El comercio exterior como fuente de prosperidad

El empresario asturiano Balbino Prieto, presidente de honor del Club de de Exportadores e Inversores Españoles, analiza los beneficios de la internacionalización como eje del sistema productivo


Madrid
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La economía española ha experimentado en los últimos años una transformación que bien podría calificarse de extraordinaria. Después de una profunda recesión, España encadena ya cuatro años consecutivos de crecimiento del PIB, con tasas superiores al 3% en 2015, 2016 y 2017. Por primera vez, dicho crecimiento viene acompañado de un superávit en la balanza por cuenta corriente. Se trata de un fenómeno inédito en la historia reciente de nuestro país y obedece a un cambio estructural en el modelo productivo.

Ciertamente, España cuenta hoy con un patrón de crecimiento diferente al de hace diez años. Es un modelo más robusto, sofisticado y sostenible a largo plazo, porque está basado en el comercio exterior. Tradicionalmente en España, las exportaciones repuntaban en tiempos de crisis para compensar la debilidad de la demanda interna y luego retrocedían una vez recuperada la senda del crecimiento. Por fortuna, esa dinámica ha quedado superada. El sector exterior ha dejado de ser la válvula de escape para los tiempos de crisis y se ha consolidado como uno de los pilares fundamentales del sistema productivo, responsable de un tercio del PIB nacional.

Este cambio no habría sido posible si las empresas españolas no hubieran asumido que la internacionalización debe constituir un elemento permanente de su estrategia corporativa. Vivimos en un mundo globalizado, donde las fronteras se han difuminado y existen grandes facilidades para los intercambios de mercancías, servicios y capitales. Por tanto, las empresas españolas están obligadas a salir al exterior y conquistar los mercados internacionales si quieren contrarrestar la competencia que ejercen en el mercado interno las compañías extranjeras.

No ha sido un proceso fácil. A diferencia de lo ocurrido en otros países, los exportadores españoles no se han visto beneficiados por una devaluación de la moneda local. Lo que se ha producido en España es una devaluación interna, fruto del esfuerzo de las empresas, que ha permitido incrementar la productividad y, en definitiva, reforzar la competitividad frente a otros países.

Los resultados obtenidos hasta la fecha avalan el buen hacer del sector exterior español. En 2017 se registraron 161.454 firmas exportadoras (un 48% más que en 2010), y entre ellas hubo 50.562 empresas con actividad exportadora regular (un 30% más que en 2010). Las ventas al exterior batieron un nuevo récord al situarse en torno a los 400.000 millones de euros (un 45% más que en 2010). Así pues, entre las grandes economías de la zona euro, España se afianza como la segunda potencia exportadora, sólo por detrás de Alemania.

Si miramos al futuro, debemos tener en cuenta que las perspectivas del comercio mundial son inciertas. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, y en vista del fracaso de la política proteccionista seguida durante el periodo de entreguerras, se estableció un nuevo orden económico mundial basado en el librecambio. La creación de bloques comerciales, la proliferación de acuerdos internacionales y la celebración de sucesivas rondas de negociación multilateral han propiciado la eliminación de numerosas barreras comerciales, generando un desarrollo sin precedentes de los negocios internacionales. Entre 1950 y 2015, el comercio mundial de mercancías se ha multiplicado por 35, mientras que la producción mundial sólo lo ha hecho por 10,5. Sin duda, la apertura de las fronteras ha supuesto un gran motor de dinamismo económico, tanto para los países desarrollados como para los que están en vías de desarrollo.

Sin embargo, la sombra del proteccionismo se cierne de nuevo sobre la economía mundial. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, concibe el comercio internacional como un «juego de suma cero» y entiende que otros países se están beneficiando del déficit comercial estadounidense. Decidido a corregir esa situación, ha retirado a su país del TTP (Trans-Pacific Partnership), ha congelado las negociaciones del TTIP con la Unión Europea y está revisando el NAFTA con Canadá y México.

Por otro lado, el Reino Unido continúa adelante con su proceso de salida de la Unión Europea, lo que tendrá un impacto negativo en la relación económica hispano-británica. De hecho, en 2017 las exportaciones españolas al Reino Unido disminuyeron un 1,1% (primera caída registrada desde el hundimiento del comercio mundial en 2009).

En el Club de Exportadores e Inversores Españoles tenemos la convicción de que las recetas proteccionistas están abocadas al fracaso. Obstaculizar el comercio internacional no crea riqueza, no genera empleo, no mejora las condiciones salariales de los trabajadores, no incentiva la inversión productiva ni eleva la recaudación fiscal. Como demuestra la experiencia histórica, la prosperidad de un país depende de la combinación de dos factores: el dinamismo empresarial y la existencia de unas políticas públicas de apertura económica y de apoyo al libre comercio y la inversión extranjera.

Frente a quienes preconizan el cierre de las fronteras, hay que reivindicar los tratados de libre comercio. El año pasado entró en vigor el acuerdo con Canadá (CETA) y concluyeron las negociaciones del tratado con Japón, que esperamos entre en funcionamiento lo antes posible. Igualmente deseamos que terminen pronto las negociaciones del acuerdo con Mercosur y la modernización de los tratados con México y con Chile.

Las empresas españolas están hoy mejor preparadas que nunca para aprovechar todas las oportunidades que surjan de la apertura de los mercados internacionales. Ahora bien, necesitan contar con el apoyo y el compromiso de la sociedad española. Los ciudadanos deben ser conscientes de que el futuro de nuestra economía depende cada vez más del sector exterior. España es un mercado maduro, con un potencial de crecimiento interno más bien limitado, de manera que el progreso económico está ligado indefectiblemente a la demanda externa. Entre todos, pues, debemos defender el comercio exterior como fuente de prosperidad, riqueza y empleo.

Bailbino Prieto, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles
Bailbino Prieto, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles

Balbino Prieto es socio de Compromiso Asturias XXI, una asociación que aglutina a un nutrido grupo de asturianos emigrantes con el objetivo de canalizar el conocimiento y emplearlo para la mejora del Principado a través de diferentes proyectos y actividades.

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