarde», ya que, en base a su criterio, la oferta que se encuentra en el exterior para seguir bailando y creciendo sobre un escenario son mucho mayores.

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