«Las personas a las que molestamos tienen algo en común: la inhumanidad»

La asturiana Anabel Montes, coordinadora de Proactiva Open Arms, explica la situación que han vivido durante el mes de incautación de su barco en tierras italianas

Anabel Montes, coordinadora de Proactiva Open Arms
Anabel Montes, coordinadora de Proactiva Open Arms

Redacción

El pasado 17 de marzo el barco de la oenegé ProActiva Open Arms llegaba al puerto de Pozzalo, en Sicilia. Y no volvió a navegar. Al menos, durante un mes. La Fiscalía de Catania ordenó la incautación del buque tras su llegada con 218 inmigrantes. Tanto el comandante como el coordinador de la nave fueron acusados de asociación para delinquir para la inmigración ilegal. Según la acusación, había una voluntad de llevar a los inmigrantes a Italia en violación de las leyes y acuerdos internacionales que consideran preceptivo entregarlos a los libios. Hoy el está camino de España. Hace dos días que el juez instructor de la localidad siciliana de Ragusa, Giovanni Giampiccolo, ordenó liberar el barco y desestimó el delito de organización criminal. Tras un mes de lucha y continuas reivindicaciones, el trabajo continúa.

«Hemos recibido la noticia con mucha alegría. Pensábamos que iba a tardar mas tiempo en tener lugar, lo cual indica lo claro que está todo el proceso». Así lo cuenta la asturiana Anabel Montes, coordinadora de la asociación. Aún así, continúan teniendo cautela debido a que la acusación de tráfico de inmigración clandestina sigue en pie por la fiscalía de Ragusa y tienen constancia de que la fiscalía de Catania continúa investigando el delito de asociación delictiva. «Aunque bien es cierto que con la liberación del barco somos optimistas en cuanto a la desestimación de nuestras acusaciones», añade. Este mes ha sido una locura para toda la organización. «El nivel de trabajo, estrés y energía ha sido abrumador y, sobre todo, innecesario», explica Montes. «Ojalá hubiésemos utilizado todo ello en seguir ayudando a la gente que lo necesita».

De los 218 inmigrantes con los que atracaron en el puerto no tienen noticias, aunque la coordinadora asegura que no es un caso excepcional. Cuando llegan al puerto para desembarcar a las personas rescatadas no hacen un seguimiento de su paradero. «Puede sonar algo distante pero cuando te pasas los días sacando cientos y cientos de personas del agua aprendes a intentar no empatizar demasiado con ellos y, sobre todo, con ellas. No es por falta de humanidad, es una coraza que tienes que ponerte para que no te afecten demasiado las terribles historias que te cuentan y puedas seguir trabajado», cuenta Montes. «A nivel emocional sería muy destructivo». Aún así, de estos 218 sí tratan de tener alguna noticia, sobre todo por la situación en la que llegaron al puerto. Por ello, le han pedido a algunos periodistas que les busquen y cuenten sus historias que, asegura, son su mejor defensa.

«Hay mucha gente a la que les molestan nuestras acciones. Ser el altavoz de una tragedia promovida, permitida y escondida está claro que no interesa. Y, que además de nosotrxs como organización y personas civiles, sean periodistas de renombre y trayectoria, entre otros, con proyección internacional quiénes lo muestren pues aún más». Anabel Montes asegura que no se encuentran ante nada nuevo. Las rutas migratorias marítimas existen desde hace incontables años, solo que antaño no se vivían en primera persona y no se les daba la credibilidad que ahora, oenegés como la suya pueden darle. «La gente que lo denunciaba desde tierra tenía menos credibilidad, por no mencionar la nula credibilidad que les otorgaban a aquellas personas que ha lograron llegar. Por lo cual sus historias, sus dramas, sus vidas quedaban silenciadas y nunca han existido. Pero ahora si, ahora existen, tienen infinidad de historias que contar y haremos todo lo posible para que todas sean oídas».

Ahora que el Open Arms ha sido liberado, el trabajo continúa. «Nuestros planes son los mismos de siempre. Seguir trabajando hasta que no quede ninguna vida a la deriva o hasta que nos dejen», cuenta Montes. El barco se encuentra de camino a Barcelona mientras que, otro de sus buques, el Astral, ya está en Malta preparándose para salir a la zona de rescate el jueves. Por su parte, al Open Arms le toca descansar. Pero por el tiempo justo, dado que en esta asociación jamás se quedan con los brazos cruzados. «Molestamos a mucha gente con nombre y apellidos, con ideologías concretas, de lugares distintos pero toda esa gente tiene algo en común y es la inhumanidad. Solo por ello, sabemos que estamos haciendo lo correcto y seguiremos, por supuesto que seguiremos».

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«Las personas a las que molestamos tienen algo en común: la inhumanidad»

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