Así es trabajar en Bruselas, «la puerta de Europa»

Javier Palmero es un gijonés que emigró para trabajar en la Comisión Europea. Este europeísta ha formado una familia junto a otra asturiana

Javier Palmero junto a su mujer (también gijonesa), Beatriz Peláez, en  las puertas de las ardenas belgas, Dinant
Javier Palmero junto a su mujer (también gijonesa), Beatriz Peláez, en las puertas de las ardenas belgas, Dinant

Redacción

Javier Palmero Zurdo es un gijonés, licenciado en Derecho por la Universidad de Oviedo. Desde sus inicios en el mundo jurídico, su vocación se orientó en su europeísmo y ganas de trabajar en una institución que ayudase a su mejora. Por esta razón, emigró a Bélgica para continuar su progresión laboral en la Comisión Europea, en la dirección general de Mercado Interior desde 1993. Actualmente acaba de ser nombrado jefe adjunto de esta unidad en la que ejerce en los aspectos de la normativa, la contratación pública y su aplicación. Además de haber encontrado su forma de vida y su pasión en este país, Javier se casó con una gijonesa y ha formado una familia. Aunque echa de menos sus raíces, ha hallado una comunidad que denomina como «la puerta de Europa», debido a la gran cantidad de emigración, también asturiana, y a las múltiples delegaciones diplomáticas. 

Palmero finalizó sus estudios de Derecho en el año 1990, los cuales compaginaba con una beca de colaboración con la Oficina de Asuntos Europeos del Principado de Asturias. Después, gracias a su vocación, emigró a Bélgica con una beca del Ministerio para ejercer un post-grado de especializado en Derecho Europeo en el Instituto de Estudios Europeos de la Université Libre de Bruxelles. Ese fue su primer contacto con un país que le maravilló, y al que regresó un año después, tras trabajar en España en el departamento de recursos humanos de Astano, empresa denominada actualmente como Navantia. Su objetvo era claro desde sus comienzos: trabajar para la Comisión Europea. Un sueño cumplido gracias a su tenacidad y esfuerzo, trabajando desde 1993 para la Dirección General, ocupándose respectivamente de la dimensión exterior/internacional de Mercado Único y del centro de servicios del mismo. Ofreciendo una serie de servicios para los ciudadanos, las empresas y las administraciones de resolución de litigios relativos a obstáculos provocados por una administración pública de otro país de la UE, que no aplica correctamente la normativa europea, o el sistema de información del Mercado Interior. Además de otras áreas como empleo y servicios financieros. «Cada vez que comencé en la ciudad fue apasionante. Cada día se descubre algo nuevo cuando estás en un ambiente multicultural como podía ser el Instituto de Estudios Europeos de la ULB donde había alumnos de todo el mundo y posteriormente en una institución supranacional como la Comisión Europea», explica emocionado.

No es para menos, porque tal y como describe Bruselas es muy cosmopolita, gracias en parte a la gran presencia de las instituciones europeas y la OTAN, las cuales la han convertido en la segunda ciudad del mundo con mayor número de legaciones diplomáticas. La gran cantidad de parques, jardines y bosques que la imprimen de superficies verdes, todos ellos conviviendo con casas unifamiliares y su reducido número de habitántes (poco más de un millón), la dotan de un carácter acogedor y apacible donde echar raíces. Y así lo ha hecho, junto con su mujer Beatriz Peláez, también gijonesa, con la que ha construido su familia asturiana. «Cuando mis hijos eran pequeños y les preguntaban de dónde eran siempre contestaban: de Bruselas y de Gijón. ¡Por ese órden!», cuenta divertido Palmero y añade que otra característica especial es que uno de cada tres ciudadanos de la capital no es belga. 

Dos regiones unidas por la emigración

«La emigración asturiana de los años 60 y 70 del siglo pasado generó una gran comunidad en Bruselas que hace que hoy nos encontremos fácilmente con asturianos en la capital», explica Javier y añade que en el equipo de fútbol donde juega su hijo Pelayo, el Stockel, sus dirigentes están emparentados con una paisana suya. A pesar de que esa emigración ha menguado en estos años, sí que hay jóvenes españoles que han irrumpido en puestos  de responsabilidad en las instituciones europea y en multinacionales del país como Toyota o Shell. Incluso «en la alta restauración, como muestra la apertura del restaurante gastronómico Hispania en la plaza del Sablón, uno de los lugares más emblemáticos de la capital». Lo que ayuda junto con Internet a seguir teniendo contacto con sus raíces, cada vez más complicado debido a la eliminación del vuelo directo que dejó de hacer conexión con Asturias en 2011. «Aquella línea se lanzó gracias fundamentalmente al apoyo de un político con mayúsculas como fue el malogrado Vicente Álvarez Areces que entendió perfectamente la importancia primordial de disponer de ella para potenciar, como le gustaba decir, los contactos con Bruselas a todos los niveles», denuncia el gijonés, que afirma que han intentado «por activa y por pasiva vender los parabienes de esa línea, recabando firmas, contactando compañías aéreas a través de asociaciones ya extintas como ASBRU o a través de artículos de prensa o sugerencias a las compañías, por desgracia sin resultado». 

A pesar de todo intentan viajar con la mayor frecuencia posible a una tierra que aún sienten como suya y que en su opinión «ha evolucionado muchísimo para bien sobre todo desde la adhesión a la UE. No obstante, el reto del declive demográfico, la transición energética y la falta de oportunidades para las jóvenes generaciones coloca a la región en una auténtica encrucijada. La solución pasa por más apoyo a la innovación y al espíritu emprendedor de la región, como muestra la eclosión de empresas emergentes en sectores ligados a las ingenierías o la biotecnología».

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