El ingeniero asturiano que recorre el mundo por su progresión laboral

David Artime ha vivido en numerosos lugares pero nunca pierde la esperanza de volver a casa

David Artime
David Artime

Redacción

Se podría decir que David Artime Fernández ha recorrido medio mundo. Este Willy Fog moderno ha vivido en múltiples lugares desde que en 2006, al acabar la carrera ingeniería mecánica en Glasgow se volvió a la tierrina a trabajar. Al ver la poca proyección laboral que lamentablemente se sufre en Asturias y debido a sus ganas de crecer y progresar en su campo y a la vez vivir nuevas experiencias, comenzó su punto de partida. Un world tour, tal y como él lo llama, que a día de hoy no ha terminado. Actualmente reside en Stavanger, Noruega y ejerce como director del departamento de ingeniería submarina en la empresa BHGE.  Aunque, también admite que no ha olvidado sus raíces, y que, «como todos los que se han ido», le encantaría volver si el trabajo se lo permite.

 Este asturiano comenzó sus aventuras durante el verano de 2003 en Glasgow, cuando se fue a estudiar Ingeniería Superior Mecánica, tras un intento fallido en la facultad de Minas de Oviedo. Fue entonces cuando el «gusanillo» de los viajes se instaló en él, lo que hizo que no durase más de un año en Asturias tras terminar sus estudios en 2006: «Trabajaba en Gijón en una empresa de ingeniería (PHB Wesserhütte). A los pocos meses me empecé a aburrir y vi poco futuro laboral en Asturias así que me puse a buscar trabajo y firmé por una empresa de Ingeniería Biofarmacéutica con sede en Madrid. En ese momento comenzó realmente mi World Tour».

Primera parada: Venezuela

Artime pasó tres meses en Caracas, donde admite que se aclimató sin problema, debido al carácter caribeño de sus gentes, «con todos los problemas sociales y la inseguridad callejera, siguen siendo extremadamente cariñosos y abiertos. Además, el lenguaje siempre ayuda», añade.

Bangladesh, la experiencia más dura

El ovetense se trasladó durante 22 meses a Bangladesh, dirigiendo la construcción de una planta de fabricación y envasado de insulina. «Sinceramente, la experiencia mas dura, y a la vez de la que mas orgulloso me siento, de mi vida profesional», afirma. El país no se lo puso demasiado fácil, a pesar de la amabilidad de la gente, que, según cuenta «comparte todo lo que tiene y es muy poco», a los occidentales se les ve como bichos raros debido a la poca afluencia de gente europea en la región.

Próximo destino: Belgrado, Serbia 

La llegada y la aclimatación fueron sencillas, «tanto por salir de Bangladesh y volver a Europa, como por la ayuda de la embajada local. La gente en Serbia es muy orgullosa de su herencia, y algo a destacar es su capacidad para dejar la guerra en el pasado y mirar al futuro con ganas e ilusión», explica. También ayudó a que los serbios son muy amigables y sociables y tienen a lo españoles en muy alta estima, tal y como afirma David, que añade que se libró de alguna multa de tráfico por el simple hecho de ser español.

El paraíso está en Indonesia

«Un auténtico paraíso, fuera de las zonas típicamente turísticas del país, y muy fácil de ajustarse al sistema de vida local, quitando la locura del tráfico urbano», así describe Bandung, zona en la que vivió durante un año y que recuerda con gran cariño. Para Artime, como buen aficionado al surf y debido a la tradición deportiva del país, fue una de las mejores experiencias de su vida, eso sí «mejor que no te rompas un diente porque los dentistas locales no son especialmente buenos».

 Mundaka y la vuelta al país

A pesar de la grata experiencia indonesia, tras cuatro años fuera de casa David echaba de menos sus raíces, por lo que cuando le llegó la oferta de trabajo en una empresa de tratamiento de conservas en Bilbao no se lo pensó dos veces: «Viví un año en Mundaka, un pueblo encantador, pero incluso en una época tan reciente (2011/2012), fue muy difícil hacer amistades no siendo de la zona». Esa falta de amistades, y de nuevo, de progresión laboral, volvió a poner en vigor su pasión por viajar.

Singapur, destino de dos ovetenses

Tras volver a alzar el vuelo, comenzó a trabajar en una empresa de ingeniería biotecnológica, construyendo un laboratorio de nanotecnología y una planta de hidrogenación. «Singapur es un paraíso para los expatriados, que son casi la mitad de la población y como la mayoría solo estamos de paso, la vida nocturna es muy divertida y hay mil actividades durante el día», explica el Artime. Esa afluencia de extranjeros influyó en el hecho de conocer a otro ovetense que vivía allí, con el que forjó una gran amistad.

Stavanger, lugar de residencia

Mientras trabajaba en Singapur, una amiga del asturiano se puso en contacto con él para avisarle de una posición vacante en la empresa en la que ella trabajaba en Noruega. «Viendo la posibilidad de volver a Europa y estar cerca de la familia, no me lo pensé dos veces», explica emocionado. Al tener a gente conocida en la zona, la aclimatación fue más sencilla, aunque los noruegos son muy diferentes, relata David: «Los noruegos no pueden ser mas diferentes a nosotros, son mucho mas hogareños y hacen poca vida social fuera de casa. Hacer amistad con algunos de ellos es como acercarse a un cachorro abandonado en la calle, si vas demasiado rápido escapan corriendo, pero si lo haces poco a poco y con calma tienes un amigo fiel para el resto de tu vida». Un país que ha conseguido darle estabilidad, y del que no ha sentido la necesidad de moverse, aunque siempre tenga a Asturias en mente.

Asturias, patria querida

A pesar de sus idas y venidas, Asturias en general y Oviedo en particular siempre están presentes en David que suele volver a casa al menos tres veces al año. Reconoce extrañar a la familia, el estilo de vida, así como los pequeños detalles de la ciudad: «el tomar una café leyendo el periódico en cualquier bar, el oír al barrio entero cantando un gol del Real Oviedo, el ir con los amigos a tomar un mojito en San Mateo, una sidra en Gascona, unos vinos en Manuel Pedregal, el recorrer la costa con la tabla de surf... Menos el mercado laboral, echo de menos todo, absolutamente todo». Por eso cada vez que regresa observa con pena el poco crecimiento de la región y la falta de cambios. «No he conocido a ningún asturiano viviendo fuera que no volvería si hubiera algún proyecto emocionante en Asturias. Volveríamos incluso con la mitad de sueldo que ganamos fuera. Oír el Asturias Patria Querida pone los pelos de punta», admite y añade que si algún día el futuro laboral mejora, sus maletas están hechas.

  

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