Así es estudiar medicina en Varsovia antes de centrarse en el MIR

Carlos Castaño es un gijonés que se fue de Erasmus para vivir una nueva experiencia y conocer las diferencias culturales y médicas del país

Carlos Castaño (en el medio de la foto en la fila de arriba) junto a más Erasmus españoles en el parque Lazienki de Varsovia
Carlos Castaño (en el medio de la foto en la fila de arriba) junto a más Erasmus españoles en el parque Lazienki de Varsovia

Redacción

Carlos Castaño Álvarez es un estudiante de quinto curso de medicina. Al afrontar su penúltimo año de universidad, y antes de fijar sus objetivos en el MIR, decidió irse de Erasmus el pasado septiembre a Polonia para salirse un poco de la monotonía que presenta una carrera tan larga. Este gijonés de 22 años no ha querido perderse la oportunidad de descubrir las diferencias, tanto culturales como médicas que presenta la ciudad de Varsovia, además de aprovechar su ubicación estratégica, muy próxima a otros países, para continuar viajando y explorando Europa.

«La carrera de medicina son 6 años y estudiarlos todos en el mismo sitio puede llegar a ser un poco monótono. Irse un curso de Erasmus, además de la experiencia de vivir en otro país, estudiar en otra universidad, etcétera, permite coger un poco de aire para afrontar los últimos años de carrera», comienza explicando Castaño, cuyo objetivo es disfrutar lo máximo posible antes de centrarse en el MIR. El apoyo recibido por parte de sus padres, que, tal y como afirma, siempre le han animado a viajar, fue fundamental a la hora de tomar esta decisión, pero, ¿por qué este destino? Por las diferencias tan diferentes, tanto en clima como en cultura a las de Asturias. Y por supuesto, por su ubicación, perfecta por su proximidad a otros países europeos: «También lo elegí pensando en que Polonia, por su situación en el mapa y por precios, me iba a permitir viajar de manera más asequible y así de paso conocer más países».

Varsovia, una ciudad Erasmus

Las comparaciones entre Gijón, la ciudad natal y de residencia de Carlos, con Varsovia, son claras. La capital polaca gana en extensión con diferencia con casi dos millones de habitantes. El clima y la comida también son distintos, lo que hace que el asturiano, además de extrañar a su familia, eche de menos la temperatura y gastronomía de la tierrina. Y hablando de temperatura, el carácter polaco también es más frío y reservado: «Desde fuera a los polacos se les ve gente más cerrada que nosotros, y aunque alguna vez te encuentras con alguna persona algo racista, por lo general son amables en el trato. Una cosa que me llama mucho la atención es el silencio que hay en el transporte público hasta cuando va lleno», describe Castaño. Si bien es cierto que tampoco ha tenido demasiado trato con ellos debido a que en la universidad los organizan en dos secciones, una impartida en polaco y otra en inglés para los Erasmus y otros estudiantes que deciden hacer la carrera íntegra en la ciudad, que son en su mayoría nórdicos y de procedencia árabe, según cuenta el gijonés. Por suerte ha hecho un gran grupo de amigos con otros chicos de Erasmus, con los que ha hecho múltiples viajes.

Otra diferencia notable es la forma de vida, «la gente no es tanto de pasar su tiempo libre en la calle o tomando algo, y al poco que te sales del centro ya no ves ambiente por las calles. Supongo que el frío que hace tiene bastante que ver con esto», explica. Eso sí, a pesar de ser la capital y la ciudad más cara de Polonia, Varsovia es más barata que Asturias y España. 

Las diferencias en la Universidad y los hospitales

«A diferencia de Oviedo donde casi todas las clases como las prácticas se imparten en el HUCA, aquí dependiendo de la asignatura tenemos que ir a diferentes hospitales/centros de salud/consultas privadas, lo cual complica un poco el primer día de cada asignatura hasta que encuentras el sitio al que tienes que ir», afirma Carlos. El tener que cambiar tanto de centro le ha permitido ver las enormes diferencias, pasando de encontrar un hospital pediátrico nuevo y completamente equipado a consultas algo viejas y anticuadas, «aunque siempre con los mínimos recursos necesarios», añade. Estudiar en inglés también resulta raro al principio, aunque el gijonés ya está aclimatado.

Y aunque admite estar muy contento y cómodo, no ve Varsovia para un futuro a largo plazo, «en cuanto si me veo trabajando en Asturias u otro sitio, pues el tiempo y el MIR lo dirán». De momento sus objetivos son disfrutar de su estancia en Polonia y más adelante, centrarse en la oposición y en la especialidad que quiere. Es decir, su prioridad es elegir en qué trabajar y no dónde.

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